El Gran Gatsby (The Great Gatsby), Australia 2013

Seamos sinceros. Ante la perspectiva de Baz Luhrmann, director de por sí ya inclinado al exceso, adaptando el largo relato homónimo de F. Scott Fitzgerald sobre los excesivos años 20, no compartía el entusiasmo general e incluso tenía mis serias reticencias sobre su resultado. No sólo he de decir que ha superado todas las expectativas sino que creo que el cineasta ha firmado su mejor trabajo hasta el momento.GGY como termina el escritor su novela: y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado. A mí también me apetece volver 30 años antes, a 1974, cuando la adaptación iniciada por Truman Capote y finalizada por Francis Ford Coppola para lucimiento de Mia Farrow y Robert Redford (en la, al menos, tercera versión de la novela), se llevaba sus dos nominaciones al Oscar: mejor vestuario y banda sonora adaptada. Casi seguro, en 2014, repetirá por la inmensa creatividad de los diseños de Catherine Martin (esposa del director) y la exquisita música de Craig Armstrong, más inspirado que nunca. FL01_010.jpgLa banal historia de un chico pobre pierda chica rica, en medio de un rebaño de multimillonarios insufribles, alcohólicos y previsibles, Baz Luhrmann y su colaborador ya habitual, Craig Pearce, han sabido hilarla a la situación actual y, bajo la apariencia de una gran espectáculo, añadir lo que menos me esperaba, una velada crítica y una propuesta del origen a la actual situación de crisis internacional. Great-Gatsby_06En la novela, el narrador, Nick Carraway, intenta hacer fortuna evidentemente en el lugar en que todos la buscan, el Wall Street de 1922. Siete años antes de la gran explosión financiera, la bolsa está en sus máximos, las fiestas en su apogeo, y el protagonista se siente atraído (demasiado) por la abundancia de los ricos de siempre (su prima Daisy se ha casado con el soltero de oro neoyorquino) y de los nuevos ricos (el enigmático Gatsby).greatgatsby6La película añade algo muy importante. Sitúa al protagonista, depresivo, internado en una clínica, al que sólo podrá curar crear algo con un valor verdadero (no con un precio), en este caso, una historia escrita (aunque no la lea nadie). Los excesos de los años pasados, en los que las falsas riquezas se habían construido sobre la base de una corrupción política, judicial y empresarial (hasta se habla de las relaciones de una alta personalidad con una desconocida en un hotel, en referencia indirecta a Dominique Strauss-Kahn), sólo han incrementado la miseria, asentado una crisis generalizada, sin fecha de caducidad, y enfermado al protagonista.THE GREAT GATSBY CAST FILM IN SYDNEYEl director comienza con un previsible exceso de media hora, en las que las imágenes de un lujo y una opulencia vergonzosa sirven para amortiguar lo que vendrá después, un Nueva York sucio, en blanco y negro y sin relieve, antecedente del futuro que se instalará siete años después. Para una película destinada al gran público no está nada mal a nivel de crítica política e implicación social.A146_L001_1018PR.0004931_R.DNGY por otra parte, evidentemente, se sitúa la eterna historia de amor entre el soñador, mentiroso y apasionado Gatsby y la inconstante, interesada y cobarde Daisy. Leonardo DiCaprio, a sus anchas en un papel en que puede reciclar sus trabajos anteriores en Shutter Island y Titanic, y Carey Mulligan, la actriz que mejor llora en la pantalla y con una presencia tan delicada como una pompa de jabón.  great-gatsby-champagneUna verdadera y muy agradable sorpresa la última entrega de Gatsby. Un personaje casi biográfico que se le pegó a la suela de los zapatos a su creador y a su esposa Zelda (que escribía, al menos, tan bien como él). F. Scott Fitzgerald que nació con el cine, mantuvo tensas relaciones con el séptimo arte. Su publicación póstuma, El último magnate, atestigua su opinión sobre este mundo y El desencantado de Budd Schulberg (guionista de Más dura será la caída y La ley del silencio) narra, en forma novelada, sus últimos años en la meca del cine. Pero eso será otra película…

Anuncios

Django desencadenado (Django Unchained), EE.UU. 2012

Muchísimos recuerdan el año 1992 como un año glorioso por las Olimpiadas de Barcelona o la Exposición Universal de Sevilla, y unos pocos por haber visto en Sitges la primera película de Tarantino, la mítica Reservoir Dogs. Eso sí que es un evento para calificar cualquier fecha como memorable.D7La sensación inmediata fue que, esa elaborada mezcla de diálogos teatrales y acciones desmesuradas, bajo subgéneros cinematográficos (en ese caso, el de gángster) y rodado con una estética clásica pasada por la influencia de los recursos del videoclip (zoom psicodélicos, cámaras lentas, picados y contrapicados), era la nueva huella de un cineasta extremadamente dotado.D1Sharon Waxman nos contó en su obra Rebels on the backlot cómo en los años 90 un puñado de directores conquistaron el sistema de los estudios de Hollywood. Estos 6 cineastas “maverick” eran Spike Jonze, Steven Soderbergh, David Fincher, Paul Thomas Anderson, David O. Russell y, por supuesto, Quentin Tarantino. 20 años y 8 películas después el más mediatizado de ellos continúa en plena forma con su particular universo, mejorado por el tiempo y la experiencia. Muchos más diálogos y una acción sabiamente dosificada que va incrementándose hasta el estallido de la traca final, donde no queda ni el apuntador.D2Rodeado de sus compas, Leonardo DiCaprio y Samuel L. Jackson, impresionantes, y Christoph Waltz, majestuoso y lo mejor de la película, rescatados de otros tiempos, Don Johnson, y nuevos amigos como Jamie Foxx, actor sin complejos que no duda en mostrar (en esta ocasión sin ayuda de su móvil) todo lo que sea necesario para bordar un personaje que, primero en la observación y el aprendizaje, no duda luego en pasar a la pura y dura práctica, Tarantino decide apropiarse del spaghetti o chorizo western, subgénero cinematográfico de los años 60 y 70 que debe su denominación a su lugar de rodaje (en Italia -estudios de Cinecittà– o en España -desierto de Tabernas de Almería-).D3Gran admirador del primer Django (1966) de Sergio Corbucci, el cineasta ya utilizó una de sus escenas (la del corte de oreja del predicador) en su primera película y hoy, en muestra de gratitud, hace que su protagonista, Franco Nero, interprete un papel en este Django encadenado.D5El director, al combinar dos personajes tan interesantes, un cazador de recompensas de origen europeo y un  esclavo liberado, dos años antes de la guerra de sucesión americana, trata al mismo tiempo temas tan diversos como la construcción de la identidad nacional o el pasado esclavista, recurrentemente ocultado por los americanos. De hecho una de sus mejores escenas recuerda un momento del filme más racista de la historia del cine, El nacimiento de una nación (1915) de D. W. Griffith.D8Tarantino, apasionado del western, cuenta que este género si bien describe la creación de un país también cambia con las décadas. En los años 30 todavía celebran el espíritu de los pioneros de una manera simple, el bueno sombrero claro y el malo, obscuro; una década después y, traumatizados por la reciente guerra, el género se aproxima al cine negro; en los 50 aunque tímidamente se utiliza la figura de los indios para defender los nacientes derechos cívicos de las personas de color; más tarde evocan Vietnam o los escándalos políticos… lo más interesante sería deducir cómo Tarantino describe la segunda década del siglo XXI. ¿Una Europa, encarnada por Christoph Waltz, sólo interesada por el dinero frente a una América, Jamie Foxx, alucinada por la inmensa violencia que aún la rodea? Cada espectador tendrá su propia interpretación. Eso sí no os la perdáis, hasta el propio Quentin Tarantino actúa en ella, y está, os juro, explosivo.

