Thelma y As Boas Maneiras, Noruega y Brasil 2017

Los nuevos caminos del cine fantástico de autor: un toque sobrenatural, un par de protagonistas sorprendentes y múltiples situaciones inesperadas a una sólida historia. Bien agitado, y especialmente excitante, el cine de autor más actual no cesa de reinventarse.

Thelma1Joachim Trier, cineasta noruego al que ya debemos, como mínimo, un clásico del cine (Oslo, 31 de Agosto), vuelve a su terreno de predilección, el tortuoso camino del aprendizaje hacia la edad adulta con otra joya más, ‘Thelma’. Un virtuoso e inquietante film que comienza con una de las escenas más inolvidables de la temporada.

Thelma2Un espectacular bosque, nevado y resplandeciente, en el que no nos extrañaría que los juguetones troles tradicionales de estas tierra, estuviesen espiando el idílico paseo de una niña con su padre. Un tierno momento familiar que, de repente, se convierte en algo radicalmente diferente. Un pequeño consejo, llegar pronto al cine para no perderse este instante que marca el tono de la película: todo es posible y cualquier evento puede ocurrir.

Thelma4Han transcurrido unos años y la niña se ha convertido en una joven que, por fin, se traslada a Oslo para estudiar en la Universidad. Lejos queda el estrecho ambiente de su familia, devota, estricta y llena de recelos. Thelma, adolescente tímida más acostumbrada a la intimidad de los bosques que a las agitadas discotecas, logra una primera amistad que marcará el resto de su vida.

Gracias al talento de este cineasta y su brillante olfato para un casting de lujo, tanto Eili Harboe como Kaya Wilkins, las dos actrices protagonistas no profesionales, Thelma se convierte en uno de las primeras sensaciones cinéfilas del año. Un imprescindible del cine actual.

ABM1Cambio radical de localización, del impoluto Oslo al ardiente Brasil, la formula se repite: con el mismo éxito y sorpresa para el espectador. Juliana Rojas y Marco Dutra habían dirigido, hace unos años, un primer film arrebatador, ‘Trabalhar Cansa’, en el que la aventura de abrir un pequeño comercio se convertía en un thriller sobrenatural con presencias extrañas, olores inquietantes y grietas que no cesan de agrandarse.

ABM2Tras aventuras fílmicas por separado, los dos cineastas vuelven con ‘As Boas Maneiras’. Jamás la expresión, la unión hace la fuerza, ha tenido tan acertado significado. Multitud de premios, entre ellos, los de la última edición de Zinegoak, y plebiscito unánime del público.

ABM3Dos ambientes, dos colores y, casi, dos temáticas dividen la película. En una primera parte, descubrimos a Clara, una enfermera que se ocupará de la delicada y próxima maternidad de Ana. Dos clases sociales unidas en un aséptico apartamento de lujo frente a la segunda parte llena del color de las calles de Sao Paolo, con un inquietante sonambulismo, un nuevo amor, un parto complicado y un bebé muy especial, en una de las películas que más sorpresas presenta en pantalla por minuto.

ABM4‘Thelma’ y ‘As boas maneiras’ son dos ejemplos perfectos de un cine de autor que se arriesga en triples saltos mortales sin red, divierte con la mezcolanza de géneros y triunfa en salas ante un público hipnotizado por sorprendentes e inquietantes historias.

Oslo, 31. August, Noruega 2011

El 31 de agosto representa, para la mayoría de los noruegos, el último día del verano y del buen tiempo en las terrazas, antes de iniciar un invierno largo, duro y sin luz, que incita a la nostalgia y a encerrarse en casa hasta que llegue de nuevo el calor. Para el protagonista esta fecha va mucho más allá de un cambio de estación, para él significa el inicio o no de una nueva vida, de un comienzo diferente y de su última oportunidad.

Joachim Trier, con su primera película, Reprise (2006), recibió casi un centenar de propuestas y guiones para continuar su carrera de director, tanto en Europa como en los EE.UU. Tras este Oslo, 31 de agosto, su buzón se va verá desbordado por nuevas ofertas, más numerosas todavía, dada la calidad y belleza del film. En todo caso por el momento, integra con todos los honores, una de mis 12 películas preferidas del año.

Anders, treintañero heroinómano, saldrá este 31 de agosto por primera vez de su última cura de desintoxicación para ir a una entrevista de trabajo. La ilusión de verse fuera del establecimiento le hace desarrollar una sensibilidad, a flor de piel, ante todo lo que ve y escucha. Las conversaciones vecinas en un bar tienen toda el sabor de un manjar que se degusta por primera vez y absorbe los colores de la ciudad, casi desierta por el vacío veraniego, como si fueran parte integrante de un cuadro mítico. Pero tras estas impresiones le queda lo más complicado: enfrentarse a la realidad de vida fuera de la irreal protección de su hospital, encontrar a sus amigos y familia y comenzar una nueva existencia alejado de las drogas.

Joachim Trier sabe que sólo se puede abordar la modernidad si se ha integrado previamente el clasicismo. Con un argumento anclado en la actualidad, el guión se ha escrito a partir de El fuego fatuo, novela de 1931 de Pierre Drieu La Rochelle, que en 1963 Louis Malle ya llevó a la pantalla y conquistó el premio especial del Jurado de Venecia. Si el protagonista de Drieu La Rochelle era un dandi aristocrático con una fuerte inclinación a la botella, Trier actualiza el argumento y las adicciones, desplegando la gama de sentimientos ante la que el protagonista debe enfrentarse.

