HH, Hitler à Hollywood, Bélgica 2010


El primer thriller sobre el cine europeo en una variante del género, cine dentro del cine, repleto de libertad, creatividad, sentido de humor belga y estrellas internacionales. Micheline Presle y María de Medeiros, interpretándose a sí mismas, reconocidas directoras como Tonie Marshall, intelectuales como el historiador Marc Ferro, célebre autor del mítico Cine e Historia (1976) o el filósofo Jacques Sojcher, padre del director, que interpreta a un coleccionista cinéfilo sordo.

En su tercera película, Frédéric Sojcher no duda en mezclar realidad y ficción en un falso documental que se convierte, a medida que avanza el film, en puro cine negro sobre uno de los episodios más obscuros de la agitada e imprevisible historia de la producción cinematográfica europea.

María de Medeiros se prepara para el rodaje de un documental sobre una estrella del cine francés, Micheline Presle. En su primer encuentro la veterana actriz rememora su pasado y se interroga sobre el paradero  del director de una de sus películas, Luis Aramcheck, tras su misteriosa desaparición en 1946. Intrigada por varios detalles de este lejano recuerdo, María de Medeiros inicia una investigación que le llevará hasta Hitler, sus relaciones con la industria americana del cine y, por supuesto, pondrá en peligro su vida, al acercarse a una tremenda verdad oculta durante todo este tiempo.

La película se ha rodado con una cámara Canon 5D Mark II que capta 30 imágenes por segundo, en lugar de los 24 habituales, y se han trabajo en posproducción unas 100.000 imágenes del film para realzar los colores de la protagonista y darle una mayor presencia. La técnica de la utilización de la luz con las actrices de la época del cine clásico americano ha sido modernizada por el director para sublimar así a la actriz del film, en un divertido homenaje al sistema de estrellas del Hollywood clásico.

Una película inteligente que analiza el poder de seducción del cine frente a las masas, su influencia sobre el comportamiento de la sociedad  y el interés que los dictadores le han prestado a lo largo de su historia como vehículo de propaganda. Un film guerrillero, comprometido sin perder el sentido del humor y que, además, tiene el mérito de recuperar a un misterioso director,  censurado y desaparecido.

Luis Aramcheck en una de sus escasas declaraciones conocidas afirmaba, más o menos,  que “defender el cine europeo no significa remplazar a Hollywood por otra forma de hegemonía. Defender el cine europeo es desear también la emergencia del cine africano, asiático o latinoamericano… No supone estar en contra de Hollywood sino creer en el intercambio y en la emulación cultural de los pueblos libres”. Una declaración de principios, de rabiosa actualidad 60 años después, que el cine invisible firma en su totalidad.

En la actualidad las imágenes que nos bombardean a diario imponen un modo de vida, unas efímeras tendencias, condenadas a desaparecer de antemano tras su oportuno consumo, y hasta una forma concreta de pensamiento y, por tanto, de opinión. Las grandes empresas industriales del cine y de la comunicación comprendieron de inmediato la fuerza de las imágenes, resumido en su eslogan “envía las imágenes, el resto seguirá”. Hoy en día el cine invisible no sólo representa una diversión, más que nunca es una verdadera necesidad.

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