Las heridas del viento, España 2017

Tras más de dos años en cartel en el Teatro Lara de Madrid, por fin, Juan Carlos Rubio, actor y dramaturgo, se lanza a la adaptación cinematográfica de este maravilloso texto teatral, Las heridas del viento, que ya se había paseado por escenarios de Estados Unidos, Grecia, Italia, Méjico, Argentina o Chile.David no sale de su sorpresa, tras descubrir entre los papeles de su difunto padre, rígido, imperturbable y estricto en vida, un manojo de cartas de amor escritas por otro hombre. Frente a todas las imágenes y recuerdos de su padre, el hallazgo es de lo más perturbador, por lo que decide contactar al autor de las apasionadas misivas.Lo que quizás algunos puedan reprochar a la película, su aspecto teatral, creo que en realidad es su mejor baza estilística. Una profunda y marcada fotografía en blanco y negro, una casa, entre mansión y cabaret, y directamente, un escenario real afirman lo que su autor proclama entre líneas, la vida es puro teatro. Muy próxima de las grandes tragicomedias del sueco Ingmar Bergman, que se movía con tanta agilidad entre la escena y la película, Juan Carlos Rubio, aprovecha los recursos dramáticos para acentuar un potente texto (primeros planos que captan el mínimo detalle gestual), repleto de perlas que piden a gritos parar la imagen para tomar nota: “no me gustan las cosas previsibles, por eso no me gusta la vida. Sé cómo acaba”. Pero la mejor baza de Las heridas del viento es la pareja de actores que interpretan a estos personajes. Nuestra grandísima Kiti Manver está que se sale, literalmente, de la pantalla. Desde su primera escena, con pestañón de guerra y pelucón platino, hasta el jersey sobre los hombros de burguesito incrédulo, la actriz saca provecho de cada prenda para dibujar a la perfección la exuberancia y cinismo de su personaje. Sin olvidar a Daniel Muriel que encaja con maestría las embestidas de su compañera de reparto.Un verdadero placer escuchar un texto tan inteligente arropado por un fotografía tan mimada. Estreno el 8 de noviembre en el Festival de Sevilla, también clausurará la 22ª edición de LesGaiCineMad. No se puede imaginar un broche mejor para tal festival.

Pieles, España 2017

Dos metros cuadros de piel recubren nuestro cuerpo. Todas diferentes en color, textura, sabor y brillo. Primer contacto con el exterior, puente hacia los otros y también, barrera, dique y frontera ante los demás. Dos metros cuadrados tan inmensos como un nuevo continente, dispuesto a ser descubierto, o inhóspito, como un paraíso salvaje, al que nunca tendremos acceso.      Eduardo  Casanova, experto peletero de los sentimientos, no opta por el sendero fácil de una ópera prima basada en una novela de éxito o un sólido guión ajeno. Este sorprendente actor dirige, escribe y hasta se adentra en la producción de Pieles. Y, para situarle de inmediato en el lugar que le corresponde, el que arriesga gana (o pierde mucho, que es lo habitual en el cine) y, como mínimo, debería comenzar a hacer sitio en su biblioteca para el próximo Goya de director novel.   A veces es más fácil definir una película por lo que no es. Pieles no el prototipo de primer film realizado para llamar la atención, mediante el consabido recurso de la provocación (aunque su visión por momentos sea dura, ¿pero no lo es también la vida misma?). Pieles no es una copia, un subproducto o un derivado de Freaks, El resplandor o Terciopelo Azul (aunque juegue con las referencias y el universo de Browning, Cronenberg, Kubrick o Lynch, como la referencia a la habitación 237…).Pieles es una fantástica historia de amor. Pero no un amor ciego, sordo o mudo hacia otra persona (“aunque en este mundo hay personas a las que es mejor no ver”, como afirma su potente guión) sino un apasionante relato de aceptación personal, con nuestros propios defectos, nuestros oscuros lunares y arrugas mal situadas (que también las hay en la película y que, al final, son parte de su encanto).Dada la potencia con la que Eduardo Casanova se ha lanzado a la dirección con Pieles, no sería de extrañar que estemos ante uno de los nombres que logre, por fin, situar nuestro cine en los mejores festivales internacionales. De hecho, ya ha comenzado su carrera en el festival de Berlín.Un exquisito casting completa esta sorprendente e imprescindible película: Macarena Gómez, fascinante e impecable, Carmen Machi, brillante como siempre, un irreconocible Jon Kortajarena al que nos gustaría ver mucho más en la gran pantalla, y una de las diosas del cine actual: Candela Peña. Una de las mejores actrices que haya pasado por la pantalla, nacional e internacional, intérprete maleable que se adapta como un camaleón a cualquier registro, sólida como una roca en la encarnación de sus papeles, y con una presencia que corta el aliento. ¿Quién es capaz de expresar una tórrida pasión y un éxtasis sin límites solamente con su melena? Me reconozco rendido a los pies del talento de Candela Peña en cada una de sus actuaciones.         En los últimos años nuestra piel de toro cinematográfica se ha ido reduciendo, arrugando y perdiendo brillo. Por suerte una nueva generación de directores ha decidido lustrarla y sacar le el brillo que se merece. Y sin lugar a dudas, Eduardo Casanova es uno de ellos. Incluso puede que hasta la cambie de color o la transforme en unicornio de colores o sirena de mares tropicales, al más puro estilo queer. Pieles es un futuro film de culto y el presente del mejor cine español. Déjate acariciar por ella.

