El Sacrificio del Ciervo Sagrado, Reino Unido 2017

Así como Darren Aronofsky recurría a la Biblia en su intensa y polémica Madre!, la última entrega de Yorgos Lanthimos parte de la mitología griega, para crear su última bomba cinematográfica. Un oscuro título, El Sacrificio del Ciervo Sagrado, en relación directa con la historia de Ifigenia: hija del rey Agamenón (que le gustaba alardear de ser el mejor en todo y, sobre todo, en la caza) y la reina Clitemnestra (otra que también vaya historia… porque su madre, Leda, se acostó el mismo día con Zeus, travestido en cisne, y también con su legítimo esposo, Tíndaro). Una familia que, sin lugar a dudas, tiene problemas en el momento en que surge algún animal.Artemisa, que también tenía muy mal carácter, decidió castigar al chulito de Agamenón, por haber matado a un ciervo en una arboleda sagrada (si es que los cazadores griegos iban como locos), inmovilizando sus barcos, que iban a la guerra de Troya, suprimiendo el viento. El iluminado de siempre, Calcas y su oráculo,  dedujo que para que a Artemisa se le pasase el cabreo, la única solución era sacrificar a Ifigenia que la pobre, en este historia, ni pinchaba ni cortaba.El caso es que no se sabe muy bien qué ocurrió. Algunos, como Esquilo, afirman que Ifigenia pasó a mejor mundo,​ pero otros aseguran que Artemisa, para evitar mala conciencia, la sustituyó por un ciervo y se la llevó lejos como sacerdotisa (mejor opción, sin duda,  pero que tampoco parece un planazo). Y es ese aspecto que centra el interés de Lanthimos, el concepto de sacrificio.No solo narrativa sino también estéticamente el director concibe su película como una tragedia, y al situar la cámara a nivel del techo, muy alta en proporción a la mirada humana, nos propone asistir a esta tragedia desde el punto de vista de los dioses: disfrutamos de las dudas de estos humanos frente a lo irracional, valoramos sus decisiones o nos sorprendemos de sus costumbres más privadas. Incluso esa intervención de corazón, desgarrado, abierto y expuesto, anticipa la decisión, que rompería el corazón a cualquiera, que deberá tomar el protagonista de la película.Lanthimos instaura desde el inicio un ansioso ambiente, con las entrevistas secretas del cirujano protagonista (Colin Farrell que vuelve de nuevo con el cineasta tras The Lobster) y un adolescente (Barry Keoghan, lo mejor de la película, que ya estaba estupendo en Dunkerque). Poco a poco el espectador descubrirá la familia del cirujano, sus hijos y su perfecta esposa (Nicole Kidman, que parece volver a saber elegir los proyectos que le encajan a la perfección)  y el hecho que le había unido en el pasado con ese misterioso joven que, poco a poco, va introduciéndose en su familia.Marca de fábrica del genio griego, Lanthimos nos reserva su escena de catarsis: una de las más potentes del año en curso y que perdura en la memoria, meses después. Unas gotas de cinismo sobre la condición burguesa, una equilibrada dosis de irónico humor familiar (ese amor tan anestesiado…) y su magistral dirección hacen de El Sacrificio del Ciervo Sagrado, otra gran película del director, premiada en Cannes y nominada en los Premios de Cine Europeo (el guión es la baza fuerte de la película). Suspense que se desvelará en solo unos días.

