Waste Land, Brasil 2010


Jardim Gramacho es uno de los basureros más grandes del mundo, situado a la sombra del Cristo Redentor de la cima del cerro de Corcovado en la ciudad de Río de Janeiro. Esta estatua, de 30 metros de altura, da la espalda a uno de los lugares más peligrosos e insalubres del universo y a los 2000 catadores, otros fuentes los cifran en 5000, que trabajan reciclando 200 toneladas diarias de las 7000 toneladas de basura que llegan cada jornada, para poder subsistir. Un universo pestilente  plagado de desechos, ratas, pájaros, perros, hombres y mujeres que se activan febrilmente cada vez que se vacía un nuevo contenedor.

En este infierno de olor y miseria ha trabajado durante tres años uno de los artistas más cotizados de la escena actual del arte contemporáneo. Viz Muniz, 50 años y originario de un barrio pobre de Sao Paulo, aprovechó una indemnización de su seguro, percibida por una herida de bala cuando era joven, para emigrar a los Estados Unidos y comenzar su carrera artística, primero como escultor, para asentarse en la fotografía más inesperada, desde el chocolate hasta los diamantes.

Este documental de Lucy Walker, que obtuvo una nominación al mejor documental en los Oscar 2010 y diversos premios en varios festivales del mundo (Sundance, Berlin…), relata el desarrollo de este proyecto artístico común, llevado a cabo por el fotógrafo y los trabajadores del Jardim Gramacho (que sólo tiene de jardín el nombre), a ritmo de la música de Moby.

Lo que podría considerarse por algunos como una locura más del arte actual, recuperar la basura para transformarla en fotografía y obtener en una subasta pública una cantidad indecente de dinero (la venta aportó 276.000 dólares que fueron a parar la Cooperativa de Catadores), es un acto más político que artístico. Pero lo más interesante de este documental, real e intenso como la vida misma, es que va descubriendo las relaciones que se van anudando entre estos desheredados de la tierra y el artista y la obra que están creando juntos.

Dejando aparte el rol social que todo artista que se precie debe tener frente a la sociedad que intenta representar en sus creaciones, Viz Muniz se involucra en la vida de estos catadores y del roce nacen amistades, emociones y vivencias que marcarán a todos y a cada uno de los integrantes del proyecto.

Un documental que no deja respirar al espectador, que contiene su aliento ante las espectaculares imágenes, los retratos de estos humildes trabajadores al filo de la navaja de lo soportable y que alza su vuelo, hasta alturas considerables, cuando el equipo artístico, en mitad del proyecto, tras mostrar a estas personas una realidad desconocida para ellos, se plantean la siguiente pregunta, ¿y qué pasará cuando se acabe todo, nosotros nos vayamos y ellos tengan que volver al vertedero?

Jardim Gramacho debe cerrarse en 2012 y varias ONG intentan enseñan a los catadores un nuevo oficio. Este documental, al menos, habrá servido para dar a conocer y sensibilizar al gran público ante esta situación, como es la tendencia última de muchos de los mejores documentales actuales.

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