Aria y My Body My Rules, Francia 2017

“La vida íntima se ha convertido, lo que no ocurría antes, en una cuestión social”. Oportuna, y sorprendentemente  actual, reflexión que podría resumir a la perfección la carrera cinematográfica de Émilie Jouvet, pero que, en realidad, pertenece a Honorine, una de las protagonistas de La Comedia Humana de Balzac, de 1843. El público tuvo que esperar más de un siglo, hasta 1954, con la publicación de Bonjour tristesse, de Françoise Sagan, para descubrir la fuerza liberadora que el cuerpo femenino podía aportar a la sociedad (cuestión ni siquiera reivindicada por la escritora, puesto que para ella era evidente).Émilie Juvet recoge esta larga tradición de analistas de las estructuras sociales en su conjunto y de sus comportamientos frente al individuo. Desde sus fotografías y cortometrajes, -su primer título ya es suficientemente significativo Étre un femme (Ser una mujer)-, el valiente One Night Stand, que será el primer film pornográfico queer lésbico y transgénero francés, la artista ha actualizado y construido su propia comedia humana, situándola por fin en el siglo XXI.Émilie Jouvet revisa y analiza, como en Aria, los mecanismos de poder, en la que el cuerpo se ha convertido en la última arma a nuestra disposición, la maternidad y paternidad en una sociedad que dificulta o impide, en muchos lugares, este derecho a una parte de la población, la vida íntima como expresión natural y parte fundamental del ser humano o, incluso, el rol femenino en un mundo profesional tan masculinizado -tan explotado y tan poco explorado- como es el cine para adultos (Histoire d’Ovidie, un apasionante retrato de una de la pocas directoras de este género).Pero lo más sorprendente e inteligente de todo la obra de Émilie Jouvet es la naturalidad de su mirada sobre los temas que aborda. Mientras algunos buscan su lado provocativo, o hasta inmoral, la cineasta despliega, en todo momento, una infinita ternura y una delicada mirada sobre todos sus protagonistas, la lucidez de sus acciones y la belleza de sus gestos. Un cuerpo -físico y social- de infinitas posibilidades que se expresa por, para y en sus funciones más íntimas y naturales.En My Body My Rules, brillante manifiesto feminista, da voz a las mujeres con cuerpos fuera de los arquetipos sociales, invisibles o tabú, pone en duda las normas y plantea posibles resistencias, a través de una galería de retratos que cuestiona género, color, habilidades motrices, vellosidad, peso, edad o identidad (un film tan sugestivo que no es extrañar que se llevase el Premio Especial del Jurado al mejor documental del último Festival Chéries-Chéris de París).Émilie Jouvet lleva años luchando contra las intolerables actitudes, que en los últimos meses han sido noticia en todo el mundo. Ahora, por fin, se han unido a ella miles de mujeres, y de hombres también, que han denunciado que el acoso, el abuso y el desprecio son inconcebibles en la actualidad. Por ello no puede ser más acertado el Premio Honorífico, que este año le dedica Zinegoak, brillante festival que celebrará su 15ª edición del 19 de febrero al 4 de marzo.

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Call Me Be Your Name, Italia 2017

