Omar m’a tuer, Marruecos 2010


Si existe un género que motive el interés general de los miembros de la Academia de los Oscars, éste sin lugar a dudas es el de la película judicial. Nadie resiste a un buen proceso, con su presunto culpable, una nutrida investigación que, en algunos casos, se desdobla en versión policial o del procurador y la llevada a cabo por el abogado defensor, para conducir la trama a su apoteosis final, la sentencia, que establece por fin la justicia que sustenta todo la estructura social.

Si añadimos el elemento “falso culpable” los espectadores nos situamos, ante un mínimo de talento narrativo, al borde del éxtasis. El sistema no ha funcionado correctamente, el público sabe a ciencia cierta que se va a cometer un error judicial y no entiende cómo el jurado o el juez no ven la inocencia del sufrido inocente, que se enfrenta a una condena injusta y un rechazo social.

Todos los elementos para un buen drama judicial se daban cita en la segunda película como director del excelente actor, Roschdy Zem. En el verano de 1991 una rica viuda aparece salvajemente asesinada en el local técnico de su lujoso chalet. Múltiples navajazos le habían quitado la vida, no sin antes haber conservado las fuerzas para escribir en la puerta y con su propia sangre el nombre de su asesino: Omar.

El nombre correspondía al jardinero, de origen marroquí, que trabajaba para ella desde hacía tiempo. Sin antecedentes penales, de carácter introvertido y reservado, de la noche a la mañana se ve inculpado en un proceso como responsable del asesinato y condenado a 18 años de reclusión.

El crimen hace correr en la década de los 90 tantos litros de tinta en la prensa como debates y polémicas. Años después un periodista, Pierre-Emmanuel Vaugrenard, convencido de su inocencia inicia una investigación y publica una obra que demuestra las múltiples irregularidades del proceso. ¿Por qué no se encontraron rastros de la sangre de la víctima en ninguna de las prendas de Omar? ¿No es extraño que no haya ninguna de sus huellas en el lugar del crimen? ¿Cuál es la causa de la incineración del cuerpo, sólo una semana después, sin una autopsia más elaborada?

Pero sobre todo lo más inexplicable era el mensaje escrito por la víctima, una persona cultivada, cometiendo una falta ortográfica tan evidente. Frase que también da título al film y podría traducirse como “Omar me a matado”.

El director realiza una película con un buen ritmo, un tratamiento diferente de la imagen según se trate del periodista, en planos fijos, o el presunto culpable, con cámara al hombro, y cuenta con una prestación magistral de su protagonista, Sami Bouajila, que impresiona por su presencia y sensibilidad. Un excelente trabajo que ha hecho que, ante la sorpresa generalizada, sea preseleccionada en los Oscars para la categoría de mejor película en habla no inglesa. El suspense será adivinar si se situará en la carrera final, que establecerá la Academia el próximo 24 de enero cuando decida las cinco finalistas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: