Regreso al futuro

por Carlos Loureda

José Luis Rebordinos, el director del Festival de San Sebastián, tiene un plan. Un buen plan. Aunque parezca que llevamos semanas hablando, en realidad hemos pasado un poco menos de una hora juntos, y se le ve tan emocionado con el futuro del Festival que lo dejo para lo último.

El cine comienza en la escuela

Frente al habitual y aburrido discurso de que los espectadores ya no van al cine, José Luis Rebordinos analiza la situación desde una perspectiva mucho más racional e inteligente. Datos como la baja cuota de pantalla que obtiene el cine nacional (10 o 12% frente al 35 o 40% de otros países) no son hechos inexplicables. Mi posición personal es mucho más crítica que los discursos trillados que culpabilizan a los espectadores como únicos responsables. El director comparte la sensación de una falta de iniciativa en la escuela para que los jóvenes vuelvan a ver el cine en la gran pantalla. Una labor educativa necesaria que no se está realizando, que comienza en la escuela, continua en la universidad y se consolida en los diferentes festivales. Una educación de lo visual que no es incompatible con el consumo canalizado y legal de lo audiovisual en la red, un hecho contra el que no se puede luchar dado que es el producto del signo de los tiempos actuales. Por ello, el festival va a crear un carné para los jóvenes de 18 a 29 que les proporcionará un descuento del 50% en el precio de las entradas o, incluso, sesiones gratuitas especialmente dedicadas a este sector de la población.

Da gusto escuchar a alguien que piensa en el espectador del futuro porque, en el hecho de que un joven hoy vaya al cine gratis, hay una alta probabilidad de que continúe haciéndolo el resto de su vida.

Cuestión de costumbre que confirma que películas “difíciles” obtengan mejores resultados en su distribución en las salas de la ciudad de San Sebastián. Un efecto colateral derivado del festival y del acceso a una exhibición más arriesgada y plural.

O como otro detalle, la anécdota del director sobre su etapa en la Semana de Cine Fantástico y de Terror. Hace 21 años, en la primera edición año pusimos varias dobladas y 3 o 4 subtituladas. La gente comenzó a silbar en la sala y gritar “es leída, es leída”. 5 años después se acabó. Y hoy si pusiéramos una película doblada en la Semana del Terror, nos linchan. Y es el mismo público. Hay que educar a la gente. La cuestión del cine se estudia de forma separada y parece que es un problema de cultura, de educación o de industria. Es un problema de todos y hasta que todos los ministerios no hagan una política conjunta, coherente y coordinada, para que lo audiovisual tenga unas posibilidades y unas formas correctas de producción, de distribución y de exhibición, vamos mal. Bravo José Luis, totalmente de acuerdo contigo.

Hoy en día los productos culturales, de los que una gran parte corresponde al sector cinematográfico, representan aproximadamente el 15% del PIB estatal español, y aún estamos a años luz de lo que otros países consiguen. No llego a comprender cómo el conjunto de los gobernantes nacionales llevan décadas sin desarrollar una política cultural activa, eficaz y creativa. Me indigna la prisa que se dan en seguir los ejemplos o dictados de otros dirigentes europeos en ciertos aspectos (que, todo hay que decirlo, éstos no han llevado a cabo) pero olvidan aplicar las políticas culturales que funcionan en esos países durante muchos años con excelentes resultados.

En los años 70 los españoles cruzaban la frontera para ir a ver las películas, subidas de tono, que el sistema político vigente de aquella época consideraba perjudicial para nuestras mentes. 40 años después, el director del Festival reconoce que va frecuentemente a Biarritz o a Bayona, que están a media hora de San Sebastián, para poder ver algún que otro film, en esta ocasión nada subido de tono, que no tiene la oportunidad de disfrutar en su país. Por suerte las cosas han cambiado mucho desde entonces pero en este tema seguimos parecidos. Algo hemos hecho mal o, en todo caso, algo no lo estamos haciendo bien del todo.