Anders Danielsen Lie, perfecto en su papel de ángel caído, necesita volver a encontrar a las personas que integraban su pasado. Su recorrido se inicia con su mejor amigo, colega de noches sin límites ni fin, que encuentra casado con dos hijos. Frente a un café repasan los viejos tiempos, que nunca fueron buenos, y poco a poco llegan al momento actual. Anders percibe en el modo de vida de su amigo una tabla de salvación e intenta comprender su funcionamiento. Las confidencias afloran, entre un desencanto asumido y un deseo inconfesable de nuevas aventuras, Anders deja a su amigo sin saber si está tan perdido como él.

Retrato de una persona que integra toda una visión global, la de una sociedad empujada a considerar que tenemos derecho a todo y de manera inmediata y sumida a un estado de frustración permanente en la que siempre nos faltará algo, Oslo, 31 de agosto, constituye un excelente análisis de nuestra existencia y una exposición lúcida de nuestros deseos insatisfechos.

La entrevista de trabajo, impresionante, la cita con la amiga de su hermana, glacial, y Anders decide partir a la búsqueda de su antiguo grupo de conocidos. En este día de libertad no verá en ningún momento a nadie de su familia ni a su antigua novia, que no responde a sus múltiples mensajes. Todos temen el rencuentro, dubitativos entre ayudarle, de nuevo, por enésima en su intento de dejar la droga y la necesidad de protegerse. Una fiesta, antiguos amigos, la madrugada, una piscina al amanecer y la vuelta a la casa familiar. Vacía, por varios motivos. Una escena sublime cierra la película. ¿Logrará Anders superar sus demonios? ¿Conseguiremos superar los nuestros? Una parte importante de la respuesta se encuentra en esta película, el resto a la puerta de nuestras casas, en plena calle, en el centro de la vida.

Oslo, 31. August, Noruega 2011

El 31 de agosto representa, para la mayoría de los noruegos, el último día del verano y del buen tiempo en las terrazas, antes de iniciar un invierno largo, duro y sin luz, que incita a la nostalgia y a encerrarse en casa hasta que llegue de nuevo el calor. Para el protagonista esta fecha va mucho más allá de un cambio de estación, para él significa el inicio o no de una nueva vida, de un comienzo diferente y de su última oportunidad.

Joachim Trier, con su primera película, Reprise (2006), recibió casi un centenar de propuestas y guiones para continuar su carrera de director, tanto en Europa como en los EE.UU. Tras este Oslo, 31 de agosto, su buzón se va verá desbordado por nuevas ofertas, más numerosas todavía, dada la calidad y belleza del film. En todo caso por el momento, integra con todos los honores, una de mis 12 películas preferidas del año.

Anders, treintañero heroinómano, saldrá este 31 de agosto por primera vez de su última cura de desintoxicación para ir a una entrevista de trabajo. La ilusión de verse fuera del establecimiento le hace desarrollar una sensibilidad, a flor de piel, ante todo lo que ve y escucha. Las conversaciones vecinas en un bar tienen toda el sabor de un manjar que se degusta por primera vez y absorbe los colores de la ciudad, casi desierta por el vacío veraniego, como si fueran parte integrante de un cuadro mítico. Pero tras estas impresiones le queda lo más complicado: enfrentarse a la realidad de vida fuera de la irreal protección de su hospital, encontrar a sus amigos y familia y comenzar una nueva existencia alejado de las drogas.

Joachim Trier sabe que sólo se puede abordar la modernidad si se ha integrado previamente el clasicismo. Con un argumento anclado en la actualidad, el guión se ha escrito a partir de El fuego fatuo, novela de 1931 de Pierre Drieu La Rochelle, que en 1963 Louis Malle ya llevó a la pantalla y conquistó el premio especial del Jurado de Venecia. Si el protagonista de Drieu La Rochelle era un dandi aristocrático con una fuerte inclinación a la botella, Trier actualiza el argumento y las adicciones, desplegando la gama de sentimientos ante la que el protagonista debe enfrentarse.

Anders Danielsen Lie, perfecto en su papel de ángel caído, necesita volver a encontrar a las personas que integraban su pasado. Su recorrido se inicia con su mejor amigo, colega de noches sin límites ni fin, que encuentra casado con dos hijos. Frente a un café repasan los viejos tiempos, que nunca fueron buenos, y poco a poco llegan al momento actual. Anders percibe en el modo de vida de su amigo una tabla de salvación e intenta comprender su funcionamiento. Las confidencias afloran, entre un desencanto asumido y un deseo inconfesable de nuevas aventuras, Anders deja a su amigo sin saber si está tan perdido como él.

Retrato de una persona que integra toda una visión global, la de una sociedad empujada a considerar que tenemos derecho a todo y de manera inmediata y sumida a un estado de frustración permanente en la que siempre nos faltará algo, Oslo, 31 de agosto, constituye un excelente análisis de nuestra existencia y una exposición lúcida de nuestros deseos insatisfechos.

La entrevista de trabajo, impresionante, la cita con la amiga de su hermana, glacial, y Anders decide partir a la búsqueda de su antiguo grupo de conocidos. En este día de libertad no verá en ningún momento a nadie de su familia ni a su antigua novia, que no responde a sus múltiples mensajes. Todos temen el rencuentro, dubitativos entre ayudarle, de nuevo, por enésima vez en su intento de dejar la droga y la necesidad de protegerse. Una fiesta, antiguos amigos, la madrugada, una piscina al amanecer y la vuelta a la casa familiar. Vacía, por varios motivos. Una escena sublime cierra la película. ¿Logrará Anders superar sus demonios? ¿Conseguiremos superar los nuestros? Parte de la respuesta se encuentra en esta película, el resto a la puerta de nuestras casas, en plena calle, en el centro de la vida.

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