Como la espuma, España 2017

El deseo es una enorme mansión a las afueras de la capital del Amor. Con 13 baños, con frecuencia demasiado ocupados, innumerables habitaciones, en las que algunos quieren entrar y no tienen acceso porque están ocupadas, otros anhelan irrumpir y no se deciden, y varios se han instalado de forma permanente, centrados en sí mismos, mirando por la ventana que da al jardín, sin saber que detrás hay otra persona, con su mano a un milímetro de su hombro que no osa acariciar.En su parte trasera, este bien inmóvil, de sólidas fundaciones y con una decoración que no lucha por mantenerse al gusto de la moda del deseo, que muchos estilistas desean imponer en cada temporada, este bien inmobiliario, y nobiliario de arraigadas raíces en solido terreno de nuestras más secretas aspiraciones, dispone de una piscina repleta de todo el líquido de los sueños de felicidad donde cada visita puede refrescarse la memoria.Y con un propietario que ha heredado esta casona, como se recibe la mayoría de lo que nos transforma, sin haberlo deseado. Inmovilizado en una antigua relación que no le permite avanzar, rodeado de personas que no conoce y que, sinceramente, tampoco quiere conocer.Como la espuma es una película que parece, a primera vista (como en el amor, el primer contacto suele ser engañoso, dado que se trata más bien de química de feromonas que ignora la psicología del ser que las envía) hablar de sexo sin mañanas y que, en realidad, habla de amor ansioso de mil y una noches de verdades compartidas y escalofríos de sinceridad.Roberto Pérez Toledo es el director de cine español más dotado para el doble, y hasta el triple, sentido, un experto en las alusiones cinéfilas, juguetón con las imágenes y las palabras (a veces, dan ganas de parar la proyección y tomar nota de sus frases) y el indiscutible maestro de la metáfora visual. Un digno, fiel y sensato, pero con un toque de locura y riesgo, heredero de Luís García Berlanga.Este artículo es un intento de definiciones: de una película, Como la espuma, fresca, divertida, profunda, sincera y generosa, de un director, Roberto Pérez Toledo y de un tema, el deseo. Pero ante esta temática, la tentativa sólo puede ser frustrada porque es imposible delimitarlo con unas simples palabras. Lo único que se puede hacer es lanzarse al agua, como en la piscina de Como la espuma, o ir al cine y verla porque puede que despierte mucho más que una simple vocación cinéfila.

