Apprentice y Harmonium, Singapur y Japón 2016

El cine asiático no deja de sorprender y arriesgar. Si la estrella de los últimos años ha sido, sin lugar a dudas, la filmografía de Corea del Sur, no debemos olvidar otros países, como Japón y Singapur, que prologan la gran tradición de un cierto cine de la crueldad, en la que se incluyen escenas que rozan el género fantástico y, como en estos dos excelentes films, la venganza tiene un papel preponderante.El realizador Boo Junfeng presentó en Cannes su segunda película, Apprentice, siete años después de su ópera prima, Sandcastle, que también se paseó con éxito por el festival francés. El tema, extremadamente delicado, la documentación necesaria para abordarlo y la elección del punto de vista para tratar la pena de muerte, han justificado tantos años de espera.Aiman es un joven oficial de seguridad, en una prisisón con un fluido corredor de la muerte, inexperto y fascinado por el trabajo del responsable del último paso de los condenados a muerte hacia el más allá, un veterano de la prisión a punto de jubilarse. La empatía entre ellos va asentándose poco a poco y Aiman va aprendiendo los secretos de un oficio poco habitual.Boo Junfeng brilla en el arte de imponer un sugerente suspense en sus historias. De inmediato el especatdor percibe una grieta en el carácter del oficial novato, un interés exagerado por las labores que todo el personal de la prisión huye y unas relaciones con su hermana que presagían que su trabajo en el corredo de la muerte no es pura coincidencia.Tan habil en su narración como en la descripción de un trabajo, silenciado intencionamente, Boo Junfeng presenta una película que plantéa, sin imponer tesis ni dar lecciones, una interesamte reflexión sobre la pena de muerte, bajo la, no tan inofensiva forma, de brillante suspense familiar.Al igual que Koji Fukada, el director de Harmonium, la familia es fuente de satisfacciones y frustraciones, y el explosivo centro de una intensa, enigmática y sorprendente película. Brillantemente dividida en dos partes, Harmonium es una caja de sorpresas continua.La llegada de un inesperado antiguo amigo agita la estructurada vida de una pareja y su hija. Una buena mañana se presenta en el taller de mecánica de Toshio, impecable vestido de pantalón negro y camisa blanca, un conocido del protagonista. Sin avisar a su esposa, Toshio decide proponerle que se quede en su casa. La inicial reticencia de su esposa se va transformando en un naciente interés y una disimulada admiración, en la que tiene mucho que ver las clases de piano que el desconocido da a su hija para preparar su actuación, la fiesta de fin de año en el colegio.   Por momentos, próxima a Teorema de Pier Paolo Pasolini, estas clases de harmonium no aportarán armonía alguna a esta ordenada familia. La segunda parte es diabólicamente intensa. Un aconteciento inesperado hace resurgir la verdadera relación entre estos dos hombre y los fantasmas del pasado (metafóricamente) tan presentes en el cine japonés, se convierten en una pesadilla muy real.Dos propuestas que el buen gusto habitual del barcelonés festival D’A no ha dejado escapar. Dos películas que inician una sólida y serena narración y que bifurcan, en medio del camino, hacia los más oscuros terrenos del pasado. Y otros dos momentos, muy fuertes, en una exquisita programación del certamen que se ha convertido en cita imprescindible del mejor cine de autor actual. Buen festival a todos/as.

Diamond Island, Camboya 2016

Qué placer sentir renacer la cinematografía de un país. Camboya que, entre 1960 y 1975 había producido más de 400 películas, desde que el grupo guerrillero de los Jemeres rojos tomó Nom Pen en 1975, desapareció del mapa de las grandes pantallas, dado que el dictador Pol Pot declaró a toda la profesión del cine, enemigos del pueblo. Ahí es nada. Hasta ahora lo único que llegaba de Camboya, un territorio que ha sufrido tanto (se habla de tres millones de muertos sólo en este país, en Europa fueron seis millones los judíos exterminados por la dictadura nazi, las cifras dan vértigo) eran los impresionantes documentales de Rithy Panh. El país vuelve a descubrir la magia del cine y ya en 2016 se ha producido 40 largometrajes (sin contar, el casi medio centenar de cortometrajes, con talentos como Neang Kavich, Ines Sothea o Polen Ly… que han arrasado en los festivales internacionales).Davy Chou se ha convertido, sin querer, en la cabeza visible del nuevo cine camboyano. Tras su documental, Le sommeil d’or, en que miraba hacia el pasado para rememorar la importancia del cine de su país, se lanza a la ficción dirigiendo, en esta ocasión, la vista hacia el futuro con la maravillosa Diamond Island.Un enorme proyecto inmobiliario, en una de las islas de la ribera de Phnom Penh, en la que se reproduce la arquitectura europea, barrio de futuros nuevos ricos (al estilo de The World, de Jia Zhangke), donde por el momento acuden por millares jóvenes campesinos para trabajar en la construcción de lo que será la vitrina de la Camboya más moderna y actual.Rodada con actores no profesionales de una naturalidad y presencia impresionante, como Bora, con sus 18 años, que abandona su familia para trabajar en Diamond Island, y que por suerte, encuentra a su hermano que, desde hace ya cinco años, no había dado señales de vida.Atrapado en un mundo miserable que promete un futuro resplandeciente e hipnotizado por la fortuna de su hermano (moto último modelo, amigos americanos que financian sus viajes, rodeado de chicas de los buenos barrios), el protagonista se adentra en un mundo inesperado en lo que todo lo que brilla, no es oro necesariamente.Diamond Island es una impresionante historia sobre esta juventud, nacida en un momento trágico de la historia del país, sin referentes, y que reclama la parte del nuevo pastel, apetitoso y reluciente, que se le expone ante sus ojos, pero lo suficientemente lejano, para que no le sea fácil llegar a probar tal exquisito manjar. Un lógico deseo ante la exhibición del nuevo (y no tan cierto) bienestar.

Big Father, Small Father and Other Stories (Cha v con v), Vietnam 2015

Si en el primer largometraje de Phan Dang Di, el interesante Bi, Don’t Be Afraid (2010), el motivo recurrente y erótico era el agua; en su segundo largo, Big father… (distribuido también en algunos países como Mekong Stories), el líquido elemento se ha solidificado y convertido en barro que se pega al cuerpo y se convierte en una segunda piel. Así ha ocurrido con la maestría e inteligencia visual de su director, Phan Dang Di, hasta el punto de ser seleccionado en la 65ª edición de la Berlinale.Mekong-Stories2Big Father… describe una época de tránsito, el final del siglo pasado y los primeros años del presente, cuando tras 19 años de embargo Clinton decide levantar el embargo a Vietnam, y todo el país se lanza a la carrera occidental de consumir, hacerse rico y creer que todo es posible.Mekong6Vu, el protagonista de la historia comparte un muy humilde apartamento con otros jóvenes. Desde su pueblo hasta Saigón, el cambio ha sido radical y su estudios de fotografía le permiten esconder tras su cámara su naturaleza introvertida y su desarrollada timidez.Mekong4Todo lo contrario de su compañero de piso, Thang, que trapichea con todo lo que puede, trabaja en una discoteca (lo más en esos momento de cambio) o Van, su amiga, que aunque sueña con convertirse en bailarina, por el momento, se conforma con números altamente eróticos, con sus boys en pantalón ajustado de cuero, sobre la pista de baile de la disco de moda.Mekong3La sutileza del cineasta Phan Dang Di consiste en radiografiar el ambiente reinante a la perfección (la vecindad entre cuchitril y rascacielos enfrente, los primeros turistas, las medidas aún presentes del gobierno para que los hombres con hijos practiquen la vasectomía a cambio de una indemnización monetaria, las peleas callejeras, el tráfico de drogas…) y, de repente, con un gesto o una frase desvelar el carácter de sus personajes (la atracción del Vu por su amigo Thang, el pánico de su padre ante la homosexualidad de su hijo, la frustración sexual).Mekong-Stories1Maestro en el arte de la elipsis, Phan Dang Di construye una historia fascinante en la que la noche más moderna y loca en un after repleto de droga se combina con una escapada al pueblo más recóndito, pasando por la misteriosa noche de barro, amor, pasión y deseo (deseado o no), en unas imágenes que Apichatpong Weerasethakul hubiese firmado con gusto. Si con su segundo film el cineasta vietnamita ya ha llegado hasta el festival de Berlín, su tercero promete y mucho.

