The Artist, Francia 2011


Frente a la necesidad de buscar a cualquier precio la novedad cinematográfica que incite al público a ir corriendo al cine, las últimas soluciones encontradas han sido las técnicas, el 3D, las narrativas, si es posible teñidas de una nota de escándalo, o la creación de campañas de promoción originales, utilizando las redes sociales como vía de contagio. Evidentemente cuando Michel Hazanavicius mostró por primera vez su proyecto, una película muda y en blanco y negro, los productores creyeron que se trataba de una broma y su realización aplazada sin posible remisión.

La sinceridad del proyecto, la credibilidad de sus protagonistas, un toque de locura y, sobre todo, la perseverancia de su director han logrado una de las películas más sorprendentes y bellas de este año. El film aún no se ha estrenado en su país, el próximo 12 de octubre, y ya ha cosechado sus primeros frutos: premio de interpretación masculina en Cannes a Jean Dujardin, premio TCM del público en San Sebastián y próxima exhibición en Sitges.

Un film que es un verdadero homenaje al cine y a su etapa muda (expresión carente de exactitud puesto que hasta 1927 había una orquesta, en muchas ocasiones alguien se encargaba de contar la película, los espectadores hablaban entre ellos, o sea, el periodo menos mudo de la historia del cine).

El protagonista, una estrella del primer cine, que recuerda a Douglas Fairbanks y, sobre todo, al personaje de Max Linder (que Charles Chaplin reconoció como su maestro), ve su fama esfumarse ante la llegada del nuevo cine, al que no sabe ni quiere adaptarse. Por suerte se cruza en su camino una actriz y ferviente admiradora, Bérénice Bejo, que estará ahí para impide su total destrucción. Una historia tan clásica como el séptimo arte pero que acaba por comulgar con el espectador a base de un ritmo perfecto, una partitura magistral, invitados de lujo como John Goodman o James Cromwell, una luz impresionante, Mark Bridges encargado de un suntuoso  vestuario (colaborador habitual de Paul Thomas Anderson), continuos guiños al espectador y un número final de claqué que quita el hipo.

Una sorpresa que tiene todas las posibilidades de sobrepasar las fronteras de su país de origen. El film ha sido comprado para su distribución en medio mundo por la Weinstein Company (TWC), apellido ilustre del cine de los años 90 con Miramax, y dado que es mudo y sus intertítulos en inglés, no sería de extrañar que se colase entre las categorías principales de los Oscars 2012. Como recordatorio la TWC fueron los distribuidores de El discurso del rey. Así pues, la aventura de The artist continuará… en los próximos meses.

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