Svet-Ake (The Light Thief), Kirguistán 2010


Antes de nada unas pequeñas nociones de geografía para situar a este país y su cine más que invisible (reconozco que no tenía la menor idea de su situación). Kirguistán, también conocido como Kirguizistán, u oficialmente República Kirguisa, perteneció a la antigua U.R.S.S. hasta 1991. Situado en Asia central tiene frontera con la República Popular China, Kazajistán, Tayikistán y Uzbekistán. En 2010 la prensa se hizo eco de él, dado que tras dos gobiernos autoritarios en extremo, no especialmente democráticos, el país sufrió una sangrienta revuelta.  Aktan Arym Kubat, su director, finalizó el rodaje unos meses antes de la revolución y su trabajo fue calificado, de inmediato, como profético.

El director ha tardado 10 años en llegar a cabo su proyecto. La ausencia de presupuesto ha impedido realizarlo con anterioridad pero la situación política que ha vivido el país durante estos últimos tiempos, desde la revolución de los tulipanes de 2005 hasta unos días antes de la revolución sangrienta, ha ido nutriendo un guión especialmente elaborado.

Svet-Ake, literalmente el padrecito de las luces, es un personaje digno de Cervantes. Un electricista que no sólo repara de un sistema eléctrico obsoleto, desde su instalación, sino que también hace chapucillas, manipula los contadores de las familias que no pueden pagar la factura, escucha a sus vecinos, intenta reconciliarlos o se va de copas con ellos para olvidar juntos los fracasos sentimentales que sufren. Pero, además de todo ésto que no es poco, Svet-Ake tiene un sueño. Un sueño maravilloso.

El protagonista, interpretado por el director, ha concebido un sistema de electricidad eólico que puede alimentar todo el valle. Sin embargo, este Quijote contemporáneo tendrá que enfrentarse contra la mafia local y el nuevo sistema corrupto y violento que se ha instalado en su pueblo. En su lucha particular, los nuevos molinos de viento implican un desafío, que muchos no estarán dispuestos a tolerar. De nuevo, un soñador frente a la cruda realidad.

El realizador Aktan Arym Kubat, premiado en varias ocasiones en el Festival de Locarno, ha creado una apasionante historia, bañada de una luz magistral, y sobre todo, un héroe moderno y anónimo que anticipaba la llegada de una multitud hastiada de desigualdad, corrupción e incompetencia. Una maestría cinematográfica que emociona ante la última imagen de la película, tan sencilla como sutil, un simple bombilla que se ilumina. En muchas ocasiones, depende de nosotros apagar o encender la luz.   

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