No conozco una temática más trepidante, intensa y creativa en la historia del cine que las relaciones no heterosexuales (normativa social aceptada mayoritariamente y reproducida al infinito). El séptimo arte nace con la intención de mostrar, desvelar y poner en imágenes todo lo concebible. Sin embargo, las sucesivas construcciones sociales de lo políticamente aceptable (por tanto, con permiso para ser enseñado), envían las relaciones que se salen del marco de lo admitido, a la política del disimulo, del no mostrar o, en su máximo grado (todavía en demasiadas sociedades), a la obligación de ocultar para no cometer un delito.       De hecho en plena escritura sobre ello (adelanto el título: Una -no tan joven- y alocada historia del cine de la diversidad), esta tensión en la última película de Luca Guadagnino, entre el sueño del cine de filmarlo todo y la realidad por un segmento de la humanidad de la obligación, impuesta o sugerida,  de ocultarlo siempre, magistralmente construida, es la esencia misma del éxito de Call me be your name.   La unión de dos visiones diferentes del despertar amoroso ha creado una de las películas más hermosas, poéticas y sublimes del año que, evidentemente, está conquistado premios desde su presentación en Sundance. Iniciando con Melissa P, en 2005 (también adaptación de otra novela de éxito, con María Valverde como protagonista, que ya afirmaba “nadie me puede avergonzar por lo que soy”), una especie de tetralogía, Luca Guadagnino es el gran artesano del deseo expuesto, del estallido pasional y de la exhibición del placer (Yo soy el amor y Cegados por el sol continúan su coherente filmografía).Y por otra parte, James Ivory (que hacía 8 años que no presentaba ninguna película y que, en principio, también iba a dirigirla junto al cineasta italiano) firma el guión, aportando la inevitable contención de un director de casi 90 años (expresión de mecanismos sociales de otra época que, en parte, sobreviven hoy), el silencio expresivo y la difícil retención de la presa sin control de un amor que no se sabe si es  no correspondido. La combinación de estas dos miradas hacen de Call me be your name, una película tan luminosa (Guadagnino) como nostálgica (Ivory).El encuentro en 1983 entre Elio (Timothée Chalamet), adolescente de 17 años que pasa el verano con sus padres en una casa de la Riviera Italiana, y Oliver (Armie Hammer), estudiante americano que se une a ellos (adaptación de la novela homónima de André Aciman), es de esas historias que dan ganas de enamorarse tres veces por día durante los próximos sesenta años.Y si añadimos el talento de Timothée Chalamet (total protagonista de los EE.UU. de 2017 –Nahuel Pérez Biscayart lo sería en Euroopa- y el que mejor ha sabido elegir sus papeles, también en Lady Bird y en Hostiles, que se estrena la próxima semana en su país) el encanto del público no puede ser mayor. No te la puedes perder.

Las heridas del viento, España 2017

Tras más de dos años en cartel en el Teatro Lara de Madrid, por fin, Juan Carlos Rubio, actor y dramaturgo, se lanza a la adaptación cinematográfica de este maravilloso texto teatral, Las heridas del viento, que ya se había paseado por escenarios de Estados Unidos, Grecia, Italia, Méjico, Argentina o Chile.David no sale de su sorpresa, tras descubrir entre los papeles de su difunto padre, rígido, imperturbable y estricto en vida, un manojo de cartas de amor escritas por otro hombre. Frente a todas las imágenes y recuerdos de su padre, el hallazgo es de lo más perturbador, por lo que decide contactar al autor de las apasionadas misivas.Lo que quizás algunos puedan reprochar a la película, su aspecto teatral, creo que en realidad es su mejor baza estilística. Una profunda y marcada fotografía en blanco y negro, una casa, entre mansión y cabaret, y directamente, un escenario real afirman lo que su autor proclama entre líneas, la vida es puro teatro. Muy próxima de las grandes tragicomedias del sueco Ingmar Bergman, que se movía con tanta agilidad entre la escena y la película, Juan Carlos Rubio, aprovecha los recursos dramáticos para acentuar un potente texto (primeros planos que captan el mínimo detalle gestual), repleto de perlas que piden a gritos parar la imagen para tomar nota: “no me gustan las cosas previsibles, por eso no me gusta la vida. Sé cómo acaba”. Pero la mejor baza de Las heridas del viento es la pareja de actores que interpretan a estos personajes. Nuestra grandísima Kiti Manver está que se sale, literalmente, de la pantalla. Desde su primera escena, con pestañón de guerra y pelucón platino, hasta el jersey sobre los hombros de burguesito incrédulo, la actriz saca provecho de cada prenda para dibujar a la perfección la exuberancia y cinismo de su personaje. Sin olvidar a Daniel Muriel que encaja con maestría las embestidas de su compañera de reparto.Un verdadero placer escuchar un texto tan inteligente arropado por un fotografía tan mimada. Estreno el 8 de noviembre en el Festival de Sevilla, también clausurará la 22ª edición de LesGaiCineMad. No se puede imaginar un broche mejor para tal festival.

Bones of Contention, EE.UU. 2017

En un mundo plagado de imágenes, vertidas desde todos los soportes, tamaños y momentos posibles, pocas tienen la capacidad de impresionar. Y en la mayoría de los casos, se adivina tan claramente su perturbara intención que, avisados de antemano, el efecto es menor. Ocurre lo mismo con las palabras, la verborrea actual que va de los 140 caracteres al formato panfletario de la mayoría de la prensa actual de nuestro país, (incluidos los artículos de supuestos intelectuales que se atreven a criticar expresiones del arte, como el cine o el teatro, confesando desconocer por completo el tema tratado), causa cada día menos impacto. Casi mejor. La inteligente directora y guionista, Andrea Weiss, ha logrado, lo que muchos intentan y pocos consiguen, impresionar con Bones of Contention. Un impactante documental con un magnífico título original, Los huesos de la discordia (casi tanto como la célebre frase de Lorca que servirá para su título en español: Pero que todos sepan que no he muerto), del que todavía no me he conseguido recuperar.120.000 cadáveres de la dictadura franquista enterradas en pozos, cunetas, campos o quién sabe dónde. Una de las víctimas era Federico García Lorca, un artista, dramaturgo y poeta que, por su identidad sexual, era una espina en el corazón del régimen. El artista más universal de la época era homosexual (en un país donde se suponía, como en Irán hace unos años, que este tipo de individuos no existían).Andrea Weiss habla, por primera vez en la gran pantalla, sobre la persecución, asesinato y aniquilación del conjunto de la población LGBTI+. De hecho, que hoy en pleno 2017 sea la primera vez que se trata este tema en este formato, ya es alucinante. Nuestro país es especialista en el silencio. Tras una masacre masiva, y sin lugar a dudas, innumerables delitos contra la humanidad, los políticos españoles decidieron que el silencio era lo mejor. Callar, lo más sensato y pasar página, la única alternativa. Pero lo que olvidaron es que una verdad a tiempo es un hecho, una circunstancia o, simplemente, una constatación, pero una verdad oculta es una bomba que estallará, con mucha más fuerza, cuando más tarde se manifieste.

Solo los movimientos sociales son los que han logrado cambiar algo en nuestro país, ante el generalizado conjunto de políticos incompetentes que nunca han sabido dialogar, escuchar a los otros o intentar afrontar los problemas a tiempo. Las heridas que no se cierran, se gangrenan y es mucho más difícil curarlas.En cualquier otro país, Bones of contention sería reconocido como un documental de utilidad pública, aquí seguro que su distribución no será fácil. Gracias a algunos valientes, en este caso el Festival Internacional de Cine LGBT de Extremadura (de nuevo, la sociedad civil), se podrá disfrutar. En este país de sordos, muchos querrán que también nos quedemos ciegos. Gracias Andrea Weiss y enhorabuena por abrir el diálogo.

Corpo Elétrico, Embrasse-moi!, Les garons sauvages (The Wild Boys), A Moment in the Reeds y Mr. Gay Siria.

