Los Dos Caballos de Genghis Khan, Mongolia 2009


Tras las exitosas La historia del camello que llora (2003) y El perro mongol (2005), Byambasuren Davaa vuelve con un documental que se inserta en el alma de este país, nos descubre una parte de su impresionante cultura y sus inmensos paisajes, y traslada al espectador con tanto virtuosismo al centro de sus tradiciones, que salimos del cine con la sensación de haber pasado las vacaciones en este territorio tan lejano y desconocido.

Urna Chahar-Tugchi, cantante nacida en lo más recóndito de la Mongolia interior y una estrella de la canción adulada en China, prometió a su abuela conservar un destrozado violín de cabeza de caballo.

Este instrumento, denominado morin khuur, es el emblema de la cultura nómada de este país y cada familia conserva uno que debe transmitir a la próxima generación. Considerado patrimonio inmaterial de la humanidad por la UNESCO, este instrumento y su práctica se encuentra en vías de desaparición.

El violín de Urna ha atravesado la noche de los tiempos con bastantes dificultades. A la agitada historia de su país sólo ha sobrevivido la parte superior del violín y unos versos de la antigua canción, Los dos caballos de Genghis Kahn, grabados en la madera del astil del instrumento. Urna decide visitar la Mongolia del norte para restaurarlo y encontrar la letra de esta canción. Aventura que no será tan fácil como aparenta.

En este fabuloso viaje seguimos a Urna por un inmenso país de una belleza espectacular. Un territorio alucinante con la densidad geográfica más baja de todo el planeta: 1,73 habitantes por kilómetro cuadrado. O sea, como para perderse…

Y en el camino nos encontraremos con un peculiar autobús, una boda en plena estepa, un exótico chamán y toda una galería de personajes que la directora filma con verdadero amor y mucho sentido del humor.

Un documental tan refinado, sensible, risueño y divertido que da ganas de instalarse en el país (pequeño problema, la temperatura varía entre los -40 grados en invierno y los 40 en verano) y extremadamente útil. Jamás hubiese imaginado que esta película me enseñaría cómo enviar un mensaje telefónico en un lugar donde no hay suficiente cobertura. Otra de las ventajas del cine invisible: aprendes una barbaridad.

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