El festival Rizoma y la Lógica Difusa. Única certeza: no te lo puedes perder

Rizoma llega a su quinta edición con una programación artística pluridisciplinar, llena de sorpresas y muchos sobresaltos visuales. Un festival que aborda en cada certamen una temática, que en 2017 no podía ser de más actualidad, la lógica difusa, en la que todo es más gris que negro azabache o blanco radiante. Una idea que roza sibilinamente el actual estado de los ‘Alternative facts’, una verdad líquida, maleable al antojo de los políticos de turno y con un tremendo poder de manipulación.    Cuatro películas acompañan esta edición. A Space Program, de y en presencia de Tom Sachs, artista americano que denuncia en sus instalaciones los estragos que la sociedad de consumo actual va creando, al situar su interés en el progreso económico de una minoría, en lugar del conjunto de la sociedad. La película el documento visual de su obra de 2012, Space Program 2.0: Mars, en la que el artista recrea todo un programa espacial casero.Plato fuerte de la programación con la sensación del festival de Sundance, Operación Avalancha, de Matt Johnson, sobre un hecho alternativo: Apollo, la conquista espacial, la guerra fría de 1967 y dos agentes de la CIA que se verán envueltos en una enorme conspiración. Segundo film de este director canadiense que utiliza la técnica del falso documental magistralmente.Denial, de Derek Hallquist y Anoosh Tertzakian, es la contundente sorpresa de la Vª edición de Rizoma. Partiendo del trabajo y la lucha del padre de unos de los directores, David Hallquist, contra el cambio climático originado por la industria eléctrica, el documental se desvía en mitad de su investigación frente a un secreto familiar. No sólo el clima ha cambiado… Fascinante y de una sinceridad arrebatadora.Y por el último, la aportación nacional a esta lógica difusa, el sublime Análisis de sangre azul. No se puede pedir más. Un festival para disfrutar íntegro. Y como siempre, con la fundada afirmación de que si hoy si se desea conocer la menos velada de la realidad, el mejor lugar para ello es, sin lugar a dudas, la gran pantalla del espejo menos deformado de la sociedad, el cine independiente. Buen festival a todos/as

La gran ola, España 2017

Impresionante documental de Fernando Arroyo sobre los tsunamis que afectarán, tarde o temprano, a las costas de la Península. En especial, a las provincias de Huelva y Cádiz, y los pequeños pueblos marítimos de la zona del atlántico, tanto portuguesa como española. Lo imposible, es probable.El cineasta Fernando Arroyo plantea también con su último trabajo una cuestión primordial sobre la función del cine. Una arte que, en la mayoría de los casos, cumple su función de diversión y entretenimiento pero en otros, como con La Gran Ola, intenta ir más allá. La cita de Ernest Renan que abre el documental es toda una declaración de principios: la clave de la educación no es enseñar, es despertar.Finalidad última de este interesante trabajo: la necesaria mentalización entre la población para que adquiera los conocimientos básicos frente a un riesgo que puede ocurrir en cualquier momento, y la “negligencia, miedo o incompetencia”, como muy bien dice uno de los expertos en la materia, de los poderes políticos que prefieren cerrar los ojos (delante de 75 millones de españoles, ¿o eran extranjeros?) porque prefieren no atemorizar a la población.María Belón, una de las supervivientes españolas que inspiró la película Lo imposible, es otra de las participantes en este documental que va desglosando los indicios de los que disponemos para enfrentarnos a la gran ola, los mecanismos que existen para enfrentarse a ella y unas imágenes espectaculares que, en gran pantalla, ofrecen toda la belleza de una costa absolutamente sublime.La gran ola conjuga los necesarios datos técnicos, con un gran sentido de la divulgación, en un documental que juega también con los códigos de una investigación, con un suspense latente. Un largometraje, por desgracia no de ficción, que no sólo debería disfrutarse en las salas de cine sino que encontraría su lugar, a la perfección, también en las escuelas y colegios. Si nuestra generación prefiere cerrar los ojos, dejamos a la siguiente que decida si ellos también quieren continuar ciegos y sordos ante esta situación.

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