I Am Not A Witch, Reino Unido 2017

El séptimo arte no deja de sorprender. Como una ventana a un mundo en perpetuo movimiento, aunque pienses que ya has visto casi todo lo imaginable en la gran pantalla, siempre acaba por surgir una nueva película que te adentra en una novedosa historia. Una verdadera sorpresa la de I Am Not A Witch, ópera prima de Rungano Nyoni, presentada en el Festival Internacional del Film Independiente de Burdeos, que duplica el asombro en el espectador, al estar basada en la realidad y no tratarse de una imaginada ficción. A partir de las historias que le contaba su abuela, esta cineasta originaria de Zambia (pero que vive en el anglosajón Gales y que, por cierto, me comentó que su abuelo era español), fue creando una insólita narración que, en gran pantalla, se convierte en una de las fábulas más inspiradas y corrosivas sobre la situación de la mujer africana (y, por desgracia, extensible, al resto del mundo).Con una primera imagen espectacular en la que público ya queda hipnotizado: un grupo de mujeres atadas con unos larguísimos lazos para que no vuelen y se escapen, son expuestas y fotografiadas por una horda de turistas, en plena sabana africana, la película guarda muchas sorpresas. Son las brujas de todos los pueblos cercanos, concentradas en un lugar apartado, trabajando gratuitamente para un hombre que les da cierta protección, y sometidas a la ancestral creencia, de que si se escapan se convertirán en cabras.            Curiosamente son mujeres mayores, que no han tenido hijos o viudas, acusadas de brujería (por un método que dista mucho de ser científico y que la cineasta no deja la oportunidad de ridiculizar y mostrar) pero también alguna niña, como la protagonista de la historia (la inmensa mayoría de los actores son no profesionales), encontrada por casualidad, gracias a su marido que le hizo unas fotos para enseñárselas a su mujer, tras un casting sin resultado de casi un millar de niñas.Shula, que no tiene ni 10 años, la acusan de brujería por aparecer de repente en un pueblo sin que nadie la conozca ni sepa de dónde viene, y es enviada, de inmediato, al campo de las brujas. Aunque nos parezca inaudito, la creencia es ellas es tan firme que hasta las autoridades locales las utilizan para descubrir a ladrones o encontrar a un asesino. Un comisario local decide utilizar a Shula en sus investigaciones y la niña, que percibe un interés en la actividad, decide sacar provecho de la situación.I Am Not A Witch es un verdadero regalo visual y una ácida crítica de la superstición actual, la explotación femenina y el abuso generalizado de una sociedad machista pero, en lugar de realizar un panfleto reivindicativo, la sutil realizadora ha preferido una imaginativa película abierta a diversas interpretaciones. Por ello, no es de extrañar que haya sido escogida entre los premios americanos de cine independiente (Spirit Award). Y ya van dos excelentes sorpresas africana este año, tras Inxeba.

Festival de Sevilla, tierra de mujeres: Barbara, Insyriated, Pin Cushion y Un sol Interior

