Snowpiercer, Corea del Sur 2013

Un tren que circula con la alta velocidad que produce la desesperación. Sin destino concreto. Rodando en un gran círculo, para no estar parado y acabar por no funcionar. Un tren que cada año da la vuelta al mundo. Y ya van muchas desde que sonó el silbato de salida. 17 vueltas.SN117 años. La edad de todos los antiguos posibles y el actual imposible de cambiar una situación asfixiante. Un tren que nunca parará porque nadie espera al final de ningún andén. Una verdadera pena porque lo peor que le puede ocurrir a un tren, es que no tenga destino final.SN7Un director coreano, Bong Joon Ho, que encontró hace mucho tiempo una antigua novela gráfica en una librería de Seúl: Le Transperceneige de Jean-Marc Rochette, Benjamin Legrand y Jacques Lob, originalmente publicada en 1984. Y una certeza de que algún día la llevaría a la pantalla aunque tuviesen que pasar 17 años.SN3Un millar de personas son los únicos supervivientes de la humanidad tras la gran catástrofe. Provocada por los seres humanos. Frente al calentamiento global se decide enviar una sustancia al espacio que provoque su enfriamiento. Objetivo conseguido pero, como siempre, sin medir sus consecuencias. Nefastas, en este caso. Una nueva era glacial destruye a la casi totalidad de la humanidad. Qué triste pensar que la única solución al problema sea la causa del mismo.SN2En el mundo actual de las listas: Bong Joon Ho estaría muy bien posicionado en la de los 20 mejores cineastas actuales. Acostumbrado a rodar las películas de autor como producciones de acción y logrando lo mismo, también, al revés, con un filmografía sin el mínimo error desde el principios del nuevo siglo.SN9En el 2000 su primer largometraje, Barking Dogs Never Bite (Perro ladrador, poco mordedor), entre sobornos y eliminación de perros molestos, radiografiaba una sociedad cruel, absurda y violenta. Memories of Murder (Crónica de un asesino en serie), tres años después, se lleva la Concha de Plata del Festival de San Sebastián al mejor director por un thriller, de un asesino en serie reflejo perfecto de la sociedad disfuncional que lo ha creado y en The Host (2006), para su más ácida fábula política utiliza la historia de un monstruo mutante. Hasta su última película, de poético título, Mother (2009), produce más terror que ternura.               SN5Si Mother acababa con una escena delirante en un autobús, Snowpiercer comienza en el claustrofóbico espacio de un vagón. En el último tren de los supervivientes últimos. Con una misteriosa llamada al imaginario colectivo de muchos de los trenes históricos: el cine comienza en 1895 con la llegada de uno de ellos o los trenes abarrotados que conducían a los últimos de un pueblo, en ese caso, al exterminio nazi. ¿Será, al final, la estación muerte, el destino final de los protagonistas de la película? Lo único bueno de haberlo perdido todo, es que ya no se puede perder nada más.  SN12En este tren del futuro hay dos clases bien diferenciadas: la de la cola, sometida al arbitrio de los pasajeros de la cabeza de la maquinaria, y los que van delante imponiendo, arbitrariamente, las normas de funcionamiento. Mantienen a la mayoría en la oscuridad y gobiernan de manera invisible, por portavoces o por imágenes retransmitidas por televisión. ¿Ciencia-ficción o simple lectura del periódico de hoy?SN6Un casting de lujo encarna cada uno de sus excepcionales personajes, Song Kang-ho, uno de los actores fetiches del cineasta, Jamie Bell, John Hurt, Ed Harris, Octavia Spencer (maravillosa como siempre, y lo mejor, lugar a dudas, de la sensación del pasado festival de Sundance, Fruitvale Station) y hasta Chris Evans, que no era superhéroe de mi devoción, está bien. Eso sí, mención aparte la de Tilda Swinton, transformada y espeluznante.SN13No existen múltiples alternativas ante tales circunstancias: soportar, sufrir y callarse o responder, avanzar del final al principio del tren, y tomar el mando de un artefacto, que rueda sin dirección establecida por vías construidas años atrás, sin pensar siquiera si son las adecuadas hoy en día. La ocupación nunca se lleva a cabo sin víctimas. SN11El avanzar contra la injusticia cuesta esfuerzo, sangre y lágrimas. Hasta la mitad del tren la tensión se palpa en el ambiente y las escenas de lucha y enfrentamiento, Bong Joon Ho las filma como escenas de pasión carnal (se siente el aliento, el sudor se mezcla entre las partes enfrentadas, hasta en la oscuridad se pelea por sobrevivir derramando fluidos corporales, no para dar vida sino para quitarla). Por si fuera poco, en mitad de la una de las escenas más violentas de la película, el cineasta obliga al protagonista (que ni en el mejor teatro de Corneille) a tomar una decisión vital. Sinceramente, excepcional.SN4La película se podía haber quedado ahí, y ya hubiese sido más que suficiente (en América el máximo dirigente de The Weinstein Company, conocido por el nombre de Harvey Manostijeras, quiere suprimir 20 minutos de metraje), pero el cineasta no ha empezado siquiera su verdadera historia. En la mitad del tren pasamos a la primera clase, la tensión no desciende y se incrementa de una fuerte dosis de humor negro, radical e irónico. La alimentación, la educación, la diversión, todo está contemplado en este espacio tan maravilloso de la primera clase. Para disfrutar, sin límites, si te lo puedes permitir.SN10Sabemos y deseamos llegar a la parte delantera del tren, pero hasta el último centímetro de esta maquinaria depara sorpresa y confirma lo que temíamos desde hace tiempo. Para que todo funcione, hasta lo inimaginable, necesitamos a todos (pero no en el añorado sentido happy end que uno desearía sino todo lo contrario). Nuestra peor amenaza y cruel enemigo seguimos siendo nosotros mismos. SN8La película del año más conectada a la actualidad. Excitante de principio a fin. Snowpiercer, en ningún caso, te dejará frío. De hecho, la catástrofe de la ficción se sitúa en la película en el año 2014. En la realidad falta poco para esa fecha o ¿ya ha comenzado en la realidad? Tic tac tic tac.