Fundación MAPFRE, el superhéroe que aparece en el último minuto

Preocupado, como buen vasco, por el tema de las canteras, José Luis estaba interesado en la cadena niños-jóvenes. Solucionado el tema de estos últimos con este carné, al director le faltaba el eslabón inicial: la infancia. Un sector para el que el limitado presupuesto del Festival no dejaba mucho margen. Pero como en las buenas películas, en el último momento apareció un superhéroe que iba a cambiar las cosas.

Afortunadamente alguien que se ha cruzado en este camino, y está siendo un compañero de viaje espectacular, es la Fundación MAPFRE. Llegamos a un acuerdo con ellos para que pudiesen colaborar con el Festival. Ellos tienen un Festival denominado 4+1, que intenta mostrar el cine invisible y que está realizando una labor estupenda (juro por mi honor que son palabras literales del director; Fotogramas, evidentemente, también apoya y colabora con este Festival), y en San Sebastián van a montar un ciclo de cine mexicano con 9 películas de los últimos años y un encuentro entre productores mexicanos y vascos con el INCINE. Y, gracias a estos contactos, la Fundación MAPFRE nos hizo una propuesta maravillosa. Montar una carpa de 120 m² en la plaza Oquendo de talleres para niños entre 4 y 11 años: disfraces para que interpreten diferentes papeles, dibujar para ver que se pueden formar planos en movimientos y mil actividades diarias, durante toda la duración del festival.

Los seleccionados de las próximas ediciones del Festival

Pero José Luis es ambicioso y también piensa en el futuro del Festival y, en especial, en los profesionales del medio audiovisual.

El encuentro de Estudiantes de Cine es el gran desconocido del Festival y tendremos que hacer un esfuerzo mayor en los próximos años para venderlo mejor: 17 cortos seleccionados de entre 134 vistos de 56 escuelas de 25 países, talleres, debates, encuentros… Es muy importante para nosotros y dentro de la locura del Festival no hemos llegado a presentarlo bien. Pero lo vamos a conseguir y, además, queremos ampliarlo en los próximos años.

Las películas que sorprenderán

José Luis tiene un buen olfato (predijo que Una separación ganaría el Oso de Berlín en 2011 y acertó) por lo que aprovecho para nos cuente las películas o secciones más sorprendentes.

Nader y Simin, Una Separación (Jodaeiye Nader az Simin), de Asghar Farhadi

Acusados de programar o invitar a los mismos creadores de siempre, los festivales internacionales abren sus puertas cada vez más a directores desconocidos o novatos en la profesión y a los formatos más maltratados, el documental o la animación, por el mundo de la exhibición y distribución. San Sebastián no escapa a esta tendencia y José Luis Rebordinos apuesta por algunos trabajos que sorprenderán al público: João Canijo, un director portugués poco conocido, o Filippos Tsitos, tercera obra de este realizador griego, en la sección oficial; animación española como Arrugas, de Ignacio Ferreras, o francesa con Le chat du rabbin de Johann Sfar; Snowtown en Especiales Medianoche; Jodaeiye Nader az Simin (Una Separación), que es una obra maestra (ya somos dos los que pensamos lo mismo) en Perlas; un episodio de una serie The day after de Hirokazu Kore-eda en Especiales; documentales como Tras las luces de Sandra Sánchez en Nuevos directores, o Death of a Japanesse Salesman de Mani Sunada, ayudante de dirección de Hirokazu Kore-eda y presentada en primer mundial. Esta última la acabamos de descubrir y si la hubiésemos visto antes, hubiese estado en competición oficial. Estamos ante el nacimiento de una gran realizadora. Ópera prima documental que filma a su padre, hombre de negocios jubilado, desde que le descubren un cáncer hasta que se muere. Lo filma todo, es brutal, emocionante, rodada con un exquisito pudor pero que, al fin y al cabo, constituye un terrible y emotivo canto a la vida.

The Day After, de Hirokazu Kore-eda

Durante toda la entrevista los avisos sonoros de los correos recibidos en su ordenador no paraban de aumentar, según pasaban los minutos. Al final en la grabación de la entrevista suenan como los latidos de un corazón que se acelera por la impaciencia o las ganas de empezar y de convencer.

José Luis Rebordinos puede llevar a cabo una excelente labor al frente de esta nave de los sueños, que es el Festival de San Sebastián. Tiene una capacidad de convicción tal, que sería capaz de organizar una semana de Cine y Surf en pleno desierto del Sahara con éxito, la humildad de reconocer que todo se puede mejorar y la sabiduría de comparar el certamen con los mejores Festivales del mundo para equipararse con ellos o superarlos, si es posible. Pero sobre todo posee la certeza de que un Festival es un lugar donde se intercambian experiencias, se comprende mejor la realidad de un mundo cada vez más complejo y, al mismo tiempo, el público puede soñar con mejorarlo, e incluso, alguien intente hacerlo.

Se ha acabado el flashback. Son las 9 de la mañana. 16 de septiembre de 2011. El Festival va a comenzar. Tomen asiento. Se abre el telón. Las primeras imágenes aparecen en pantalla. Una maleta cerrada de la que desconocemos su contenido. 9 días para descubrirlo.

Buen festival a todos.

El jefe de todo esto

por Carlos Loureda

Rodeado de algunos de los regalos de sus amigos, un flamante Mazinger Z o un peluche en firma de langosta que te mira con ojitos tiernos, el despacho de José Luis Rebordinos contagia un buen ambiente, que se confirma en la relación que tiene con el equipo del Festival. Buen rollo se puede conjugar con trabajo e inteligencia con optimismo.

San Sebastián también será una fiesta

José Luis es un contertulio nato, alegre, divertido y ocurrente. Sabe transmitir su entusiasmo y su impronta se va a sentir en el festival. Vamos a intentar alegrar el certamen y a introducir un punto de juego. Es un Festival, y como su nombre indica, debe contener un lado lúdico y no tengo miedo a decir que me gustaría que hubiese más fiestas. Son  importantes porque no son sólo una cosa frívola donde la gente come y bebe. Son también un momento en que la gente se encuentra, comparte experiencias y transmite conocimientos. Yo reivindico un Festival divertido y lúdico, un espacio donde haya lugar tanto para películas tremendas, porque el mundo está como está y hablan del mundo, como para sesiones nocturnas más ligeras donde la gente vaya a divertirse. Además este año recuperamos la fiesta de inauguración, clausura y algunas otras que ya están programadas.

Yo no comparto la teoría de los tristes de este mundo, es decir, ser serio significa mortificarse en continuo. No. El mundo está muy mal pero porque nos mortifiquemos no va a ir a mejor. Económicamente estamos fatal (el adjetivo exacto utilizado por José Luis era mucho más adecuado y expresivo) pero yo no voy a estar todo el día diciendo nos falta dinero. No, no y no. Esta es la situación y con lo que tenemos vamos a intentar hacer algo que esté mejor. Si el mundo está mal vamos a intentar analizarlo, establecer vías de debate pero vamos a disfrutar de la vida también, ¿o no?

Evidentemente contengo mi intención de organizar una campaña relámpago de “Rebordinos for President” y absorbo su caudal de palabras con cara de póquer. Habituado a trabajar en medios culturales desde hace mucho tiempo, he llegado a la siguiente conclusión: la excusa tan generalizada de la falta de medios económicos esconde, en la mayoría de las ocasiones, una abrumadora falta de ideas o una insolente ausencia de capacidades personales.

El lado oculto del director

También quiero conocer el lado más desconocido del director y le propongo un cuestionario:

-Tu primer recuerdo cinematográfico: depende del día pero tengo un primer recuerdo ligado a mi abuela. En este momento su voz se nubla y se emociona recordándola. Con 10 años me llevaba a la sesión infantil, los domingos a las 3 de tarde, una sesión muy barata, creo que valía una peseta, en el salón Victoria de Rentería. Y allí programaban las cosas más bizarras. Recuerdo claramente el miedo que pasé viendo una peli de Fu Manchú, la escena era una puerta que se abría y de la que salía una mano con un cuchillo. Un miedo que no me importó nada pasarlo y que disfrute intensamente.

Otro, ya con 14 o 15 años, fue viendo solo en la televisión francesa El Séptimo Sello, de Ingmar Bergman y pasé también mucho miedo. Ambos recuerdos tienen que ver con el cine fantástico. No sé si se trata o no de una premonición.

El Séptimo Sello de Ingmar Bergman

 

-Tu clásico incomprendido: algún amigo me va a insultar por lo que voy a decir pero nunca he conseguido entrar en 2001, odisea del espacio. Kubrick tiene películas que me apasionan pero en ésta no acabo de entrar. Tiene momentos maravillosos pero, en conjunto, me acaba aburriendo. Es mi espinita clavada de los grandes clásicos.

Como personalmente me encanta 2001, odisea del espacio, que considera una obra premonitorio en su tiempo y de una total actualidad, le pregunto por El árbol de la vida, a la que yo aplico lo mismo que él acaba de decir.

A mí me parece muy interesante, muy discutible y tan extrema que me interesa. Me es difícil emitir un juicio sobre la película, es decir, me impresiona, la sigo recordando y la sigo pensando. Eso me parece muy bueno.

El Árbol de la Vida, de Terrence Malick

 

-Tú clásico que todavía no has visto: José Luis empieza a buscar en su memoria y no lo encuentra. Déjame pensar, pues mira no me acuerdo. Te prometo cuando me acuerde, te lo digo. Seguro que nos cruzaremos en el Festival, así que paso a la última pregunta.

-Tu vida después del cine: Como a todo el mundo, me encanta leer y echo en falta mucho tener tiempo para hacerlo. He leído mucho en mi adolescencia y juventud, a veces, hasta una novela diaria. Los libros han sido mis mejores compañeros de viaje y, de hecho, estoy deseando que llegue octubre para poder dedicarme a leer como un loco. Autores muchos, pero soy un fanático de Raymod Carver, Jim Thompson o Julio Cortázar. Lo último que me ha sorprendido y divertido mucho es La bicicleta estática de Sergi Pàmies. Como libro de cabecera las canciones de Léo Ferré y, por supuesto, viajar por placer, no por obligación, y estar con la gente que quiero.

La libertad, ante todo

En un rincón del despacho luce radiante un cartel de A serbian film. Una declaración de principios por parte de José Luis Rebordinos, que no entra en el debate de su calidad, pero que no retirará hasta que no acabe esta ridícula situación. Una jueza española imputó a Ángel Sala un delito de exhibición de pornografía infantil, por programar esta película en el Festival de Cine de Sitges de 2010. Este asunto me subleva personalmente de tal manera (que trataré próximamente en un comentario sobre la película iraní Au revoir) que no concibo como la jueza no ha detenido todavía a Antonio Banderas, por sus asesinatos filmados en La piel que habito. La verdad es que cuando nos ponemos surrealistas podemos llegar a extremos insospechados.

En todo caso, el tiempo avanza sin piedad y mañana comienza el Festival. Un lugar donde estoy seguro José Luis defenderá, con uñas y dientes, el espacio de libertad que el terreno de la ficción y de la creación nos permite todavía disfrutar. Aunque existan personas que se consideren capaces de decidir por nosotros lo que podemos, o no, ver. El cine en su siglo de existencia ha traspasado fronteras y, afortunadamente, por ahora no se pueden poner barreras a las ideas.

Continuará… (esperemos)

José Luis Rebordinos y las Reliquias del Festival (2ª Parte)

por Carlos Loureda

La lápida que adorna el despacho de José Luis Rebordinos, director del Festival de San Sebastián, es el regalo de sus compañeros por sus 21 años de dirección de la Semana de Terror. El citado objeto formaba parte de la decoración de un corto, dirigido por Telmo Esnal, en que incluso aparecía Santiago Segura y acabó comprando la EITB (televisión autonómica vasca), y en el que José Luis y Lucía Olaciregui, que han fallecido, resucitan como zombies…

El director, como se ve, no tiene ningún miedo a los tiempos obscuros ni a los momentos sombríos. Es un superviviente nato dispuesto a obtener, si es necesario, siete vidas más para el Festival.

Lo más complicado del certamen

José Luis Rebordinos ha llegado en plena crisis, consciente de ello reconoce que lo más complicado está siendo cómo conseguir un certamen con una serie de apuestas importantes, un número de presencias, incluidas las que no se ven (como por ejemplo, la industria europea e internacional que suponen una importante inversión en noches de hotel) y casar todos estos proyectos con los medios económicos que tenemos. Este año he dedicado mucho más tiempo a la parte de conseguir medios y financiera de lo creo que debería dedicar. Es un mal momento económico pero con lo que tenemos vamos a intentar hacer el mejor festival posible.

The Deep Blue Sea, de Terence Davies

Sin embargo, también tengo que reconocer que este es un buen año de producción cinematográfica. Mucha y de gente muy importante. Luego las películas gustarán más o menos pero el ramillete de directores que va a estar presente en San Sebastián es extraordinario: Terence Davies o Martin Scorsese en première europea y Kim Ki-duk o Arturo Ripstein en première mundial… Un año normal es muy difícil tener eso. Cannes y Berlín han sido maravillosos y creo que San Sebastián también lo será. Un festival donde todo el mundo encontrará alguna película que le guste mucho. Si yo voy a un festival y encuentro 6 u 8 que realmente me gusten, ya me doy por satisfecho. Al que le guste el cine este año va a disfrutar mucho, es tal la oferta, tan variada y con tantos nombres importantes, que será muy fácil para cada espectador, picando entre todas las secciones, encontrar algo a su gusto.

Money, money, money

Digamos que, por circunstancias personales, estoy muy acostumbrado a las cuentas públicas y entro al toro con el tema. Existen diversas formas de presentar unos presupuestos que incluyan ayudas públicas. Se pueden contabilizar los ingresos directos e indirectos separados, las prestaciones no dinerarias, o incluso, monetizar la publicidad que el evento genera entre los medios internacionales. Por ejemplo, el festival de Cannes publica oficialmente un presupuesto de 20 millones de euros, pero no incluye las habitaciones de hoteles que obtiene de forma gratuita u otras formas de financiación indirecta. En realidad, su presupuesto real debe rondar los 33 o 35 y el Festival aporta a la ciudad durante esos días unos 200 millones. Berlín, el segundo en importancia, está entre los 16 y los 18 millones.

José Luis se muestra orgulloso de que San Sebastián sea el festival más pequeño entre los grandes, pero al borde de ser uno de los mejores. El certamen presenta unas cuentas que engloban todas las partidas, sin excepción. El presupuesto es de 4 millones de euros de financiación pública, directa e indirecta, y otros 3, privada. Total: 7 millones de euros para 9 días. Lo que, sencilla y llanamente, se podría calificar de milagro. Si comparamos con el último acontecimiento internacional celebrado en España, estilo Habemus Papam de Nanni Moretti, se hablaron de 50 millones de presupuesto para 5 días y sólo una celebridad invitada. Por eso, calificar el presupuesto de milagroso, aunque no le venga del cielo (el director ha sudado hasta el último céntimo de euro de patrocinio), define la situación a la perfección.

Habemus Papam, de Nanni Moretti

Lo que aporta el Festival a la ciudad es impresionante. Al ser una economía de subsistencia, como le gusta describirse a José Luis, el último informe del impacto económico en la ciudad data de hace 10 o 12 años. Pero está convencido de que el festival es la operación más rentable que tiene la ciudad en todo el año. Aparte del prestigio, sin contar cada impacto en los medios, como el día en que Julia Roberts aparece en 15 telediarios de todo el mundo, eso cuesta o representa más que el conjunto de la financiación pública.

Los festivales, las salas del cine invisible

Otros datos económicos, fríos, pero muy significativos. Más de 150.000 espectadores por edición o 40.000 entradas vendidas el primer día, con la taquilla virtual de la Kutxa que no soporta el peso de todo este movimiento y que ha prometido solucionarlo para el próximo año. No está nada mal. Recordemos que Cannes es un festival profesional al que no asiste el público en general. Para conseguir que haya 150.000 espectadores, en una ciudad con sólo 185.000 habitantes, hay que seducir intensamente al público.

Hoy en día eventos como Cannes, Berlín, San Sebastián, los festivales en general, se han convertido en un circuito alternativo o complementario de exhibición. Y en España habrá 6 o 7 citas anuales, Gijón, Valladolid, Málaga… a los que los espectadores acudirán porque saben que son los únicos lugares donde podrán ver ese tipo de cine.

