Martha Marcy May Marlene, EE.UU. 2011


¿Cómo puedes situar la realidad cuando te han borrado la capacidad que te permite delimitar sus fronteras? Acostumbrados a los lavados de cerebro permanentes pero, por suerte, en pequeñas dosis, el control de los medios de comunicación, la invasión de la publicidad para crear necesidades inexistentes o el reciente deseo de limitar la libertad en internet (lo que implica la imposición de lo que podemos ver, leer o comentar), la peor pesadilla imaginable es caer en las redes de un lavado mental global que aniquile íntegramente la personalidad individual.

Sean Durkin sabía que tenía un buena historia y no podía dejarla sin agotar sus posibilidades. En 2010 presentó un corto en el Festival de Sundance, Mary Last Seen, que contaba el viaje sorpresa que un joven organiza para su novia. El destino que prometía ser idílico, se transforma en un lugar radicalmente diferente a lo imaginado. Sin embargo, el director tenía la sensación de que no había finalizado con su obsesión. Tras el éxito de su cortometraje, el año pasado volvió a Sundance con su primera película, Martha Marcy May Marlene, repitió y, además, se llevó el premio al mejor director.

Sean Durkin aborda el tema de las sectas de una manera realista, huyendo de los efectos facilones y de la caricatura exagerada. Por eso la película resulta tan inquietante y da tanto miedo. El film transmite una tensión que se derrama sobre el patio de butacas, genera sobresaltos ante la violencia de las situaciones y seduce por su continuo aleteo entre la angustia y la paranoia de su protagonista.

Elizabeth Olsen (que también protagonizará la versión americana de La casa muda) ha podido escapar de una secta y se ha refugiado en la casa de su hermana. El interés y la inteligencia de su guion sitúan la acción en las semanas posteriores a su retorno a una vida libre. Pero, ¿cómo volver a un comportamiento normal, o integrarse en su familia, cuando se ha perdido toda iniciativa personal?

El montaje de la película mezcla situaciones anteriores o recuerdos del pasado con momentos del presente, de tal forma que será el espectador quien decida si algunos miembros de la secta están acosando a la protagonista o si sólo se trata de alucinaciones, fruto de su imaginación aún perturbada por el confinamiento. Una propuesta que juega con la realidad o, en todo caso, con su apariencia en una lograda primera película.

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