Footnote (Hearat Shulayim), Israel 2011


Los académicos americanos han sorprendido al público con su primera selección de las nueve películas de habla extranjera. Un excelente detalle por su parte es incluir la alemana Pina, reconociendo así la importancia que el género documental ha conquistado en los últimos años y un lamentable desperdicio no haber escogido ninguna en español (o en catalán). Una pena pero nos tendremos que conformar con el hecho de que la danesa Superclásico esté rodada parcialmente en Buenos Aires. Algo es algo.

Con Footnote Israel podría conseguir su novena nominación a esta categoría, aunque el país nunca ha logrado el galardón, y su director su segunda nominación tras la excelente Beaufort (Oso de plata al mejor director en la Berlinale 2007). Una carrera de obstáculos que el próximo 24 de enero desvelará las cinco que competirán por el preciado premio. Sin embargo, salvo un ataque generalizado de amnesia entre los votantes, nadie podrá separar a Nader y Simin del tío Oscar.

Las dos últimas películas de Joseph Cedar parecen inspirarse directamente de su biografía, su periodo en la armada como paracaidista en Beaufort, y su experiencia de estudiante en la Yeshiva, una escuela religiosa, en Footnote. Según lo que he leído sobre ella parece que pertenezco a la reducida minoría de espectadores que apreciaron la película.

El mundo de la investigación académica y en este caso el famoso, para los muy iniciados, Departamento de  Talmud de la Universidad Hebraica de Israel, parecía tan poco dado a una comedia con suspense como la receta del huevo frito. Sin embargo la sorpresa que provoca la película viene precisamente de un guion elaborado, muy bien escrito y que conquistó el galardón para esta categoría en la pasada edición de Cannes.

Esta singular familia  de universitarios, dedicados al estudio del Talmud (compendio de los escritos que recogen la tradición oral de la ley hebraica en complemento de la ley escrita, la Torah), la componen el padre, una especie de “enanito gruñón” que no ha recibido en toda ningún reconocimiento público a su labor y que su mayor mérito es haber sido citado en una nota a pie de página en un libro de referencia sobre el tema (de ahí el título del film) y su hijo, estrella del momento de la investigación, cordial y excelente orador.

Estoy seguro de que he perdido muchos de los detalles del humor de la película por desconocer totalmente la cultura judía pero, una vez instalada la trama, en la segunda parte del film disfruté a lo grande. La película desprende una mala baba a cortar con cuchillo y, además, es un excelente análisis de la “fidelidad” paterno-filial.

Cuando por fin el padre “eternamente cabreado” recibe la nominación al Premio de Israel, las relaciones entre padre e hijo van a cambiar radicalmente, e implicará la toma de una complicada decisión  que puede cambiar a la familia para siempre.
La actualidad cinematográfica, invisible, visible y hasta transparente, en estos momentos se parece al maquinista de la General, no me da tiempo a echar madera a la caldera para que el tren avance. A unos días de los Cesars y todavía no he hablado de L’apollonide, Les Adoptées, Louise Wimmer o Let my people go!… Como sabiamente se organizaba Jack el Destripador, “vayamos por partes”. Próxima entrega, otra preseleccionada a los Oscars, Omar m’a tuer.

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