On the Ice, EE.UU. 2011


Donde muchos se hubiesen contentado simplemente con exhibir los meandros de una cultura minoritaria, la inuit (propia de los pueblos esquimales de las regiones árticas de Alaska y Groenlandia), Andrew Okpeaha Maclean, el director de esta ópera prima, va mucho más allá. Entre thriller inquieto y western tardío, el director ofrece una visión alejada de los tópicos y se centra en un universo particular que, al fin y al cabo, no se diferencia tanto del nuestro.

Barrow es un pueblecito que se sitúa lejos de todo, a unos 500 kilómetros del círculo polar ártico, y que cuenta como vecinos más próximos diversas variedades de morsas, focas y ballenas y un clima ideal para las bebidas “on the rocks”. Eso sí, tras una noche de tres meses, la irreal aurora boreal, que dura otros 100 días, posee una sublime luz para filmar en película.

Los adolescentes que protagonizan este film, habitantes del lugar y no profesionales, se parecen a los de las películas de Gus Van Sant. Sin nada que hacer, compartiendo bebidas, organizando fiestas para matar el tiempo y sumergidos entre una antigua cultura heredada, de la que no reniegan, y la modernidad en la que han nacido.

Como en cualquier lugar del mundo, estos adolescentes intentan pasar el tiempo como pueden, pero si aquí una ocupación podría ser dar una vuelta al centro comercial, en Barrow consiste en ir de caza para ver si capturan alguna foca (actividad que forma parte de su cultura desde la noche de los tiempos).

Y a partir de este momento una película similar a muchas otras se transforma en algo radicalmente distinto. De los tres amigos que salen de caza, uno de ellos no volverá. Un accidente ha acabado con su vida y los otros dos deciden que sería mejor deshacerse de su cuerpo y decir que lo han perdido de vista.

La enorme extensión de nieve se convierte en un terreno de batida para encontrar el cuerpo. Unos habitantes movilizados, la minúscula sociedad en estado de choque emocional, unas primeras contradicciones y se despiertan las sospechas. Y un inmenso contraste entre un pueblo en estado de investigación, hermético y en el que todos vigilan a sus vecinos, frente al blanco inmaculado y desértico del hielo que les rodea, dota a la película de una gran fuerza visual y narrativa. On the Ice es una estupenda sorpresa que, con toda justicia, ganó el premio al mejor primer film en la última edición de Berlín. Queremos más pero, por favor, la próxima vez que el rodaje sea en Canarias. Las imágenes son tan impresionantes que llegue a pasar frío en el cine.

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