La Mostra de Cine Italiano (y su excelente salud) de Barcelona

Años llevamos hablando de la recuperación de la fuerza, interés y lucidez del cine italiano. Historias comprometidas, interpretaciones impresionantes y creativas puestas en escena que se podrán disfrutar, de manera gratuita, en la 4ª Mostra de Cinema Italia: Cines Verdi de Barcelona, del 13 al 18 de diciembre.MCI1Entre los nuevos descubrimientos y la consagración de directores, ya conocidos y apreciados por el público, ha hecho de 2014 una de las mejores cosechas de la cinematografía italiana de los últimos años (galardón en Cannes, Gran Premio del Jurado para Le meraviglie o exhibición en la Semana de la Crítica, Più buio di mezzanotte; mejor actriz en Berlín para Elena Cotta en Via Castellana Bandiera) y nominaciones a los premios de cine europeo, El capital Humano o La mafia uccide solo d’estate.MCI3Retratos e interpretaciones apasionantes de mujeres con una fuerte personalidad, necesaria para imponerse en una sociedad que conserva ciertas resonancias machistas, como las protagonistas de Via Castellana Bandiera, Elena Cotta, Alba Rohrwacher y la inspiradísima actriz y directora, al mismo tiempo, Emma Dante.MCI5En una tórrida tarde de verano, dos mujeres y una calle estrecha (título de la película), dos coches frente a frente y ninguna intención de moverlos, pase lo que pase. Un western en el Palermo actual que recuerda más a John Ford que a Dino Risi.MCI9O la excepcional Valeria Golino que interpreta a Armida Miserere, la primera mujer  directora de una prisión italiano en Come il vento. Una valiente que no duda en aceptar ese puesto de trabajo, con uno de los índices mundiales de peligrosidad más altos, sobre todo, si se añade que su marido fue asesinado por la mafia.MCI6Sin olvidar las interpretaciones masculinas, por ejemplo de uno de los grandes actores italianos, Elio Germano, que borda su papel del poeta italiano Leopardi en Il giovane favoloso. Y las tremendas ganas de descubrir I nostri ragazzi, lo nuevo de Ivano De Matteo que dirige maravillosamente a sus intérpretes.MCI8El cine italiano ha perdido el miedo y, cada vez con mayor lucidez y valentía, aparecen, como en Calabria (Anime Nere), temas como el crimen organizado, versión calabresa, mostrado sin piedad. Adaptación de la obra de Gioacchino Criaco, el director Francesco Munzi no cae en el maniqueísmo habitual y narra brillantemente esta historia de almas negras en lucha por escapar de una tradición de violencia y venganza. Con uno de los dos mejores y más impresionantes finales del año (seleccionada en la Mostra de Barcelona).MCI7El mejor final del año italiano corresponde a otra de las gratas sorpresas de 2014, el prometedor Sebastiano Riso. Recogiendo el testigo de la herencia de compromiso social del maestro Pasolini, con su debut, Più buio di mezzanotte, se luce en una durísima crónica de los bajos fondos queer, homo y trans de Catania, siciliana ciudad más que tradicional.MCI4El joven David, asfixiado por la dura educación de su padre, se escapa de casa para reunirse con una cuadrilla de marginales, excluidos y explotados, al mismo tiempo, por una sociedad que no los quiere ver, pero que no duda en servirse de ellos.   MC10Y mi preferida, sin duda de 2014, el inmenso regalo de Paolo Virzì: El capital humano. Caustico, fabuloso y  acido retrato de unos ricos provincianos, narrada en capítulos desde los diferentes puntos de vista de cada uno de los protagonistas de este atropello de un ciclista, por un todoterreno que lo abandona en la cuneta de la carretera, de noche, la víspera de navidad y, por supuesto, sin prestar ayuda alguna.MCI12El director, que ya nos tiene acostumbrados a su gran inspiración, construye un momento mágico que ha cosechado galardones por doquiera que vaya y que presenta un elenco en puro estado de inspiración. Los dos Fabrizio, Bentivoglio y Gifuni, y por una vez, la siempre excelente, Valeria Golino, superada por la sublime y majestuosa interpretación de Valeria Bruni Tedeschi. Brava, ella.MCI14Otra adaptación de una novela, en este caso del americano Stephen Amidon, que el director ha trasladado a los alrededores (Fortunago, Varese y Como), de la ciudad que más de moda estará en 2015, Milan. Increíblemente renovada, sobre todo, la zona de Corso Como, y con un Exposición que esperar recibir 25 millones de visitantes. Muy buena ciudad 2015, y mejor aún, festival de cine italiano a tutti (y además gratuito… mejor imposible).