La XIVª edición del Festival de Sevilla presenta, de nuevo, una programación de lujo que comienza mañana y nos hará soñar hasta el próximo 11 de noviembre. Este certamen ha sabido situarse entre los más importantes de Europa (y el mejor escaparate imaginable para cine europeo a nivel internacional), con centenares de películas, estrenos mundiales y una paleta tan amplia de propuestas, que la elección ya se convierte en un puro placer. Una cita imprescindible.Como ya había anticipado el festival de San Sebastián con un palmarés que recogía la importancia y la extrema calidad y perspicacia de la mirada femenina en el cine actual, o la selección oficial de la Seminci con un presencia de cineastas espectacular, el Festival de Sevilla no se queda a la zaga y no faltan los retratos de mujeres valientes, emprendedoras, dinámicas, creativas y luchadoras (puro reflejo de la realidad). Aunque destacar algunas se convierta en un verdadero suplicio de Tántalo, ahí van al menos cuatro que me han impresionado.Barbara, la misteriosa diva francesa de la canción, un mito en su país y la mujer que mejor susurraba al cantar, era un terreno tan resbaladizo como peligroso. Centenares de publicaciones, millones de seguidores y fanáticos adoradores de una monumental artistas que embrujaba al público, hacían de un posible biopic sobre ella, el sueño, y al mismo tiempo, la pesadilla de muchísimos cineastas franceses.El director de este no-biopic, el inteligente Mathieu Amalric, no ha caído en la trampa de rodar lo previsible y se ha lanzado a un verdadero poema visual sobre la creación, el cine y la veneración de los directores por sus musas, las actrices, utilizando como crisol a la cantante francesa.Todo comienza por el retorno de la actriz que va a interpretar Barbara, la joya del cine francesa aún no suficientemente conocida, Jeanne Balibar. Se inicia el rodaje frente a un humilde director, el propio Mathieu Amalric, sobrepasado por la empresa. Ensayos de la actriz sobre los gestos de la cantante, tomas de sus conciertos, un director cada vez más acobardado y una actriz que se funde en su personaje.Una película que mezcla con tal perfección las imágenes de la verdadera Barbara con las Jeanne Balibar (como decía otro célebre cineasta francés, que a su vez, la había retomado de otro director, “toda película, al final, es un documental sobre su propio rodaje’), que por momentos el espectador no llega a distinguir una de la otra.Impactado, conmovido y aterrado es que como deja al espectador, Insyriated, de Philippe Van Leeuw. Un espacio confinado (el apartamento familiar donde la madre, sus hijos, el abuelo, la criada y unos vecinos que se han refugiado con ellos esperan que finalice la guerra en Siria) le es suficiente al cineasta para crear una de las películas más impresionantes del año.    Evidentemente la presencia de la grandísima actriz Hiam Abass (unos de los futuros Premios Donosti más merecidos que el festival de San Sebastián podría otorgar –sólo 22 mujeres de los más de 60 Premios Donosti… grrr – ) aporta, como siempre, toda su riqueza interpretativa. Para mí, una de las actrices que más se ha arriesgado en su carrera, apoyando a jóvenes realizadores, con potentes proyectos y con la imagen de la mujer oriental actual: firme frente a los lobos de la guerra y las tensiones de la religión.Atención talento: Deborah Haywood. Ópera prima de un hada británica, etérea, inspirada y enternecedora. La cineasta comenzó la historia de Pin Cushion (Alfiletero) en 2008, tras un paréntesis, la retomó del 2012 al 2015, con la libertad total de tono que le proporcionó la certeza de que nadie la financiaría. Por suerte, el proyecto vio la luz y ya ha pasado por el Festival Internacional del Film Independiente de Burdeos (FIFIB) y ahora llega a Sevilla.Una historia de acoso en la escuela de una jovencita que acaba de instalarse en una nueva ciudad. Recién llegada con su madre, otro personaje de alto voltaje, la película se presenta como un frágil cuento de muñecas que concluye con uno de los mejores finales del año. Destellos de maestría en la puesta en escena y un tono melancólico para esta pareja de mujeres que intentan por todo los medios integrarse en una cruel sociedad.Como comentaba la directora frente a eso acoso social de la madre y de su hija, “cuando era adolescente sabes que esa situación en algún momento  finalizará, el problema es que, cuando la sufres de mayor, tienes la total seguridad de que nunca acabará”. Sería una pena perderse esta joyita en bruto.Debo reconocer que cuando se escribe sobre cine se tiende a exagerar un poquito sobre las características de las películas para poder resaltarlas y sacarlas de la inmensa oferta semanal. Muchísimos compañeros franceses han calificado Un sol interior, como la primera comedia de Claire Denis. Un poco excesivo. La película es una excelente farsa y un inspirado sainete pero de ahí a comedia tronchante existe una gran distancia.      Comparto la opinión del interesante cambio de tono en la filmografía de una cineasta tan importante como Claire Denis. Un sol interior, las desventuras de una mujer maravillosa rodeada del género masculino más perdido de la historia de la humanidad, le brinda a Juliette Binoche uno de los mejores papeles de su carrera. Resplandeciente, tristemente divertida y sensualmente hipnótica, la gran actriz enamora la cámara, una vez más.Esta historia se inspira del libro, Fragments d’un discours amoureux, de Roland Barthes, pero como al final no se llegó a un acuerdo con los derechos de autor, inspirándose en ella y con la ayuda de la escritora Christine Angot, escribieron Gafas Negras (título inicial) que se convirtió en Un gran sol interior cuando vieron la escena con la que el inmenso Gérard Depardieu cierra el film. Otro gran momento del festival.El Festival de Sevilla ha logrado hasta cambiar los dichos populares. Ya no es que la lluvia sea una pura maravilla, ahora “el cine en Sevilla es una pura maravilla” durante su festival. Lo seguiremos muy de cerca. Buen certamen a todos/as.

 

