Über uns das All (Above Us Only Sky), Alemania 2011

Martha puede considerarse la mujer más afortunada del mundo. Felizmente casada con Paul, un brillante profesor de universidad, contenta de su trabajo y dichosa de las perspectivas que se le presentan. Tras años de laboriosos esfuerzos y arduas investigaciones su marido se ve recompensado con un puesto vacante en Marsella.

El destino de ensueño, reiteradamente solicitado y siempre esperado, de cualquier alemán: el dulce sur, máximo exponente de la verdadera paradoja europea. Nosotros, los sureños, anhelamos el bienestar físico del norte, y ellos se regodean en la posibilidad de disfrutar de nuestra calidad de vida psicológica (por ahora no se planea subir el IVA a los rayos del sol aunque todo es cuestión de –buen- tiempo).

Se inician los preparativos y un sano estrés aumenta entre despedidas de los amigos e intentos de liquidar asuntos pendientes. Solucionando la multitud de pequeños detalles que nos atan a un lugar, casi sin darse cuenta, Martha se encuentra despidiéndose de Paul que, para facilitarle la instalación, se instalará unos días antes en Francia. La excitación de un nuevo comienzo y la alegría de participar en una aventura diferente hacen que Martha no tarde en llamar a Paul para preguntarle por su viaje.

Primera llamada sin respuesta. Contestador. Segunda. Contestador. Tercera, quinta y… Martha ya ha perdido la cuenta. Siempre el mismo sonido metálico de la voz impersonal de un número que ha dejado de existir. Para no desvelar más detalles de la película, Paul pasa a la historia y Martha, en una fracción de segundo, descubre que todo en lo que había creído siempre, simple y llanamente, no existe. Todo, absolutamente todo, era mentira.

El primer y brillante trabajo de Jan Schomburg consigue que el espectador, cautivado por la historia, siga los pasos del viacrucis de esta pobre mujer. Desde su caída hasta su resurrección, sin olvidar pasar por las casillas más frecuentes del monopoly de la vida, el recurrente pésame de lo que pudo ser y no fue, las fachadas barrocas sin edificio detrás y el mundo como mucha representación y poca voluntad (divino Schopenhauer que no añadió mucho más a la afirmación, establecida desde Píndaro hasta Calderón –éste último cumbre de su expresión en los versos de la vida es sueño-, de la eliminación total entre vigilia y ensueño).

El director se hubiese podido quedar aquí, incluso con honores, pero arriesgándose va más allá. Con la seguridad de contar con dos excelentes actores, la sublime protagonista, Sandra Hüller, totalmente desconocida para mí pero que me impresionó desde la primera escena, y un habitual del cine del norte, Georg Friedrich (visto últimamente en la excelente Atmen), decide tomar el camino de la reconstrucción de la protagonista.

A partir de un gesto familiar sobre el rostro de un desconocido, Martha emprenderá otro viaje, quizás aún más complicado que el del pésame. ¿Existe la posibilidad, por mínima que sea, de superar una mentira total, avanzar entre obstáculos de engaños y alzar el vuelo hacia la felicidad, sin morir en el intento? Cómo estamos de densos este veranito… y es que ya se sabe, el sueño a la sombra de la falsedad produce monstruos.

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Atmen (Breathing), Austria 2011

Cualquiera que afirme en público que le encanta el cine austriaco pasará por un insolente pretencioso o, peor todavía, por lector de cine invisible. Nada más alejado de la realidad. Cuando se mira hacia atrás sin ira, y con un inmenso placer, el legado del desaparecido imperio austro-húngaro se descubre la inmensa herencia que, por los avatares de una agitada historia, ha aportado al cine mundial.

Cineastas, vía Alemania en algunos casos o directamente, emigrantes en América como M. Curtiz, A. Korda, C. Mayer, E. Von Stroheim, J. Von Sternberg, F. Lang, E. Ulmer, B. Wilder, O. Preminger, F. Zinnemann o, también compositores, como M. Steiner, construyeron la edad de oro del cine de Hollywood y sus descendientes actuales, Axel Corti, con su trilogía Welcome in Vienna (1981-1986), Ulrich Seidl, o el mago de la culpabilidad, Michael Haneke, primero en televisión y a partir de 1988 en la gran pantalla, siguen aportando hitos a la cinematografía actual (La cinta blanca es una de las obras maestras del siglo XXI). O sea, que al final, a casi todos nos apasiona el cine de estos ilustres austriacos.

El último a añadir a esta impresionante lista es el actor Karl Markovics (Los falsificadores, 2007), exultante en su primera realización con este alucinante “Respirar”. Partiendo de una premisa similar a la del excelente Boy A (2007), cuenta la complicada reinserción de un joven delincuente que ha pasado toda su vida entre hospicios y penitenciarias para menores de edad.

Sólo alguien dotado de un talento sin par puede angustiar tanto al espectador con escenas en principio tan desprovistas de temores, como el simple hecho de quitarse una camiseta, hacerse el nudo de una corbata o tirar un colchón a la basura. Dejé el brazo de la butaca del cine medio deformado de tanto apretarlo.

Para apoyar su revisión de libertad condicional ante el juez, el joven y excelente actor Thomas Schubert tiene que conseguir un trabajo y, más difícil todavía, conservarlo. Tras varios intentos sin éxito alguno, más por provocación que por interés, se presenta a un puesto en unas pompas fúnebres. Nada que ver con la mítica A dos metros bajo  tierra (2001-2005) que comparada con la película es una comedia a lo Benny Hill.

El ambiente de trabajo de este sector de actividad, uno de los pocos que no ha conocido ninguna crisis desde el inicio de la humanidad, está a la altura de los servicios prestados. Las carcajadas no son habituales y sus compas nunca se presentarán a un concurso local de chistes. Uno de ellos encarnado por ese actor, de voz tan singular e impresionante presencia, que es Georg Friedrich.

Esta experiencia extrema en el mundo de los muertos le servirá al protagonista para regresar al territorio de los vivos, por donde hasta el momento se había limitado a transitar. La película, distante, implacable, intensa, con las fijaciones en puntos recurrentes de la cinematografía austriaca como son los anuncios publicitarios, desde por lo menos El 7º continente (1988) de M. Haneke, es sencillamente sublime. Y posiblemente, en contra de la opinión general, me parece que contiene una de las escenas finales más optimistas (eso sí que es una sorpresa) del cine actual con ese majestuoso movimiento ascendente de cámara hacia el cielo. No sigo leyendo… Algunos afortunados podrán disfrutarla durante el Festival de Cine de Autor de Barcelona (qué suerte tienen algunos) a partir del 27 de abril. Consejo: si quieres ver algo de lo mejor del cine actual, no te lo pierdas.

Al final, como se puede observar, a todos nos gusta el cine austriaco. Otro ejemplo, en unas semanas el Festival de Cannes contará con un 10% de este cine en su Sección Oficial: Haneke y Seidl. Puede que haya sorpresa en el palmarés (aunque algunos, y cada día más, ya nos las esperábamos).

Atmen (Breathing), Austria 2011

Cualquiera que afirme en público que le encanta el cine austriaco pasará por un insolente pretencioso o, peor todavía, por lector de cine invisible. Nada más alejado de la realidad. Cuando se mira hacia atrás sin ira, y con un inmenso placer, el legado del desaparecido imperio austro-húngaro se descubre la inmensa herencia que, por los avatares de una agitada historia, ha aportado al cine mundial.

Cineastas, vía Alemania en algunos casos o directamente, emigrantes en América como M. Curtiz, A. Korda, C. Mayer, E. Von Stroheim, J. Von Sternberg, F. Lang, E. Ulmer, B. Wilder, O. Preminger, F. Zinnemann o, también compositores, como M. Steiner, construyeron la edad de oro del cine de Hollywood y sus descendientes actuales, Axel Corti, con su trilogía Welcome in Vienna (1981-1986), Ulrich Seidl, o el mago de la culpabilidad, Michael Haneke, primero en televisión y a partir de 1988 en la gran pantalla, siguen aportando hitos a la cinematografía actual (La cinta blanca es una de las obras maestras del siglo XXI). O sea, que al final, a casi todos nos apasiona el cine de estos ilustres austriacos.

El último a añadir a esta impresionante lista es el actor Karl Markovics (Los falsificadores, 2007), exultante en su primera realización con este alucinante “Respirar”. Partiendo de una premisa similar a la del excelente Boy A (2007), cuenta la complicada reinserción de un joven delincuente que ha pasado toda su vida entre hospicios y penitenciarias para menores de edad.

Sólo alguien dotado de un talento sin par puede angustiar tanto al espectador con escenas en principio tan desprovistas de temores, como el simple hecho de quitarse una camiseta, hacerse el nudo de una corbata o tirar un colchón a la basura. Dejé el brazo de la butaca del cine medio deformado de tanto apretarlo.

Para apoyar su revisión de libertad condicional ante el juez, el joven y excelente actor Thomas Schubert tiene que conseguir un trabajo y, más difícil todavía, conservarlo. Tras varios intentos sin éxito alguno, más por provocación que por interés, se presenta a un puesto en unas pompas fúnebres. Nada que ver con la mítica A dos metros bajo  tierra (2001-2005) que comparada con la película es una comedia a lo Benny Hill.

El ambiente de trabajo de este sector de actividad, uno de los pocos que no ha conocido ninguna crisis desde el inicio de la humanidad, está a la altura de los servicios prestados. Las carcajadas no son habituales y sus compas nunca se presentarán a un concurso local de chistes. Uno de ellos encarnado por ese actor, de voz tan singular e impresionante presencia, que es Georg Friedrich.

Esta experiencia extrema en el mundo de los muertos le servirá al protagonista para regresar al territorio de los vivos, por donde hasta el momento se había limitado a transitar. La película, distante, implacable, intensa, con las fijaciones en puntos recurrentes de la cinematografía austriaca como son los anuncios publicitarios, desde por lo menos El 7º continente (1988) de M. Haneke, es sencillamente sublime. Y posiblemente, en contra de la opinión general, me parece que contiene una de las escenas finales más optimistas (eso sí que es una sorpresa) del cine actual con ese majestuoso movimiento ascendente de cámara hacia el cielo. No sigo leyendo… Algunos afortunados podrán disfrutarla durante el Festival de Cine de Autor de Barcelona (qué suerte tienen algunos) a partir del 27 de abril. Consejo: si quieres ver algo de lo mejor del cine actual, no te lo pierdas.

Al final, como se puede observar, a todos nos gusta el cine austriaco. Otro ejemplo, en unas semanas el Festival de Cannes contará con un 10% de este cine en su Sección Oficial: Haneke y Seidl. Puede que haya sorpresa en el palmarés (aunque algunos, y cada día más, ya nos las esperábamos).

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