Durante la primera quincena de noviembre el intrépido cinéfilo, amante de las sensaciones fuertes, vive von el corazón partido. Literalmente, un sin vivir, entre la excelente programación del festival LesGaiCineMad de Madrid y la explosión de estrenos del cine europeo en el Festival de Sevilla.Da gusto ver como las habituales producciones del cine de la diversidad entran en el discurso de la normalidad, frente a una larga historia de protagonistas que solo sufrían, se suicidaban, o en algunos casos (demasiados), acababan agredidos o asesinados. Ópera prima, tras varios cortos y muchos guiones, del inspirado director Marcelo Caetano, Corpo Elétrico emociona por su naturalidad.La historia de Elías, con el excelente actor Kelner Macêdo, joven de 23 años, es el retrato perfecto de la nueva generación, con independencia de su identidad sexual. Sus encuentros en busca del amor, la experiencia de su primer trabajo, sus anhelos e ilusiones, como el de casi todos/as, hacen que empaticemos con él desde el primer fotograma.Corpo Elétrico contiene uno delos mejores planos secuencias del cine de este año. Hacia la mitad del film, Elías y sus compañeros de trabajo salen de la fábrica y comienzan a buscar un lugar para tomar algo. Mientras avanzan por la calle se van mezclando, comparten bromas, cambian de interlocutor, bromean o cuentan intimidades, una escena que resume a la perfección la filosofía de la película: el conocimiento del otro es el primer paso para su aceptación. Un momento que, pese a su aparente sencillez, emociona.Premio Maguey de este año y también candidata al Sebastiane Latino pero… es imposible no rendirse ante Una mujer fantástica. Una película que promete un brillante futuro a su director, Marcelo Caetano.La cantante y actriz francesa, Océanerosemarie, salta al cine con Embrasse-moi! (Bésame), adaptación de su exitosa producción teatral, La Lesbienne invisible. De nuevo, la absoluta normalidad que tanto placer procura en el cine. Una comedia pop y romántica en que la protagonista busca su media naranja, en medio de una insoportable ex (genial, como siempre, Laure Calamy) y una madre que, como todas, siempre prefiere a su novia anterior (real como la vida misma).      Las reflexiones sobre el amor, el lugar que queremos ocupar en esta sociedad o, sencillamente, la posibilidad de que el último encuentro sea el definitivo, también están a la orden del día en A moment in the Reeds. El finlandés, Mikko Makela, nos cuenta la historia de Leavi, un estudiante que prepara su tesis en París, y que regresa a la casa de su padre por unos días, y su encuentro con Tarek, un emigrado sirio que trabaja para su padre. Si bien sus motivos son distintos, ambos se encuentran desarraigados y sin saber muy bien dónde y, eterna duda, con quién instalarse en esta vida.Incluso aunque muchos nos quieran la normalidad, otros luchan cada día por lograrla. Batalla inteligente, quijotesca y valiente la de estos hombres, también sirios, perseguidos en su país, con penas de muerte por su condición y que, frente a ello, deciden participar en concurso de belleza más polémico en su país, la elección de Mr. Gay Siria. Dos refugiados en Turquía que creen en la normalidad aún bajo las peores circunstancias. Un documental de la valiente y comprometida, Ayse Toprak. Otro de los sabrosos momentos que ofrece la 22º edición de LesGaiCineMad. Al final, lo mejor es no escoger una sino verlas todas. A disfrutar.Desde Sevilla parece que se ha establecido un diálogo (cinéfilo) con Madrid. Descubramos las cartas desde el principio, Les garçons sauvages (The Wild Boys), de Bertrand Mandico, es una futura película de culto que mezcla universos tan particulares como los más ardientes sueños eróticos de James Bidgood, las tensiones sentimentales del febril Rainer Werner Fassbinder y la poesía visual del tándem de los dos Jean, Genet y Cocteau.Con un sublime blanco y negro, su director Bertrand Mandico (amante de los fluidos filmados) aborda un género casi olvidado, el de aventuras. Cinco jóvenes burguesitos son enviados por sus padres a una isla para que castigarles, por el último de sus múltiples vandalismos, agresiones y violencias. El encargado de corregirles será un capitán holandés que les llevará… ¿por el buen camino?Por si fuera poco, la isla está plagada de plantas muy, muy exóticas, imprevisibles personajes y poderes que les transformarán radicalmente. Premio del último FIFIB (Festival Internacional del Film Independiente de Burdeos), Les garçons sauvages (The Wild Boys) es, por el momento, LA película queer y transgénero del siglo XXI. (Qué tiemble Bruce LaBruce que también presenta The Misandrists…tela).

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