Pero tras los datos, análisis, objetivos y un duro trabajo se esconde un hombre. ¿Quién es realmente José Luis Rebordinos (conocido por sus amigos, según parece, por el nombre de Rebor)?

Continuará

José Luis Rebordinos y las Reliquias del Festival (1ª Parte)

por Carlos Loureda

La cuenta atrás de la 59 edición del Festival de San Sebastián, que se celebrará hasta el próximo 24 de septiembre, ha comenzado y para el estreno de estas crónicas que seguirán toda la actualidad del certamen, nos ponemos lo más cinematográficos posible, iniciándolas con un flashback.

Mitad de agosto y San Sebastián disfruta de un sol radiante. Cita con el nuevo director, José Luis Rebordinos, en la sede del Festival en pleno centro de la ciudad. Una puerta enorme, sobria y negra como el carbón encierra a un grupo de fanáticos del cine, que parecen ser los únicos que trabajan en San Sebastián en estas fechas. Y tras la puerta, un ascensor me lleva al último piso del edificio, sede de un Festival donde todo es de un blanco inmaculado: paredes, mobiliario, techo. Tengo la sensación de entrar en una película en blanco y negro. Espero que, al menos en esta ocasión, no sea muda.

Me recibe Nekane, espléndida sonrisa, y me invita a esperar mientras el jefe de todo esto finaliza una llamada. Aprovecho para hojear alguna de las quince revistas cinematográficas internacionales que están sobre una mesa. Blanca, por supuesto. El ambiente es intenso, los teléfonos blancos no paran de sonar y se siente una efervescencia controlada. Nombrado director del Festival el 1 de enero de este año, José Luis Rebordinos no es nuevo en la plaza. Antiguo responsable del conjunto de la propuesta audiovisual del Patronato de Cultura del ayuntamiento, director durante 21 años de la Semana de Cine Fantástico y de Terror (que este año alcanza su 22 edición), al frente del Festival de Cine y Derechos Humanos de la capital guipuzcoana, la revista Nosferatu o sus 15 años en el comité de dirección del Festival de San Sebastián, le aseguran la tranquilidad de una sólida experiencia. Sin embargo, el desafío está a la altura de las circunstancias, dada la repercusión y la envergadura de un Festival Internacional como el de San Sebastián.

Las entrañas del Festival

José Luis, con una inmensa sonrisa (confirmado, en la sede del Festival todo el mundo sonríe), transmite una energía desbordante, un amor sin límites por el cine y unas tremendas ganas de compartirlo. La organización de un festival no acaba nunca. Aunque finalice en septiembre, existen unos tiempos muy concretos que incluyen toda una serie de excepciones. Entre octubre y enero nos concentramos en la parte más burocrática, la que no se ve, y que es muy importante dado que se reciben ayudas europeas, subvenciones o patrocinios. Estos meses son tiempo de evaluación de la edición precedente y definición de líneas más conceptuales, como los futuros ciclos que se van a programar. El pistoletazo de salida, y a partir de ese momento sin un momento de tregua, es el festival de Berlín en febrero. Llega la cuesta arriba en mayo con Cannes pero, en realidad, nunca paras. Por ejemplo, en este momento ya estamos hablando de una posible película para la inauguración del 2012 o el próximo premio Donosti. Siempre estás echando los tejos a alguien. Un festival nunca para, tienes que estar pensando a dos o tres años vista, como mínimo.

Se ve que José Luis es un seductor nato. En su oficio tiene que conquistar 24 horas al día: al público para que asista a las proyecciones, a los artistas para que se desplacen a San Sebastián, a los patrocinadores para que sigan aportan nuevos medios o incrementen los existentes o a los distribuidores para que retrasen un estreno en cine de un film y sea una novedad en el Festival (como este año en el caso de Una separación y Golem). Un ejercicio en el que se le ve a sus anchas.

San Sebastián en el mundo

Acreedor de la, ya desaparecida, Categoría A de la FIAPC (Federación Internacional de Asociaciones de Productores Cinematográficos, institución creada en 1933 para defender la industria del cine y sus profesionales, que estableció una jerarquía de calidad en base a criterios organizativos y técnicos) San Sebastián se encuentra entre “los cinco primeros festivales competitivos del más alto nivel internacional”. José Luis, por deferencia a sus colegas, no establece una lista pero yo no puedo evitarlo. Bien es sabido, que en este restringido círculo reinan, en este orden, Cannes, Berlín y Venecia. Este último sumido en un continuo suspense por la trágica política cultural italiana. En febrero Giulio Tremonti, tras su famosa declaración “con la cultura non si mangia (la cultura no da de comer)”, recortó las ayudas al Fondo único per lo spettacolo (fondo público que subvenciona al cine y al teatro) y del Festival de Venecia. Desastre general y ambiente moroso en la profesión. Menos mal que en marzo, el nuevo ministro de cultura, Giancarlo Galan, ha reconducido las ayudas al sector. Según el director, San Sebastián tiene un componente muy fuerte como festival de habla hispana, siendo el más importante es este sector, lo que nos aporta una presencia y posición muy bonita en el conjunto de festivales. Lo que situaría al Festival es un confortable cuarto puesto.

José Luis Rebordinos sabe que es el cine es arte, pero también industria, y se ha establecido un objetivo muy ambicioso. Quiere que San Sebastián sea la puerta para Europa del cine latinoamericano. Nos gustaría que la industria europea y latinoamericana encontrara aquí el sitio ideal para llegar a acuerdos, coproducciones, en definitiva, hacer negocio. La idea es en 3 o 4 años conseguir que este objetivo se convierta en realidad. Europa y Latinoamérica tienen que encontrarse mucho más y San Sebastián es el lugar privilegiado para ello.

Llevamos un buen rato charlando, sentados en dos confortables sofás (blancos, evidentemente) y entre nosotros hay un objeto que me incomoda. Quizás sea porque no es blanco sino una masa de color gris y parece desentonar de la decoración general del despacho. No le he prestado mucha atención hasta entonces porque el director posee el don de la fluidez verbal (todo sea dicho, digna de un coro de 60 personas) pero no puedo evitar, llegado el momento, girar la vista de mi interlocutor y descubrir que se trata de una lápida de cementerio con el nombre de José Luis Rebordinos. Le miro sorprendido y descubro otra amplia sonrisa. El director se divierte, disfruta de la vida e, incluso, hasta de una tétrica lápida gris grabada con su nombre.

Pero como en las buenas películas dejamos a nuestro protagonista, encantado y sonriente, junto a tal singular objeto, mientras que tus ojos leen en la pantalla

Continuará

Denis Villeneuve, director de Incendies, 2010

Denis Villenueve, siempre al borde

Denis Villeneuve, como buen canadiense, llegaba al pre-estreno en Francia de su cuarta película, Incendies (2010), enfundado en un grueso anorak con capucha de piel. La temperatura de aquel mes enero de 2011 en Europa era bastante clemente y la de la sala de cine superaba los 20 grados. Sin duda alguna, el director es el más abrigado de todos los asistentes a la proyección aunque su película venga muy bien arropada, múltiples premios en varios festivales internacionales y una candidatura al Oscar en la categoría de mejor película extranjera.

Adaptar una obra de teatro a la pantalla grande, sobre todo si es tan sutil y rica como la escritura de uno de los mejores dramaturgos actuales, Wadji Mouawad, ya es complicado pero elegir la segunda parte de una tetralogía, La Sang des Promesses, puede resultar una elección bastante extraña. “Litoral ya había sido adaptada por Wadji y cuando vi Incendies en Montreal sentí un flechazo inmediato  -los ojos de Denis Villeneuve se iluminan ante el recuerdo de asistir a una obra de Mouawad, como le ocurre a cada uno de los espectadores que han tenido la oportunidad de asistir al iniciático ciclo teatral-. Wadji me abandonó, me dejo sólo para poder escribir la continuación de su trabajo, Forêts. Me dijo que las obras son como una mujer y es imposible convivir con dos a la vez. Yo estoy con Fôrets, amo Fôrets, tu quédate con Incendies, ahora es tu mujer”.

Wadji Mouawad

Un regalo repleto de libertad porque no había ninguna condición impuesta en esta generosa entrega. El director sabía que podía equivocarse, escoger una vía incorrecta o errar el tiro porque Wadji, ante su don total, ampliaba la posibilidad de error, “puedes escoger una escena, el título, un personaje, lo que tú quieras, tú decides” pero, conocedor del proceso creativo y con un amor incondicional, también le permitía la posibilidad de equivocarse.

Denis Villlenueve escribió el guión y decidió comenzar la historia de otra manera. En un espacio cerrado, que podría ser un orfelinato, un niño al que le cortan el pelo mira directamente al espectador, rompiendo así con la tradicional cuarta pared teatral. Un golpe maestro del director que de esta manera subraya que ya no estamos ante una obra de teatro, lo que vamos a ver es puro cine. Y al mismo tiempo “proponer un enigma y marcar una ruptura que tendrá que solucionarse a lo largo de toda la película, a través de ese personaje principal”.

Wadji Mouawad, en gran conocedor del teatro clásico y en especial de Sófocles (si bien debo reconocer por primera vez mi decepción ante la trilogía de “Las Mujeres”, primera parte del proyecto de actualizar todo Sófocles), adorna sus obras originales de referencias mitológicas y épicas del teatro griego. Denis Villeneuve también ha añadido a su película esa marca personal del dramaturgo, incluso yendo más allá, entre un realismo crudo y un pudor inquebrantable: el corte de pelo recuerda la melena de Hércules y la mítica pérdida de su fuerza y, en el film, el director marcó tres puntos en el pie de unos de los personajes, en lugar de una nariz roja de payaso que se utilizaba en la obra de teatro, y que resulta aún mejor que la marca de distinción del original, porque esta elección también nos trae a la memoria el talón de Aquiles.

Cartel original creado por el propio autor

Pero Denis Villenueve ha introducido en Incendies,un film sobre la cólera que se transmite de una generación a otra de una familia, mucho más que referencias externas a su realidad. Algo que nunca ha contado y que funciona perfectamente en el film es el papel del notario y su confraternidad con su corresponsal libanés. Estos oficios, habitualmente estereotipados en exceso en el cine, resultan naturales en Incendies y con razón, dado que el padre del director es notario, “mi abuelo es notario y su hermano también, mi hermano es abogado y toda la vida he estado rodeado por este oficio. Incluso el equipo artístico de la película reprodujo el mobiliario y la disposición del archivo de mi padre. Es, sencillamente, un homenaje”.

Una excelente casting (intérpretes de Montreal, París, Bruselas, Toronto, Siria, Palestina, Iraq, Marruecos, Líbano y Jordania) que combina una variedad de acentos (excelente la VO) con la generosidad y entrega de la actriz principal, Lubna Azabal y el frescor de los actores secundarios interpretados por aficionados, aportan un toque muy personal al film y un acabado que lo acerca a la realidad. Un proceso de selección complicado del que el director se siente muy satisfecho, dado que sabe que el éxito de la película depende en gran parte de “elegir bien a los actores”. Un tratamiento especial del tiempo para explicar esta historia entre generaciones, huyendo de los flashbacks, método que el director detesta, utilizando dos presentes al mismo tiempo que funciona a la perfección y en un tiempo récord de rodaje, 40 días, dados los numerosos desplazamientos que implicaba, como Montreal, Jordania o Amán.

Esta película le ha aportado múltiples galardones, aunque por desgracia no obtuvo al final el Oscar, pero hay uno del que se siente “por primera vez en su carrera, orgulloso”: el premio al mejor guión de la Seminci 2010. Entre tanto premio y promoción el director no ha asentado todavía el núcleo de su próxima película, “aún muy en estado embrionario y ni siquiera mi madre sabe de qué se trata”, pero su intención es escribirla durante este año y rodarla en 2012.

Lubna Azabal

Un film dedicado a nuestras abuelas, las únicas que pueden romper la cadena del odio, que al final de la proyección logró largos y calurosos, casi abrasadores, minutos de una entrega total, esta vez por parte de los espectadores, y subir la temperatura de la sala muchos grados. Denis Villenueve sonreía tímidamente pero, como buen canadiense, no se quitó el anorak.

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