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Siempre nos quedará San Sebastián…

Parece que los caprichos del cine invisible de este mes de vuelta al cole están marcados por alargada sombra de nuestro flamante festival internacional. En el primer fin de semana se estrena El río que era un hombre de Jan Zabeil, premio de la sección Nuevos Realizadores, no a la altura del palmarés principal, del 59 Festival de San Sebastián. Escrita a cuatro manos entre el director y su protagonista, Alexander Fehling, nos cuenta las peripecias de un joven en África, si bien cuenta con excelentes ingredientes la mayonesa no llega a cuajar, y este explorador de los tiempos modernos se dedica más a perderse que a descubrir. El otro estreno de la semana es The Deep Blue Sea de la que ya rendimos cuenta hace un año en Crónicas de San Sebastián.

La semana del 14 de septiembre es la de las adaptaciones: la novela de Valérie Zenatti trasladada al cine en Una botella en el mar de Gaza, una ocasión perfecta para conocer a su protagonista, Agathe Bonitzer, unas de las jóvenes actrices francesas con más presencia en estos momentos y que suele ser comparada con Isabelle Huppert (qué ya es decir); El nombre, adaptación de la obra de teatro de Mathieu Delaporte y Alexandre de La Patellière, que la dirigen prácticamente con el mismo reparto que en teatro (diálogos brillantes para este teatro filmado) y Desafío total, el remake de la versión de la joya de Paul Verhoeven de 1990, que va mejorando con los años.

La viernes 21 es mucho más novedoso dado que cuenta con la mejor película del mes: Martes, después de navidad (mejor película de Gijón 2010), un impresionante momento de cine que no dejará indiferente a nadie. La desprogramada varias veces, Somos la noche, y el estreno de Mátalos suavemente de Andrew Dominik.

Y el mes se despide con varios de los protagonistas de los premios Donosti del festival de San Sebastián: Oliver Stone estrena Salvajes, Tommy Lee Jones protagoniza Si de verdad quieres, y un infiltrado, el mejor actor del festival de Roma 2011, Guillaume Canet en Una vida mejor, interesante y, por desgracia, historia demasiado actual que merece la pena ver.

Todo parece preparado para recordarnos que el 21 de este mes comienza la 60 edición de uno de los mejores festivales internacionales del mundo, y que desde el primer día estaremos allí para contaros, en Crónicas desde San Sebastián, todo sobre el ambiente del certamen, la selección oficial y las paralelas porque pase lo que pase, al fin y al cabo, siempre nos quedará San Sebastián…

A.C.A.B (All Cops Are Bastards), Italia 2012

Lo prometido es deuda y comenzamos fuerte agosto con este film que utiliza como título un viejo eslogan inglés, de los años 60, que por desgracia ha atravesado medio siglo con un éxito si no creciente al menos estable. La frase anuncia el color: no se trata de una comedia romántica y aunque haya parejas, incluso tríos y cuartetos, no son relaciones de amor sino de orden público, porra, escudo y casco antidisturbios.

Primer excelente, excesivo y espectacular trabajo del italiano Stefano Sollima. A algunos de vosotros os sonará este apellido de la historia del cine por su padre, Sergio, especialista del género del spaghetti western de los 60 y 70 pero, sobre todo, por la genial serie de televisión, Sandokán (que, por una vez, superó la novela original de Emilio Salgari) y convirtió al corsario negro en unos de los mitos de mediados de los 70.

El director adapta la novela de Carlo Bonini, sobre los excesos de tres históricos miembros de esta policía tan especial, Cobra, Negro y Mazinga, y la adaptación a su particular mundo de violencia, exceso e ira del recién llegado al cuerpo, Adriano. La película cuenta con tres de los mejores actores italianos actuales (Pierfrancesco Favino, Filippo Nigro y Marco Giallini) impresionantes, en unos papeles que sabían que desde el primer minuto iban a ser odiados por la totalidad de los espectadores.

Hace falta mucho, pero que mucho valor, para rodar una película que podría rozar la defensa del fascismo, la apología de la violencia, la defensa del “final justifica los medios” y la comprensión de los excesos de las fuerzas de seguridad del estado italiano. Y además se necesita mucha inteligencia para conseguir que el espectador disfrute de una película en la que detesta a todos sus protagonistas. Stefano Sollima lo consigue (como ya lo hizo en la serie de televisión Romanzo Criminale) y encima se ha llevado varios premios nacionales e internacionales.

El secreto radica en que esta película, que se recibe como un golpe en la boca del estómago, es al mismo tiempo una de las radiografías más lúcidas, frías e inteligentes de la, por suerte, finalizada época Berlusconi, y también una sobria reflexión sobre uno de los males que afecta a muchos de los detentores del poder (para encontrar ejemplos no hace falta mirar muy lejos) el de creerse por encima de todo y de todos. O la mutación de un poder, legítimo y otorgado por el pueblo, que se convierte en ilegítimo, por sobrepasar los límites y transformarse en una dictadura que actúa contra el propio pueblo.

La Generación Beat (Howl, EE.UU. 2011)

Si en la historia de su centenaria existencia el cine se ha atrevido con todo tipo de formatos para sus adaptaciones, desde su inicio, con la literatura en sus diversos géneros, los acontecimientos históricos, la música con la ópera o, incluso, la danza, hasta llegar en las últimas décadas a explotar la filial de los tebeos y sus superhéroes, o los juegos electrónicos, creo que el séptimo arte por primera vez en su historia lleva a la gran pantalla la lectura de un poema. Y además con sobresaliente.

El 13 de octubre de 1955 ante la presencia de unos pocos afortunados (como siempre, los momentos históricos son vividos por una minoría y reclamados, tiempo después, por la mayoría) en la Six Gallery de San Francisco, un joven poeta, de nombre Allen Ginsberg recitaba su mugido, su alarido, su grito: Howl. Un año después su editor era juzgado por publicar una obra que, algunos, consideraban escandalosa y, muchos, pornográfica. Y tras casi medio siglo, esta película es una excelente excusa para ilustrar la nueva tendencia que nos llegará los próximos meses, la generación beat (los primeros indignados de la historia) y sus deseos de cambiar el mundo o, al menos, hacerlo más soportable.

Ginsberg se cruza con gente de tan mala reputación como Jack Kerouac, Neal Cassady o William S. Burroughs y, gracias a esta generación, surgirá una nueva corriente, el movimiento beat, como reacción a una sociedad anestesiada, por el consumo y el supuesto bienestar sin límite de caducidad, de los años 50, y sin respeto alguno por el conjunto de minorías que forman una sociedad. Aniversario obliga, en los próximos meses (dado que a finales de 1952 John Clellon Holmes publicó en la revista del New York Times un artículo titulado “This is the Beat Generation”) volverá a ponerse de moda, sobre todo, por Walter Salles y su adaptación de En la carretera (seleccionado an Cannes) y continuará el próximo año con el estreno de Kill your darlings de John Krokidas, un thriller rock and roll en fase de rodaje sobre los orígenes de la generación beat protagonizado por Daniel Radcliffe, Ben Foster, Jack Huston  y Elizabeth Olsen (qué ganas de verla).

Cuatro líneas se cruzan a lo largo de la historia de Howl, la mencionada lectura del poema, ilustrada en momentos por un surrealista trabajo en animación de Eric Drooker, momentos de la vida del poeta y el juicio contra su editor. Un conjunto rico en impresiones e imágenes servido por dos de los mejores documentalistas americanos, Rob Epstein y Jeffrey Friedman, autores del genial The Celluloid Closet (1995) y The Times of Harvey Milk (1984), Oscar al mejor documental.

Por si fuera poco el film cuenta con James Franco en el papel del protagonista, excelente en la lectura del poema, y con el mad man, Jon Hamm, como abogado de la defensa, impecable como siempre en su traje de los años 50, y convincente ante el juez como si hubiese ejercido toda su vida.

Para irnos acostumbrándonos al regreso del movimiento beat, nada mejor que un fragmento del poema que parece haber sido escrito ayer: Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas… pobres y harapientos y ojerosos y drogados pasaron la noche fumando en la oscuridad sobrenatural de apartamentos de agua fría, flotando sobre las cimas de las ciudades contemplando jazz… y vieron ángeles mahometanos tambaleándose sobre techos iluminados, que pasaron por las universidades con radiantes ojos imperturbables… fueron expulsados de las academias por locos y por publicar odas obscenas en las ventanas de la calavera, que se acurrucaron en ropa interior en habitaciones sin afeitar, quemando su dinero en papeleras y escuchando al Terror a través del muro…

Alois Nebel, República Checa 2011

Este país es el único, en la historia del cine, que se dio a conocer internacionalmente, en primer lugar, gracias a sus magníficas obras de animación. Mucho antes que Milos Forman, Jiri Trnka, por un lado, que mezclaba dibujos animados, marionetas y recortes de papel, desde mediados de los años 40, y Karel Zeman, por otro, que añadía además grabados del siglo XIX o personajes de carne y hueso, ya en los 60, dejaron anonadados a la comunidad cinematográfica internacional ante sus creaciones, llenas de riesgo y hallazgos sorprendentes. Aún hoy en día, El Barón fantástico (1961) o El sueño de una noche de verano (1959), siguen fascinando al espectador.

Por primera vez la nueva generación ha decidido pasar a la animación para adultos y Tomás Lunák, en su ópera prima, ha vuelto a subir muy alto el listón con esta historia, en blanco y negro, que hipnotiza desde el primer fotograma. Un nuevo comienzo, como tanto le gusta al cine, que se inicia con la llegada de un tren.

Pensándolo bien desconozco la razón que me hace disfrutar enormemente de toda película en la que aparezcan ferrocarriles. Haciendo memoria no encuentro ninguna que no me haya gustado.

Alois es un jefe de una perdida estación (inspirado por su abuelo), que lleva toda su vida controlando el paso y la puntualidad de los trenes, cerca de la frontera. Su apellido, que significa bruma en alemán, define bien su personalidad. Perdida entre los dos momentos históricos que han marcado su vida, la expulsión en 1945 de la minoría alemana, y 1989 con la caída del régimen comunista. Si además se añaden dos hilos que recorren el guión, un fugitivo que ronda por la estación y un posible reencuentro con una mujer de su pasado, la película recuerda los grandes clásicos del cine negro, o más bien, en este caso, azabache intenso.

Pero la proeza técnica del film reside en traspasar todo el rodaje, con personajes reales, a la técnica de la animación, mezclar con segundos de ficción, que definen aún más los trazos de los personajes, su presencia y el más ínfimo de sus movimientos y sentimientos. El resultado actual de una técnica de casi un siglo (1915) es tan impresionante que se olvida la animación y la sensación es la de haber visto actores reales.

Basada en la obra de Jaromír Svejdík, autor del comic original, Alois Nebel tiene la intensidad de las noches de fríos presagios, la levedad de los vapores de las chimeneas de los antiguos trenes en una estética de los años 50 (versión pobre y proletaria de Mad Men) y la nostalgia de las notas finales de un vals escuchado a través de una ventana en pleno invierno. Por lo menos…

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