La Bella Gente, Italia 2009


Tras unos años de letargo, que para muchos han sido una pesadilla, el cine italiano se ha despertado, con una energía renovada, reclamando un puesto importante en la cinematografía mundial, a base de propuestas diferentes, osados directores y magníficas interpretaciones de los actores de la última generación.

En su segundo film Ivano de Matteo plantea, por fin, la cuestión que todos nos llevamos en nuestro interior y nadie se atreva a responder. Frente a las injusticias, desigualdades y miserias que nos rodean ¿hasta dónde llega nuestro supuesto compromiso hacia los demás? ¿Cuál es el límite que no dejaríamos a nadie rebasar?

Una pareja de unos 50 años, bien situada económica y socialmente e interpretados a la perfección por Monica Guerritore y Antonio Catania, trabajan en Roma, ella como psicóloga de un centro de atención a mujeres maltratadas y él como arquitecto, y disfrutan de las vacaciones y fines de semana en su magnífico chalet del campo. Al borde de la carretera que les lleva a la finca, una emigrante de los países del este, una más entre tantas, ofrece sus servicios como prostituta.

La psicóloga, harta de tener que desviar la mirada para acallar su conciencia, decide pasar a la acción y acoger a la joven en su casa del campo. Tras convencer a su marido y a la pobre chica que, en un principio, piensa más en un rapto que en una ayuda desinteresada, la pareja decide que pasará el verano con ellos y cuando llegue el invierno ya verán.

Todo se desarrolla como en un cuento de hadas y la pareja tranquiliza su conciencia, aunque tenga que hacer equilibrios con sus amigos que, por supuesto, no se tragan la versión oficial del pariente lejano. Pero también llega su hijo para pasar unos días con ellos, el extraordinario Elio Germano (premio de interpretación  en Cannes 2010), acompañado de su novia.

Lo inevitable sucede y la solidaridad empieza a flaquear por donde menos podía imaginarse. El compromiso si bien es real también es limitado y el último tercio de la película recuerda los momentos de inspiración más acertados de la historia del cine italiano, y su afición por el análisis de la sociedad y la reflexión sobre las clases que la componen. Un film apasionante y apasionado que invita al debate.

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