The Prodigies, Francia 2010


Por fin entiendo para qué sirve la técnica 3D. Desde la avalancha Avatar, tanto las salas de cine como los productores, en resumen, toda la industria del cine, se había lanzado desesperadamente a imponernos, lo que normalmente es sinónimo de vendernos, su último grito en tecnología (que, por cierto, tampoco es tan novedoso).

Desde la perspectiva de cinco años de esta locura colectiva, debo reconocer que las películas en 3D, salvo raras excepciones, no me habían aportado nada que no tuviesen las dos dimensiones habituales.

Es cierto que la mayoría de los filmes, anunciados a bombo y platillo, como productos rodados en 3D, en realidad se habían filmado con la técnica de siempre y luego se traspasaban a 3D en estudio. El resultado era, en la mayoría de los casos, más bien decepcionante, y en vez de incrementar las sensaciones del espectador, lo único que aumentaba en realidad era el precio de la entrada.

Cuando dos directores de cine de autor como Wenders y Herzog, también se apuntaron a la moda, empecé a inquietar seriamente. He visto Pina, tanto en 2 como en 3D, y sinceramente, la diferencia se centra más en la luminosidad de la imagen que en su capacidad de transmitir emociones.

Parece que los resultados de esta fiebre no han sido los esperados y que la técnica, como toda nueva tendencia, acabará por limitarse a los proyectos originalmente concebidos para utilizarla como un recurso expresivo más.

Volviendo al inicio de esta larga (espero, al menos, interesante) reflexión sobre 3D, por fin The Prodigies me ha demostrado la utilidad de la citada tecnología con un resultado que, sin duda, puede calificarse de fuera de serie.  Este proyecto comenzó antes del fenómeno Avatar y, desde el inicio, se contó con esta tecnología y la MOCAP (captura del movomiento de actores reales) para dar forma a una de las novelas más alucinantes de los últimos tiempos, La noche de los niños reyes (1981) de Bernard Lenteric.

Con un grafismo radical y una historia salvaje, un experimentado hombre que proviene del universo de los juegos de video, Antoine Charreyron, firma un imaginativo primer film, entre estética de super héroes y manga japonés, con influencias de la pintur americano Edward Hopper, y con un empleo sofisticado de 3D que sorprende al espectador.

Un arriesgado film que analiza muchas de las tendencias y problemas actuales, conectividad entre las máquinas y los seres humanos, pertenencia a una minoría, sentimiento de exclusión, legado de violencia, utilización de la imagen, papel de las multinacionales frente al individuo y la sociedad… y más aún.

Tras esta historia de jóvenes superdotados, que muestran su indignación frente a los maltratos de la sociedad adulta, se ocultan las claves de los desafíos con los que se enfrenta nuestra sociedad actual.

Una magnífica experiencia que espero encuentre su bien merecido público puesto que su apariencia podría hacer huir al espectador adulto, inclinado a pensar que se trata de otra película más destinada al sector adolescente. Sin duda alguna The Prodigies es un film para adultos que anticipa uno de los conceptos, el universo transmedia, que en breve va a acaparar buena parte de la actualidad.

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