Jack Reacher (One Shot), EE.UU. 2012

Lo tiene todo para encandilar al público. Una buena historia de suspense: un asesino se carga a 5 personas, sin relación aparente entre ellas, en un parque público (por desgracia, recuerda mucho las matanzas de los últimos años) y a sangre fría. En el momento de su arresto se niega a declarar y lo único que dice es que busquen a Jack Reacher.JR1De la mano de un excelente escritor británico de novela negra, Jim Grant, más conocido por su seudónimo, Lee Child, en 17 entregas desde 1997 con su primera novela (Killing Floor), el autor ha construido todo un mundo alrededor de este personaje, antiguo policía militar, solitario, defraudado del sistema y decidido a tomarse la justicia por su cuenta (y también un pelín reaccionario).JR2Con un estilo vivo, frases cortantes, suspenses elaborados y unas gotas de sorpresa en momentos inesperados, Lee Child es un verdadero placer literario, malsano y canalla (es injustificable una justicia privada pero, confesemos, que ante todas las barbaridades que vemos cada día, dan muchas ganas de enviar a varios directamente a la cárcel).JR3La pregunta qué se planteaba era cómo funcionaría Jack Reacher en pantalla. Un personaje con tantos novios para su adaptación, desde Brad Pitt, Hugh Jackman, Vince Vaughn, Jamie Foxx, Will Smith hasta Brad Pitt, el afortunado, al final, ha sido Tom Cruise. Con su recién cumplidos 50 añitos, un tipo que todavía permite lucir abdominales y, lo bueno de la edad, también reírse de ellos, al actor le sienta tan bien el personaje como su chupa de cuero.JR4Con los ingredientes necesarios para hacernos la boca agua: abogada rubia e inteligente, defensora de todos los derechos, Rosamund Pike (actriz que cada vez me gusta más), hija de un procurador que no sabemos de qué pie cojea, excelente Richard Jenkins (uno de los secundariso de lujo del cine actual), un asesino, ¿falso culpable o psicópata asesino múltiple con pasado tenebroso?, otro secundario de peso, Robert Duvall, en pletórico vendedor de armas, lo mejor son los malos de la película (uno de ellos, Jai Courtney, visto en la serie Espartacus).JR5Evidentemente caemos rendidos ante el malo oficial, malvado y sádico de la peli al que no le hace falta más que dos dedos para causarnos escalofríos. Nadie mejor que Werner Herzog, uno de los mejores directores de cine actual que se presta a quitarnos el sueño con sólo tres escenas. Su sibilino acento alemán, más cortante que la política de su compatriota y, otro de los personajes que más nos ha quitado el sueño últimamente, Angela Merkel, está claro que nos aportará ningún tipo de rescate. Peli muy visible que promete instalarse en héroe, por una vez, sin poderes sobrehumanos ni mallas apretadas.JR6Werner Herzog completa la inmensa y extraordinaria galería de directores que han actuado en películas de otros con exquisitos resultados. Mis tres preferidos: Carol Reed y Orson Welles en El tercer hombre (1949),  Charlie Chaplin y Buster Keaton en Candilejas (1952), Stanley Kubrick y Sidney Pollack en  Eyes Wide Shut (1999) y mi ídolo, sin duda alguna, por encima de todos: Erich Von Stroheim, con D. W. Griffith en El nacimiento de una Nación (1915), con Jean Renoir en La gran ilusión (1937) y con Billy Wilder en El crepúsculo de los dioses (1950), junto con Buster Keaton también. Lujazo. ¿Y los tuyos?