Don’t Look at Me That Way, Mongolia 2015

Estamos de nuevo de cumpleaños, el REC Festival Internacional de Cinema de Tarragona celebra su 15ª edición, con una programación repleta de sorpresas, en una clara apuesta por las óperas primas más relevantes del año. Un certamen que arriesga y hace ganadores a sus espectadores desde hace tres lustros.   DL4Asumir riesgos no es nada fácil cuando el cinesta es una mujer, su proyecto está lleno de sensualidad y, por si fuera poco, muestra una aproximación a la teoría de género diferente del discurso mayoritario.DL2Uisenma Borchu, fascinante directora, guionista e intérprete principal de Don’t Look at Me That Way, no ha atravesado un camino de rosas para convencer a productores y distribuidores frente a una narración alejada de lo convencional. Sin embargo, la personalidad de la realizadora ha conseguido imponerse y llevar a buen puerto una historia donde se mezclan culturas y géneros cinematográficos.DL1Heidi, que asume tanto su origen mongol como su cultura alemana, es una mujer con las ideas claras y una concepción muy personal de las relaciones personales y los contactos sexuales, se convierte en el objeto de fascinación de su vecina, Iva, que vive con su hija, Sofía.DL3Poco a poco las vecinas se harán haciendo más íntimas, compartiendo a Sofía, con la que Heidi vista a su abuela con frecuencia, intentando establecer cada una por su parte un espacio de entendimiento. La fuerte personalidad de Heidi roza la rigidez y sus comportamientos empujan a Iva a intentar retomar el control de una situación que se escapa de sus manos.DL5La inteligencia de la directora, Uisenma Borchu, en cuanto al montaje, es fascinante. Don’t Look at Me That Way mezcla tiempo distintos e, incluso, posibilidades de futuro, sobre todo, en su escena final que habrá que seguir con suma atención para establecer su realidad o veracidad. Un final abierto en el que los espectadores los que deciden sobre el fin de esta tórrida narración.DL6Un film que aborda la sexualidad sin tapujos en una sensualidad brillantemente fotografiada. Los cuerpos se mezclan mientras que las mentes se separan, las caricias están presentes en un espacio en que los límites no existen.MU3Otra poderosa apuesta del Festival REC que sigue programando unas películas impresionantes que no dejan a nadie indiferente. De hecho,  dos de las mejores del año están en el programa: El hijo de Saúl y Mustang. Buen festival a todos/as y a por los próximos 15 años.

The Raid 2 (Berandal), Indonesia 2014

Nunca segunda partes fueron tan buenas. Y no hablemos de los dragones: ya sea le de la nueva aventura del Detective Dee (La legenda del Dragón de los Mares), un film de Tsui Hark en el que te preguntas continuamente cómo consigue tan buenos, efectivos y poéticos efectos especiales (momento mágico el de los caballos cabalgando en el mar o entrechocándose).DDO en la segunda entrega de Cómo entrenar a tu dragón, con una nueva relectura del pasado reciente de la historia americana –nuestros anteriores dirigentes eran unos brutos sin cerebro, centrados en hacer la guerra (clara alusión a la dinastía Bush); nosotros asumimos nuestros errores pero queremos la paz y nuestro nuevo dirigente es un dragón… negro (alusión, sin lugar a dudas, a Obama, tan evidente que pasa desapercibida, secuela que no duda, incluso, en incluir un episodio shakespeare-freudiano familiar.Como entrenar a tu dragonPero la palma se la lleva la continuación de The raid. La primera ya había sorprendido con una hora y media de intensos combates, buenos planos y coreografías inspiradas. En esta segunda parte, que se convertirá en referencia del género de artes marciales, el resultado es, literal y visualmente, alucinante, con una hora más de metraje que te deja boquiabierto.Raid3El pobre Iko Uwais, intérprete del policía en la primera entrega, cree que, acabado su trabajo, regresará a casa con su mujer e hijo. Error. Dos horas después del final de The Raid se encuentra de nuevo en misión con un programa de asustar: hacerse amigo del hijo de una de las dos bandas que dirigen la ciudad, pasando por la cárcel, por supuesto, y tras conseguirlo, verse en medio de una guerra de su banda contra el clan enemigo de los japoneses malos-malísimos.RaID5Su director Gareth Evans logra escenas míticas de lucha de pencak-silat, como mínimo tres, la del barro en la prisión, la persecución en coche y la escena final, con humor, una utilización de la cámara lenta que quita el hipo, un humor negro que roza el comic, unos personajes sorprendentes (los hermanos mudos con su bate de béisbol y sus martillos en la mano)…Raid2Y aún hay más: litros de sangre en escenas gores no recomendables a los menores de treinta años, unos planos cuidadísimos y hasta referencias al cine de autor más radical, como esa primera escena que recuerda tanto al inicio de rase una en Anatolia… En resumen, lo que prometía en la primera parte, se confirma en esta segunda: Gareth Evans es uno de los mejores directores de cine de acción actual. ¿Cuándo tardará Hollywood en lanzarle un sabroso anzuelo?rAID6No sólo de dramas lituanos vive el cinéfilo y, de sabios, es reconocer que este cineasta produce la misma emoción que las primeras películas de John Woo… y eso son palabras mayores.

A %d blogueros les gusta esto: