Bones of Contention, EE.UU. 2017

En un mundo plagado de imágenes, vertidas desde todos los soportes, tamaños y momentos posibles, pocas tienen la capacidad de impresionar. Y en la mayoría de los casos, se adivina tan claramente su perturbara intención que, avisados de antemano, el efecto es menor. Ocurre lo mismo con las palabras, la verborrea actual que va de los 140 caracteres al formato panfletario de la mayoría de la prensa actual de nuestro país, (incluidos los artículos de supuestos intelectuales que se atreven a criticar expresiones del arte, como el cine o el teatro, confesando desconocer por completo el tema tratado), causa cada día menos impacto. Casi mejor. La inteligente directora y guionista, Andrea Weiss, ha logrado, lo que muchos intentan y pocos consiguen, impresionar con Bones of Contention. Un impactante documental con un magnífico título original, Los huesos de la discordia (casi tanto como la célebre frase de Lorca que servirá para su título en español: Pero que todos sepan que no he muerto), del que todavía no me he conseguido recuperar.120.000 cadáveres de la dictadura franquista enterradas en pozos, cunetas, campos o quién sabe dónde. Una de las víctimas era Federico García Lorca, un artista, dramaturgo y poeta que, por su identidad sexual, era una espina en el corazón del régimen. El artista más universal de la época era homosexual (en un país donde se suponía, como en Irán hace unos años, que este tipo de individuos no existían).Andrea Weiss habla, por primera vez en la gran pantalla, sobre la persecución, asesinato y aniquilación del conjunto de la población LGBTI+. De hecho, que hoy en pleno 2017 sea la primera vez que se trata este tema en este formato, ya es alucinante. Nuestro país es especialista en el silencio. Tras una masacre masiva, y sin lugar a dudas, innumerables delitos contra la humanidad, los políticos españoles decidieron que el silencio era lo mejor. Callar, lo más sensato y pasar página, la única alternativa. Pero lo que olvidaron es que una verdad a tiempo es un hecho, una circunstancia o, simplemente, una constatación, pero una verdad oculta es una bomba que estallará, con mucha más fuerza, cuando más tarde se manifieste.

Solo los movimientos sociales son los que han logrado cambiar algo en nuestro país, ante el generalizado conjunto de políticos incompetentes que nunca han sabido dialogar, escuchar a los otros o intentar afrontar los problemas a tiempo. Las heridas que no se cierran, se gangrenan y es mucho más difícil curarlas.En cualquier otro país, Bones of contention sería reconocido como un documental de utilidad pública, aquí seguro que su distribución no será fácil. Gracias a algunos valientes, en este caso el Festival Internacional de Cine LGBT de Extremadura (de nuevo, la sociedad civil), se podrá disfrutar. En este país de sordos, muchos querrán que también nos quedemos ciegos. Gracias Andrea Weiss y enhorabuena por abrir el diálogo.

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Visages Villages, Francia 2017

Nada mejor que seguir los viajes de los otros cuando los propios han finalizado. Si además los elegidos son Agnès Varda (la cineasta francesa de 90 primaveras que con estos añitos disfruta de una energía, humanismo, inteligencia y humor que ya firmábamos todos, por estar así, con la mitad de su edad) y JR (no el protagonista de Dallas sino el imaginativo fotógrafo que ha inundado los espacios público con sus insólitos y fascinantes montajes, como los descritos en Women are Heroes), el placer de compartir sus aventuras alcanza límites insospechados.Gracias a la hija de la realizadora, Agnès Varda se citó con JR. Entre dos personalidades tan exuberantes y creativas, el feeling no tardó en estallar y desde los primeros encuentros decidieron que iban a realizar juntos un cortometraje. Cada mes, durante tres o cuatro días, iban a recorrer lugares de su país, en busca de los protagonistas anónimos de la vida del común de los mortales, que por lo general, al final suele ser lo más apasionante que pueda uno imaginarse. De ahí el juguetón título de Visages Villages, Caras Pueblos, que en español, para guardar el juego sonoro de las palabras, podría ser Caras Caminos, Rostros Rutas…Una llamativa furgoneta con un larguirucho fotógrafo, que se quita las gafas de sol menos que Almodóvar, y una bajita anciana con el pelo de dos colores, como una versión contemporánea de nuestro Quijote y Sancho, no es una pareja que pase desaperciba.Un dispositivo, tan sencillo en apariencia, parece que no da para mucho pero la inteligencia cinematográfica de Agnès Varda se impone de inmediato y va llenando la narración de detalles y, hasta un suspense, que engancha al espectador. El objetivo de la cineasta es descubrir los ojos del fotógrafo, sobre todo ahora que ella va perdiendo lo vista, poco a poco. Con esa línea narrativa y los encuentros con las personas retratadas, Agnès Varda consigue mucho más cine que la mayoría de grandes producciones con inmensos artistas y años de escritura.Visages Villages es una pura delicia. Con la ternura, sin caer en la exageración, que desborda por sus cuatro costados, la excelente elección de los lugares y protagonistas elegidos, la posibilidad de presenciar todo la movilización que implica un retrato colectivo, la amenazadora presencia del tiempo que sin lugar a dudas borrará la obra… reúne la esencia misma del cine: la imagen, el movimiento y el tiempo. De nuevo, Agnès Varda y JR vuelven a acertar de pleno.