Skyfall, Reino Unido 2012

El agente secreto 007 encarna, sin duda alguna, la franquicia visible por excelencia del cine actual. La serie celebra sus 50 añitos, de éxito ininterrumpido a través de la piel y los músculos de los 6 actores que han encarnado al británico más famoso del mundo, con esta 23 entrega y el lujazo de permitirse, por primera vez en la historia, un director con un Oscar de la Academia. Continuando con nuestra serie de películas sobre Virilandia, si un hombre no podía faltar, ése era Bond, James Bond, capaz de llevar un bañador tan ajustado como Ursula Andress, y no sólo no morir en el intento sino además salir victorioso. Signo de los tiempos que vivimos el espía también se ha dejado seducir por la barba, aunque sea brevemente, hecho que no ocurría desde hace 10 años en Muere otro día.Todo el  universo del personaje nos incita a los sueños más juveniles de nuestra existencia: misiones imposibles, mujeres fatales, enemigos sádicos, coches de lujo, trajes de marca, lugares exóticos (de nuevo Turquía y Estambul en esta entrega y no me extraña, ciudad, símbolo por excelencia de la mezcla Oriente-Occidente y una de capitales más energéticas de Europa) y la seguridad de que, pase lo que pase, no se va a despeinar, le confiere al personaje esa aura de mito que reconforta al ciudadano de a pie y le muestra que, pese las peores dificultades, un hombre verdadero vence siempre y sin ni siquiera sudar. Evasión y espectáculo garantizado.La llegada de Sam Mendes a la gran pantalla, inicialmente director de teatro que adapta sus obras a la televisión (de hecho dirigió hace mucho, mucho tiempo a Judi Dench -7ª vez en el papel de M- en El jardín de los cerezos de Chejov), con American Beauty en 1999, marcó la nueva tendencia del cine de autor gran público del nuevo siglo: más psicológico, cínico, profundo, políticamente incorrecto y con grandes estrellas que se mojan en papeles excesivos o alejados de sus registros habituales.Su inmersión en la saga de James Bond prometía una sublime acción, ya lo demostró en Jarhead, el infierno espera (2005), oficios complicados en tiempos difíciles, Camino de la perdición (2002), heridas del pasado que no dejan de sangrar, Revolutionary Road (2008), y una exquisita ternura hacia sus personajes, Un lugar donde quedarse (2009). ¿Ha valido la pena la larga espera de esta producción poblada de dificultades?Tras la clásica escena de apertura de la serie, Jame Bond corriendo como alma que lleva el diablo tras el malo de turno (nivel de adrenalida al máximo de lo soportable) aparecen los, quizás, mejores títulos de créditos de la saga, acompañados por la  envolvente voz de Adele. Un comienzo prometedor a la altura de las circunstancias.Pero como era de esperar lo mejor llega con el malo de la película, Javier Bardem (el doble, espejo deformado o reflejo negativo de 007), rubio como la cerveza, lo que no es nada habitual para los infames asesinos de la serie. Y con él se desarrolla la escena más inesperada de la película, un interrogatorio que descubrirá nuevas revelaciones sobre los usos y costumbres de la vida sexual del agente secreto. Las interpretaciones de la escena darán mucho de sí en los foros bondianos…Toda la publicidad de la película, la campaña de marketing del lanzamiento de Skyfall y la celebración de su 50 aniversario han sido sabiamente conjugados en una perfecta combinación de suspense, imágenes espectaculares y entrevistas inteligentes. Aunque no creo que sea la mejor de la serie, como muchos ya han afirmado, sí se trata de una excelente película de género repleta de referencias y citas cinematográficas (como mínimo, La dama de Shangái, Apocalypse now, Ciudadano Kane, El silencio de los corderos... y hasta Lo que el viento se llevo). Y la película acaba (atención spoiler previsible) con una poderosa afirmación en la fecha de su aniversario: James Bond volverá. Sinceramente, eso es lo que desea el público. Skyfall se asemeja a un episodio de transición que establece las bases y los nuevos protagonistas de un futuro prometedor. Creo que nos queda 007 para rato (en todo caso, Daniel Craig ha firmado para rodar otras 5 entregas, récord absoluto). Feliz cumpleaños y larga vida al agente más versátil de la historia del cine.

Prometheus, EE.UU. 2012

Nadie mejor que un director del talento de Ridley Scott, que debutó su impresionante carrera con tres obras maestras de género (Los duelistas, 1977, premiada en Cannes, Alien, 1979 y Blade Runner, 1982), para comenzar una nueva saga. Vamos a intentar responder a lo primero que se plantea todo espectador ante Prometheus, por supuesto, sin desvelar detalle alguno que impida disfrutar plenamente del espectáculo (desde 1979 la mayoría ya sospechábamos que Alien era el mayordomo del Papa).

¿Cómo situar el film respecto de la mítica saga? Prometheus es, a la vez, una precuela de Alien y el primer episodio de una nueva trilogía. El octavo pasajero estaba concebido en base a las interacciones de una doble relación triangular: en el espacio una civilización se había vista azotada por dos plagas de bichos poco recomendables, aliens y predators. Y en nuestro planeta, los componentes eran los humanos, los androides y nuestra plaga particular, una multinacional sin escrúpulos dispuesta a explotar a todos y todo, sin ningún límite (metáfora tan simple como eficaz), la Weyland Corporation.

El director, hasta hoy, se había centrado en las dos plagas: los xenomorfos o aliens (contando con lo mejores directores de las decadas 80 y 90, James Cameron, David Fincher y Jean-Pierre Jeunet obtuvo un clamoroso éxito) y los depredadores (mejor no hablar). En esta nueva aventura Ridley Scott se centra en lo que todavía no había tratado: los miembros de la civilización que estos monstruos destruyeron (uno de ellos aparecía momificado, en la nave con forma de herradura, el famoso space jockey de la primera entrega).

El inteligente guión que, situando el nuevo periodo en 2089 (curiosa fecha que celebra los 300 años desde la Revolución francesa y en la que sus protagonistas se lanzan a la conquista de la última libertad por reconocer: el derecho a saber) consigue responder a muchas de las preguntas de las sagas anteriores, para mayor placer de sus seguidores, sin obstaculizar el relato para la nueva generación de espectadores: un indicio sobre la rebelión de los robots y su posterior destrucción, la causa posible por la que la nave se denomina Madre (en las 3 primeras entregas) y Padre (en la cuarta) -uno de los brillantes tributos del director a Kubrick (Ripley hiberna en la misma posición, al final de la primera entrega, que el feto de 2001, Odisea del Espacio)- o el origen de los humanos (en una maravillosa e impresionante escena con la que se abre Prometheus).

Esta nueva entrega retoma las obsesiones del director, un tanto edulcoradas, y al mismo tiempo, más gore  (nuestra visión ante el horror se ha visto enormente ampliada desde finales de los 80) de la saga Alien, bañada en el típico pesimismo de la época (guerra de Vietnam y escándalo Watergate en 1972 junto a la primera crisis del petróleo en 1973) que nunca abandonará. La maternidad (aquí equilibrada entre el personaje de Guy Pearce, Noomi Rapace y una sorpresita), la explotación de los recursos, la manipulación de los conglomerados supranacionales industriales, la sexualidad monstruosa, la deshumanización de los humanos (Charlize Theron) o la humanización de los robots (impagable Michael Fassbender que, como manda la tradición alfabética, esta vez le tocaba la D -tras Ash, Bishop y Call- y, con un poco de suerte, quizas, Ermenegildo en la próxima entrega).

Entrega más sinfónica (Chopin) que electrónica, con unos efectos especiales magníficos (excelente Capilla Sixtina del futuro), unos paisajes alucinantes (exteriores localizados en Islandia), unos decorados mastodónticos construidos sobre 5.500 metros cuadrados, una dosificada alternancia de descripción y acción, un suspense altamente recomendable en la mitad de su metraje, unos comportamientos políticamente incorrectos (lo que no es habitual en le cine espectáculo de hoy) y una galería de personajes bien construidos, Prometheus convence, intriga y se agradece, sin sobrepasar el nivel de sus anteriores entregas.

Por supuesto, Michael Fassbender sobresale por encima de todos los actores, tanto en su tiempo libre como en plena acción, un intérprete que una vez que los directores lo prueban, jamás abandonan (Scott inicia este mes el rodaje de la adaptación de The Counselor de Cormac McCarthy). Cuando alguien, como este director, alabado sea su buen gusto, rinde homenaje en Prometheus a dos de mis principales referencias culturales: el gazpacho (sí, sí) y el buen cine (Lawrence de Arabia y no sigo leyendo… confirma  que en futuro seguiremos viendo los clásicos) me conquista. Me imagino esta nueva serie continuada por los mejores directores del momento: Steve McQueen o Jeff Nichols… como Ridley Scott hizo al escoger a los geniales continuadores de la saga Alien, y se me hace la boca agua (¿o es por el gazpacho?).

Para finalizar, un buen grito ante la exhibición cinematográfica española, que bien conocido por los seguidores de la saga Alien y el público en general, nadie escuchará. El equipo del film ha puesto en marcha una brillante campaña de promoción basada en un medido cuentagotas de imágenes alucinantes, con una web especialmente creada para ello (la Weyland Industries) y un estreno masivo, casi simultaneo, a nivel internacional. Entre hoy y mañana en 13 países, incluido Chile, el único de habla hispana, y entre el primero y el 15 (el 8 de junio se estrenará en su país de origen) una treintena, entre otros Argentina, Colombia y México, se sumarán al fenómeno. En España tendremos que esperar hasta principios de agosto. Lo que, en términos cinematográficos, representa un más allá de la eternidad.

Cuando se acusa al público español de piratería en monstruosa escala, resulta injusto limitar este fenómeno a la supuesta tendencia delictiva del espectador español y habría que analizar con mayor justicia un sistema de exhibición que recuerda a la ley seca. Pocas copias y/o tarde. Un reciente ejemplo: si la exquisita película de autor, Seis puntos sobre Emma, se encontraba en el top-manta horas después de su estreno, ¿qué ocurrirá con un macro producto como Prometheus? ¿Por qué el continuo descenso de espectadores en las salas españolas? ¿Cuál es la verdadera causa de que el espectador busque en otras fuentes lo que no encuentra en el cine?

Hoy, feliz coincidencia, Cine Invisible publica el comentario número 300, sobre otras tantas películas y la inmensa mayoría siguen sin estrenarse. Lo dicho: grito todo lo que puedo pero nadie me escucha en este universo. A ver si se ponen las pilas, o mejor dicho, nos ponen más pelis, y cuanto antes, mejor.

A %d blogueros les gusta esto: