Los amores difíciles, España 2011


En 24 horas comienza la propuesta de cine invisible online más excitante y atractiva del momento, Márgenes. Un festival que llena una inexplicable laguna en el panorama de la distribución cinematográfica, miedosilla ella, que deja escapar momentos tan intensos como el que acabo de vivir con el documental de Lucina Gil, Los amores difíciles.

La primera impresión de estos amores particulares es la delicadeza con la que trata la directora a los protagonistas de su historia. Jóvenes y adultos enfrentados a un sueño difícil de concretizar: amores complicados, a lo largo de un verano, que puede que se transformen en realidad o que quizás se marchiten con la llegada de los primeros fríos otoñales. Personas, demasiado humanas, que asumen el riesgo de su aventura sentimental improbable, un futuro dolor o una casi certera decepción.

Lucina Gil encuadra a la perfección a sus personajes en el lugar en que se sitúan sus dramas o alegrías. Desde Vigo hasta Huelva o atravesando fronteras para llegar a Marruecos, la directora completa la personalidad de cada uno de ellos con lo que les aporta su entorno exterior. Una alberca, piscina en verano, que retoma su primitiva función al acabar la estación para regar al pueblo sediento o un playa barrida por el viento (el agua como inspiración utilizado tan sabiamente por los grandes cineasta, Clouzot sería uno de los mejores que ha trabajado esta imagen) o un monasterio que subraya la soledad de su visitante (enmarcada por el arco que se abre ante un sublime paisaje pero que encierra a esa mujer tan desgarradoramente sola), aportan tanto al espectador como los sentimientos que exhiben ante la cámara.

Una separación que impide avanzar, una duda que se ha instalado en la relación de una manera permanente y obsesiva, una apuesta a distancia complicada de vivir plenamente, una irresistible atracción por un actor o un amor imposible por cuestión de edad son algunos de estos amores difíciles. Sin comentarios de narrador, la película intriga, emociona, cuestiona, divierte pero, sobre todo, hipnotiza.

Con un cuento maravilloso que sirve como primer final, los impacientes deberán esperar el final de los títulos de crédito para disfrutar de una de las escenas más impactantes del film, con la protagonista del amor más especial de todos. Este documental se disfruta íntegramente, no sobra ni un segundo, posee un montaje espectacular que ya quisieran muchos cineastas confirmados y, gracias a él, ha visto nacer otro amor. Por fin, uno posible y que promete durar largo tiempo, mi amor sin límites por el talento de Lucina Gil.

Cuando esta noche se entreguen los Goyas no podré evitar pensar que acabo de descubrir a una de sus futuras galardonas (de hecho, no sería su primera vez, Goya al mejor corto documental en 2008) y que Calderón de la Barca tenía toda la razón cuando afirmaba que el amor sin locura, no es amor. Sin duda, una de mis favoritas de la selección oficial del festival Márgenes.

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