Cita Imprescindible: El Festival de Cine Africano (FCAT) en Cineteca Madrid (22 al 25 de junio)

Algo huele muy sabroso en el continente africano. De la penuria de años bajo regímenes dictatoriales que ignoran la industria del cine al actual hormigueo de nuevos directores, con un talento arrebatador, profundamente cinéfilos y con un exquisito sentido de la narración, el excepcional Festival de Cine Africano de Tarifa ha sido testigo privilegiado, hábil precursor y referente indispensable en nuestra geografía, que por cierto, el próximo año estará de cumpleaños. 15 maravillosas ediciones que no han dejado indiferente a nadie.   Por eso la muestra de una cuidada selección de su última edición en Cineteca Madrid, desde mañana 22 hasta el domingo 25, es un motivo más de orgullo y satisfacción para todos los que no han podido asistir al último festival. Cuatro películas representativas, diferentes y con nombres que, sin lugar a dudas, resuenan o resonarán en los palmarés de los próximos festivales internacionales.    Empezando por el flechado ante la habilidad y el talento del egipcio, Mohamed Siam, con su documental Whose Country? (Balad Meen), que sería un complemento ideal de la joya Clash, de su compatriota, Mohamed Diad. En un país en que no se sabe muy bien quién son los buenos y quiénes los malos, el cineasta intenta comprender el papel de la policía en su país. El 25 de enero de 2011 (curiosamente, día dedicado a las fuerzas del orden en Egipto) estallan las revueltas en el país contra un cuerpo de seguridad corrupto, violento e imprevisible.El cineasta consigue que un policía se confiese (las torturas practicadas, los arrestos arbitrarios y sin motivo alguno, los robos a los delincuentes para traficar y ganar más dinero que su sueldo mensual de 50 dólares). Pero la política en Egipto cambia como el tiempo y la llegada de los Hermanos musulmanes descoloca a todo el mundo. En un condensado metraje que no deja aliento al espectador, Whose Country? está más próximo de los thrillers de suspense de Hitchcock que del habitual documental.Para equilibrar, Mamá Coronel (Maman Colonelle), del congolés Dieudo Hamadi, equilibra una visión sesgada de la realidad. Hay de todo en todos los trabajos. Reconozco que me ha emocionado la fuerza de esta Madre Coraje de la policía de la República del Congo que se dedica a luchar, día a día, por la  protección de menores y contra la violencia sexual. En un país en que la guerra  de los 6 días ha dejado aún abiertas muchas heridas, ver cómo una mujer prefiere que, ante el traslado de Mamá Coronel a otra ciudad, la policía se lleve a su hija de 4 años con ella, antes de que la vuelvan a secuestrar y violar, es otro de los momentos fuertes de la muestra. Sobre todo, ante la habilidad de Dieudo Hamadi para no caer en el drama, e incluso, llevar un mensaje de esperanza.A Kaouther Ben Hania ya la seguíamos muy de cerca desde su brillante Le challat de Tunis, que ha confirmado su talento en la última edición de Cannes con Beauty and the Dogs. El FCAT nos ofrece la oportunidad de ver su segundo trabajo, A Zaineb no le gusta la nieve (Zaineb takrahou ethelj), exquisito, sensible e interesante retrato de un familia tunecina. Zained, una niña de 9 años, va a transformarse complemente en 6 años (lo que ha durado el rodaje de este documental). Tras la muerte de su padre, su madre encontrará y se casará con otro hombre y se irán a vivir a Canadá. Nueva religión, costumbres, amigas, experiencias  en una historia que no tiene nada que envidiar a la mejor ficción.Y para cerrar esta magnífica selección (meditada y equilibrada, como lo son las programaciones en las que se ve una meditada reflexión) los responsables del FCAT han elegido otro retrato de una niña, radicalmente distinto. La casa en el campo (Tigmi n igren), de la brillante cineasta marroquí, Tala Hadid. Las cuatro estaciones en un pueblo del Atlas, en compañía de Khadija y su hermana Fátima (que con 19 y prometida dos años antes se casará ese verano), en una mítica montaña que parece inmovilizada en el tiempo, con su alfombras hechas a mano, su pastoreo y sus ancestrales costumbres, es el broche de oro, con una espectacular fotografía, para acabar esta muestra que debería expandirse por el bien de todos. Gracias, y un año por anticipado, feliz cumpleaños, FCAT.

