Polisse, Francia 2011


Esta película, una de las más arriesgadas de 2011, planteaba un tema tan delicado, la vida laboral cotidiana de la brigada de protección de menores parisina, que la posibilidad de quedarse corto o pasarse tres pueblos, podía no sólo asustar a los posibles productores sino también ahuyentar masivamente al público de la sala. Sólo una personalidad fuera de serie como la de Maïwenn, que ya contaba en su filmografía con dos películas excelentes, podía llevar a buen puerto una historia así y, además, llevarse el Premio del Jurado de la última edición del Festival de Cannes.

Esta singular aventura comienza por la directora viendo, por azar, un documental a la tele sobre este tema. De carácter inquieto, más bien terremoto, no puede dormir por la noche dado el impacto que le ha producido lo que acaba de ver. En espera impaciente de que la cadena de televisión que lo ha emitido abra sus oficinas, para poder hablar con el encargado de prensa para localizar a sus directores, en su cabeza se confirma la idea de que éste será el tema de su próximo film.

Meses después ya tiene un primer guion, en la columna de la izquierda de las hojas, la jornadas de trabajo de la brigada con rotulador rojo, y en la de la derecha, en negro, la vida privada de los inspectores y policías que se desempeñan este trabajo, que presenta a su productor, justo cuando lo ha acabado, en pleno agosto. Maïwenn es el prototipo de personas que no pueden esperar y, evidentemente, no sale del despacho hasta conseguir la confirmación de que se empezará a buscar la financiación del film lo antes posible.

La directora ha reunido a los mejores actores franceses en una película coral en la que nadie y, al mismo tiempo, todos son protagonistas. Karin Viard, Joey Starr, Marina Foïs, Nicolas Duvauchelle, Karole Rocher, Jérémie Elkaïm, Sandrine Kiberlain, Audrey Lamy o Marcial Di Fonzo Bo, un elenco alucinante en que cada actor está absolutamente soberbio en su interpretación.

Partiendo de una total libertad de escritura que impedía cualquier límite a la imaginación. Maïwenn me confesó que en una de las versiones, los policías deciden realizar un robo y quedarse con el botín al final de la película, lo que evidentemente no ocurre en el film pero demuestra el trabajo creativo que ha servido para crear un guion, serio y grave por momentos, y realmente divertido en otros, en un difícil y perfecto equilibrio entre comedia y drama.

El montaje ha contribuido a perfeccionar el ritmo de la película. Con 150 horas de rodaje, tras tres meses de trabajo, la copia final se ha reducido a dos horas y unos minutos en una progresión dramática que estalla en la escena final. Una de las películas (que en español podría titularse “polisía”, como lo pronunciaría un niño) más sorprendentes de 2011, que espero se estrene cuanto antes, para descubrir una de las presencias más libres e inspiradas del nuevo cine francés.

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