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Alois Nebel, República Checa 2011

Este país es el único, en la historia del cine, que se dio a conocer internacionalmente, en primer lugar, gracias a sus magníficas obras de animación. Mucho antes que Milos Forman, Jiri Trnka, por un lado, que mezclaba dibujos animados, marionetas y recortes de papel, desde mediados de los años 40, y Karel Zeman, por otro, que añadía además grabados del siglo XIX o personajes de carne y hueso, ya en los 60, dejaron anonadados a la comunidad cinematográfica internacional ante sus creaciones, llenas de riesgo y hallazgos sorprendentes. Aún hoy en día, El Barón fantástico (1961) o El sueño de una noche de verano (1959), siguen fascinando al espectador.

Por primera vez la nueva generación ha decidido pasar a la animación para adultos y Tomás Lunák, en su ópera prima, ha vuelto a subir muy alto el listón con esta historia, en blanco y negro, que hipnotiza desde el primer fotograma. Un nuevo comienzo, como tanto le gusta al cine, que se inicia con la llegada de un tren.

Pensándolo bien desconozco la razón que me hace disfrutar enormemente de toda película en la que aparezcan ferrocarriles. Haciendo memoria no encuentro ninguna que no me haya gustado.

Alois es un jefe de una perdida estación (inspirado por su abuelo), que lleva toda su vida controlando el paso y la puntualidad de los trenes, cerca de la frontera. Su apellido, que significa bruma en alemán, define bien su personalidad. Perdida entre los dos momentos históricos que han marcado su vida, la expulsión en 1945 de la minoría alemana, y 1989 con la caída del régimen comunista. Si además se añaden dos hilos que recorren el guión, un fugitivo que ronda por la estación y un posible reencuentro con una mujer de su pasado, la película recuerda los grandes clásicos del cine negro, o más bien, en este caso, azabache intenso.

Pero la proeza técnica del film reside en traspasar todo el rodaje, con personajes reales, a la técnica de la animación, mezclar con segundos de ficción, que definen aún más los trazos de los personajes, su presencia y el más ínfimo de sus movimientos y sentimientos. El resultado actual de una técnica de casi un siglo (1915) es tan impresionante que se olvida la animación y la sensación es la de haber visto actores reales.

Basada en la obra de Jaromír Svejdík, autor del comic original, Alois Nebel tiene la intensidad de las noches de fríos presagios, la levedad de los vapores de las chimeneas de los antiguos trenes en una estética de los años 50 (versión pobre y proletaria de Mad Men) y la nostalgia de las notas finales de un vals escuchado a través de una ventana en pleno invierno. Por lo menos…

Alois Nebel, República Checa 2011

Este país es el único, en la historia del cine, que se dio a conocer internacionalmente, en primer lugar, gracias a sus magníficas obras de animación. Mucho antes que Milos Forman, Jiri Trnka, por un lado, que mezclaba dibujos animados, marionetas y recortes de papel, desde mediados de los años 40, y Karel Zeman, por otro, que añadía además grabados del siglo XIX o personajes de carne y hueso, ya en los 60, dejaron anonadados a la comunidad cinematográfica internacional ante sus creaciones, llenas de riesgo y hallazgos sorprendentes. Aún hoy en día, El Barón fantástico (1961) o El sueño de una noche de verano (1959), siguen fascinando al espectador.

Por primera vez la nueva generación ha decidido pasar a la animación para adultos y Tomás Lunák, en su ópera prima, ha vuelto a subir muy alto el listón con esta historia, en blanco y negro, que hipnotiza desde el primer fotograma. Un nuevo comienzo, como tanto le gusta al cine, que se inicia con la llegada de un tren.

Pensándolo bien desconozco la razón que me hace disfrutar enormemente de toda película en la que aparezcan ferrocarriles. Haciendo memoria no encuentro ninguna que no me haya gustado.

Alois es un jefe de una perdida estación (inspirado por su abuelo), que lleva toda su vida controlando el paso y la puntualidad de los trenes, cerca de la frontera. Su apellido, que significa bruma en alemán, define bien su personalidad. Perdida entre los dos momentos históricos que han marcado su vida, la expulsión en 1945 de la minoría alemana, y 1989 con la caída del régimen comunista. Si además se añaden dos hilos que recorren el guión, un fugitivo que ronda por la estación y un posible reencuentro con una mujer de su pasado, la película recuerda los grandes clásicos del cine negro, o más bien, en este caso, azabache intenso.

Pero la proeza técnica del film reside en traspasar todo el rodaje, con personajes reales, a la técnica de la animación, mezclar con segundos de ficción, que definen aún más los trazos de los personajes, su presencia y el más ínfimo de sus movimientos y sentimientos. El resultado actual de una técnica de casi un siglo (1915) es tan impresionante que se olvida la animación y la sensación es la de haber visto actores reales.

Basada en la obra de Jaromír Svejdík, autor del comic original, Alois Nebel tiene la intensidad de las noches de fríos presagios, la levedad de los vapores de las chimeneas de los antiguos trenes en una estética de los años 50 (versión pobre y proletaria de Mad Men) y la nostalgia de las notas finales de un vals escuchado a través de una ventana en pleno invierno. Por lo menos…

Le Chat du Rabbin (El Gato del Rabino), Francia 2009

El cine francés de animación no deja de sorprender al público, arriesgarse en nuevas aventuras y crear universos distintos. La gran tradición de este tipo de cine es ser maltratado por la exhibición, como si se tratase de un subproducto o un género exclusivo para niños. La realidad es mucho más rica que la impuesta por el circuito de explotación. El cine de animación es un género tan respetable como el resto, ya sea la comedia, el thriller o el drama, y un terreno de creación que aporta un sinfín de sorpresas a una público adulto y, en la mayoría de los casos, conocedor y enganchado a estas propuestas. Y como muestra la última obra de Johann Sfar.

En el primer preestreno de Le Chat du Rabbin en presencia del público, tras algún pases de prensa y uno realizado ante todas las comunidades religiosas junto a los representantes de los derechos de Tintín (presente en una de las escenas más divertidas de la película) y, por si fuera poco, la sociedad protectora de animales (la única realmente preocupada por las condiciones de rodaje), Johann Sfar luce su habitual sonrisa, una energía desbordante y la inteligencia a flor de piel, como si cada uno de sus poros fuese un bocadillo con diferentes frases ingeniosas.

Ante la sala abarrotada, conquistada de antemano, el director a cada pregunta responde con mil anécdotas, vivencias, recuerdos y opiniones. La proyección ha sido un exitazo y los espectadores, aún bajo el embrujo de las imágenes del film, le retienen durante casi una hora. El autor del célebre cómic (cinco entregas desde 2002 y casi un millón de ejemplares vendidos) había recibido varias propuestas para adaptarlo a la pantalla. Siete negativas fueron necesarias para convencerle de que él mismo, junto su amigo y productor desde 2010, Antoine Delesvaux, debían llevarlo al cine. Un trabajo que se inició antes de realizar Gainsbourg (Vida de un Héroe) y que, por fin, se estrenará en su país el próximo mes de junio.

Este gato maldito tras comerse al loro de la casa, más por celos que por hambre, comienza a hablar y como lo que dice se aleja bastante de lo políticamente correcto, el rabino intenta alejarlo de su hija para evitar tal nefasta influencia. Pero al gato lo que más le gusta son las caricias de su dueña, como a todos, y solicita formalmente convertirse al judaísmo para poder volver a disfrutarlas. Para ello y en busca del origen de esta religión, un mítico lugar situado en Etiopía y habitado por judíos negros, los protagonistas atraviesan parte del continente africano.

El autor, a través de este singular personaje inspirado de su propio gato, expone una inteligente crítica de todas y cada una de las religiones y constata divertido, según sus propias palabras, que sus comics anticlericales no sólo no han logrado irritar a nadie sino que reciben continuamente todos los premios ecuménicos, habidos y por haber. Rodada previamente con actores reales, para comprobar si el guión y la animación funcionaban en pantalla, y utilizando la técnica de 3D para realzar algún personaje o motivo en cada escena, los directores han conseguido una película con más de 1300 planos llenos de magia, agitación, humor e ironía.

El gato del rabino, próximo al Zadig de Voltaire, defiende el libre pensamiento y la tolerancia frente a las supersticiones y la ignorancia. Falta hacen filosofías así en estos tiempos que nos ha tocado vivir. En 1959 René Pomeau escribía en Europe, “desde hace tiempo hemos observado la analogía existente entre los cuentos de Voltaire y nuestros dibujos animados… en el siglo de Luis XV las marionetas eran los dibujos animados de la época: personajes estilizados con gestos expresivos, burlescos pero amables…” y cincuenta años después, Johann Sfar y su gato han decidido no dejar títere con cabeza, sobre todo, si practica alguna religión.

Le Chat du Rabbin (El Gato del Rabino), Francia 2009

Bienvenidos al cine actual más radical, creativo y arriesgado, saludos a mis nuevos vecinos y, sin más, pasemos a lo que más nos gusta a todos. Ya tendremos tiempo de conocernos… en los comentarios (terreno minado, a visitar por tu cuenta y riesgo).En el primer preestreno de Le Chat du Rabbin en presencia del público, tras algún pases de prensa y uno realizado ante todas las comunidades religiosas junto a los representantes de los derechos de Tintín (presente en una de las escenas más divertidas de la película) y, por si fuera poco, la sociedad protectora de animales (la única realmente preocupada por las condiciones de rodaje), Joann Sfar luce su habitual sonrisa, una energía desbordante y la inteligencia a flor de piel, como si cada uno de sus poros fuese un bocadillo con diferentes frases ingeniosas.

Ante la sala abarrotada, conquistada de antemano, el director a cada pregunta responde con mil anécdotas, vivencias, recuerdos y opiniones. La proyección ha sido un exitazo y los espectadores, aún bajo el embrujo de las imágenes del film, le retienen durante casi una hora. El autor del célebre cómic (cinco entregas desde 2002 y casi un millón de ejemplares vendidos) había recibido varias propuestas para adaptarlo a la pantalla. Siete negativas fueron necesarias para convencerle de que él mismo, junto su amigo y productor desde 2010, Antoine Delesvaux, debían llevarlo al cine. Un trabajo que se inició antes de realizar Gainsbourg (Vida de un Héroe) y que, por fin, se estrenará en su país el próximo mes de junio.

Este gato maldito tras comerse al loro de la casa, más por celos que por hambre, comienza a hablar y como lo que dice se aleja bastante de lo políticamente correcto, el rabino intenta alejarlo de su hija para evitar tal nefasta influencia. Pero al gato lo que más le gusta son las caricias de su dueña, como a todos, y solicita formalmente convertirse al judaísmo para poder volver a disfrutarlas. Para ello y en busca del origen de esta religión, un mítico lugar situado en Etiopía y habitado por judíos negros, los protagonistas atraviesan parte del continente africano.

El autor, a través de este singular personaje inspirado de su propio gato, expone una inteligente crítica de todas y cada una de las religiones y constata divertido, según sus propias palabras, que sus comics anticlericales no sólo no han logrado irritar a nadie sino que reciben continuamente todos los premios ecuménicos, habidos y por haber. Rodada previamente con actores reales, para comprobar si el guión y la animación funcionaban en pantalla, y utilizando la técnica de 3D para realzar algún personaje o motivo en cada escena, los directores han conseguido una película con más de 1300 planos llenos de magia, agitación, humor e ironía.El gato del rabino, próximo al Zadig de Voltaire, defiende el libre pensamiento y la tolerancia frente a las supersticiones y la ignorancia. Falta hacen filosofías así en estos tiempos que nos ha tocado vivir. En 1959 René Pomeau escribía en Europe, “desde hace tiempo hemos observado la analogía existente entre los cuentos de Voltaire y nuestros dibujos animados… en el siglo de Luis XV las marionetas eran los dibujos animados de la época: personajes estilizados con gestos expresivos, burlescos pero amables…” y cincuenta años después, Joann Sfar y su gato han decidido no dejar títere con cabeza, sobre todo, si practica alguna religión.

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