The Party, Reino Unido 2017

Llega a la Sección Oficial de la Seminci, tras su paso por el último festival de Berlín, una de las comedias más negras, y mejor escritas, de 2017. La pluma afilada de la cineasta Sally Potter no deja títere con cabeza en esta película, en la más pura tradición del Free Cinema británico de los años 60 (Lorenza Mazetti, Lindsay Anderson, Karel Reisz o Tony Richardson).The Party es la cena que ha preparado Janet, que acaba de lograr el sueño de su vida (ser Ministra de Sanidad), a sus amigos. Un fiestuqui prometedor que se convierte en un duelo sin límites y en un arreglo de cuentas entre los distintos invitados. Los comensales no pueden ser mejor, empezando por su protagonista, Kristin Scott Thomas, su marido, el actorazo donde los haya, Timothy Spall, su amiga, Patricia Clarkson (cada día mejor), Cherry Jones, Emily Mortimer, Bruno Ganz y Cillian Murphy.Filmada en blanco y negro, en un solo espacio (la casa de la anfitriona, en especial, su salón, el baño, el jardín y la cocina) y en tiempo real: The Party es la perfecta comedia británica, tal difícil de realizar, tan veces imitada y tan pocas, conseguida. Carcajadas aseguradas (y muchas sonrisas) en un guión endiabladamente malicioso que muestra la doble moral, pública y política, de sus protagonistas.Bajo su aparente sencillez, The Party es un gran momento de cine, rodada prácticamente con sólo cámara en mano y con una inteligente dirección de escena (por momentos algo teatral) que utiliza a la perfección el espacio (como el sillón del salón del anfitrión de la casa que se convierte en el punto de encuentro sobre el que giran el resto de los personajes).Su perfecto sentido del tiempo –tan importante en el género que utiliza- impide caer a la directora en la tentación de alargar su duración para obtener el canon de los 90-105 minutos del estándar de cine actual (de memoria, la película dura unos 70 minutos). Y qué diálogos: sólidos, cínicos, hirientes y, sobre todo, muy divertidos, con esa particular flema británica que ha dado la merecida fama a la comedia del país.

 

Free Fire, Llega de noche (It Comes at Night), Regreso a Montauk (Rückkehr nach Montauk) y The Wall

La cartelera va a estar de lo más emocionante con estos cuatro directores que han decidido jugar con los géneros tradicionales y darles un toque personal. Aunque parezcan distantes en sus temáticas, las cuatro películas, en la más pura vena del cine de autor actual, muestran en logrados ejercicios de estilo una visión pesimista del mundo con un individuo, cada vez, más aislado y encerrado en sí mismo.Al modo más azabache del cine negro: el británico Ben Wheatley traslada a los años 70 este thriller descocado, Free Fire, sobre una compraventa de armas para un futuro atraco, entre unos criminales, estilosos y catetos, con casi un único lugar de acción: una fábrica abandonada en unos muelles de Brighton. Desbordante de humor, con inspiradas persecuciones en sólo tres metros, y más tiros y fuego que en las Fallas de Valencia, la película encantará a los fieles seguidores de Tarantino, Peckinpah y Monty Python. Moraleja: no te fíes de tus compañeros de “trabajo”.Al más puro intenso estilo melodrama: tras toda una serie de películas históricas, el alemán Volker Schlöndorff, de la mano del escritor Colm Tóibín, se traslada a la gran manzana para contar el rencuentro entre un exitoso escritor y una de sus antiguas amantes. Al ser  Nina Hoss y Stellan Skarsgård las protagonistas, ya se anuncia el color de la profunda desesperación sentimental que arropa este Regreso a Montauk (lugar que en amerindio significa el final de las tierras), con sus protagonistas encerrados en un espacio mental, el pasado. Para todos los que disfrutan con las películas de Max Ophüls y los libros de Stefan Zweig. Moraleja: no te fíes de los recuerdos.En el más intenso suspense de la guerra: Doug Liman se crece con cada película (de hecho, Al filo de la guerra, ya era una excepcional vuelta de tuerca al cine de ciencia ficción), con The Wall presenta un impecable ejercicio de estilo que consigue encerrar a su protagonista, en pleno desierto, frente a un francotirador iraní con sólo un muro de por medio. Con sólo un actor (Aaron Taylor-Johnson) y medio, Doug Liman arremete contra la ineficacia de las intervenciones militares en tierra extranjera y la perversidad de sus consecuencias. Moraleja: no te fíes de tu gobierno.Y en el más inspirado y brillante generó del terror, la gran sorpresa de la segunda película del guionista y director americano, Trey Edward Shults, Llega de noche. Si ya en su debut Krisha se abordaba el tema de la familia, en Llega de noche, lo borda. Bajo la apariencia de un film de epidemia que ha aislado en su granja a una familia, Trey Edward Shults radiografía, en realidad, a toda la sociedad de su país. En un creciente impulso paranoia que hace sospechar de todo el mundo y una violencia desatada, la película es una verdadera joyita del cine de terror. En esa granja tendrán que convivir dos familias, expuestas al exterior (un horror que existe pero que en ningún momento se hace presente) y un interior bajo permanente tensión (que tampoco es mejor). Moraleja: salvo de tu familia, no te fíes de nadie.

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