Chavela, EE.UU. 2017

Catherine Gund, ferviente admiradora de la personalidad, presencia y voz, como miles de personas, de la cantante Chavela Vargas, soñaba con entrevistarla desde hace mucho tiempo. En la década de los 90, con el retorno de la inolvidable intérprete de las más desgarradoras rancheras, por fin logró convencerla y, desde las primeras imágenes de este documental, podemos verla grabando a la artista. Años más tarde, en 2012, tras el fallecimiento de Chavela, no pudo evitar volver a ver esas cintas de VHS y decidió que debía realizar este impresionante retrato.Tarea ardua, complicado reto y difícil elección al centrarse en una artista, vanguardista para su época, referencia de millones de mujeres que adivinaron en su actitud lo que realmente quería expresar Chavela, sin expresarlo abiertamente: el género le daba absolutamente igual, ella era Chavela (y como dice a la cámara en un momento, “No lo Olviden”), independientemente de su género y mostrando ante todo y todos que cada cual podía ser como le diese la gana.Resulta fascinante ver las lindas muchachas rancheras de la época, con sus trenzas, sus volantes, sus brazos en jarra moviendo la cintura y su cabecita, frente a Chavela, con su masculino poncho, su mirada desafiante y su seguridad inquebrantable frente a la sociedad machista mexicana.El maravilloso documental de Catherine Gund y Daresha Kyi recorre la vida de la artista desde su nacimiento en Costa Rica en 1919, pasando por su infancia sin amor, su escapada a México, los dorados años 50 de las fiestas interminables de Acapulco, con las míticas estrellas de Hollywood con las que compartió algo más que litros de tequila (Ava Gardner…), el llenazo del Olympia en París y su entierro en 2012, digno de altas autoridades.Un logro de las directoras es haber logrado que, aún con su habitual discreción, Chavela hablase de sus amores, y el añadido de escuchar a las dos partes con la versión personal de estas historias de amor y desamor. Intensas, mágicas y sin límites.Pero sin lugar a dudas, lo más impactante de Chavela es la sinceridad de su narración. Los periodos oscuros no se atajan ni se olvidan, el olvido en el que cayó la artista durante 12 años se analiza y se hace presente con todo el dolor que conlleva, y su extremo alcoholismo se plantea de cara, sin falsos pudores ni aristas redondeadas.Es difícil, muy difícil, realzar un documental sobre una personalidad tan arrebatadora y al límite como Chavela Vargas, pero el tono mesurado y sincero de sus directoras, unas imágenes inéditas que no tienen precio, el desfile de personaje que rodearon a la artista (las imágenes de Frida Kahlo son de ensueño…)  y la magnética presencia de Chavela hacen de este documental, presentado en el festival de Berlín, un verdadero momento de comunión entre el espectador y un referente de la cultura musical del siglo XX y principios del XXI.

La Cazadora de Águilas (The Eagle Huntress) y Sonita, Mongolia e Irán 2016

La visión de ciertas películas produce una euforia inmediata, como en el caso de estas dos producciones tan distanciadas en el espacio físico, y tan próximas en su temática. Si bien los retratos de audaces mujeres que luchan contra un orden establecido que las minusvalora, es más habitual en la pantalla oscura, la fuerza arrebatadora de las protagonistas de estos dos documentales es más impresionante dado que se trata de dos adolescentes, en la frontera de la niñez.Aisholpan, desde sus recién cumplidos 13 años, siempre ha admirado a su padre cuando adiestra águilas imperiales para cazar en las sublimes estepas de Mongolia. Otto Bell, el director de este documental rodado como una ficción, descubrió una foto de la protagonista besando un águila, casi tan grande como ella, supo que tenía que filmar su historia. Y no se equivocó viendo su selección en Sundance y su nominación como mejor documental en los premios de la academia británica de cine.Rodada en dos años para poder captar los grandes momentos de la historia de esta joven amazona, la fotografía de la película combina una espectacular fotografía y un suspense digno de cualquier ficción. La lucha de Aisholpan frente a los patriarcas de su etnia que ven con malos ojos y peores palabras su inquebrantable decisión de dedicarse a una actividad exclusivamente reservada a los hombres, levanta ampollas en su círculo y entusiasmo en la sala de butacas. Una excelente película que debería también visionarse en las aulas.Miles de kilómetros más lejos, Sonita, rozando los 18 años, inmigrante clandestina afgana en Irán, también sueña con cambiar su realidad. De nuevo, la magia de un encuentro inesperado (la directora, Rokhsareh Ghaem Maghami, la encontró gracias a su prima que trabaja en House of Affection, una ONG que recoge a jóvenes y niños de la calle) ha creado uno de los documentales más impactantes del año.           En primer lugar porque durante el rodaje del documental reaparece la madre de la protagonista. La emoción del primer momento se desvanece cuando nos enteramos que su idea es celebrar un matrimonio concertado por 9.000 Euros. Pero también porque Sonita, que escribe e interpreta rap (su clip de Brides fior sale que se encuentra fácilmente en internet es alucinante), recibe una oferta de una escuela americana para aprender a cantar (situación que abre otro tema apasionante, dado que la realizadora del documental deja de lado su papel de testigo y pasa a ser también parte de la historia).Mongolia e Irán, dos países alejados de nuestra cultura, que se disfrutarán en Granada, dado que el excelente Festival Cines del Sur (que cumple sus 10 años) las ha incluido en su mimada y exquisita programación. Dos películas de obligada visión. Feliz cumpleaños, Festival Cines del Sur, y buen festival a todos/as.

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