Nunca Me Abandones (Never Let Me Go), Reino Unido 2010


Entre los autores de literatura clásica, quizás sean los románticos franceses del siglo XIX, los dueños de la melancolía. Esa felicidad de estar triste, que definía Victor Hugo, ha llenado tantas páginas en blanco, que acaban en un gris invernal de tarde de lluvia, como el conjunto de los sentimientos de pérdida, los sueños frustrados y los infinitos desamores que hemos sufridos los humanos a lo largo de la humanidad. Stendhal decía que la gente propensa a la melancolía era la mejor dotada para el amor y un clásico contemporáneo, el genial Kazuo Ishiguro, escritor británico de origen japonés, lo confirmó en su excelente novela Nunca me abandones (2005).

Mark Romanek ha logrado adaptar brillantemente al cine esta singular novela. Una historia de ciencia-ficción alejada de los cánones habituales del género, en una sutil combinación entre cine fantástico y drama victoriano. Un film basado en la mágica cifra del número tres. Dividida en tres episodios y sus tres lugares: el internado británico de Hailsham, rodado en Ham House (una célebre mansión británica del siglo XVII con la reputación de estar embrujada), una granja de Hertfordshire y un hospital.

 A cada época le corresponderá su color concreto: los años de la infancia, oscuros y tenebrosos, en una mezcla de marrón y verde, colores que se iluminan en el final de la adolescencia transcurrida en la granja y, por fin, el azul y el gris que invaden cada pared de  la clínica en la última parte de la película.

Y tres perfectos protagonistas para esta historia de ciencia ficción que se desarrolla en el pasado, la Inglaterra de los años 90: Carey Mulligan, sensacional descubrimiento de la estupenda Una educación (2009), una de las partes fundamentales de este triángulo amoroso, Keira Knightley, valor seguro del cine actual y el magnífico Andrew Gardfield,  presente en las mejores películas de los últimos dos años, desde Boy A (2009), pasando por The Red Riding Trilogy (2009) o La red  social (2010), y que continúa su carrera, a ritmo seguro, excelentes elecciones y presencia en el cien indie.

Los tres comparten el mismo internado idílico, una educación impecable, unas profesoras devotas y comprensivas y el amor que se instala entre ellos. Pero transcurren los años y tendrán que abandonar el terreno de sus primeros juegos y emociones. Al salir del colegio descubrirán que su futuro será totalmente distinto al que podían esperar. Sólo existe una posibilidad, muy remota e indefinida, de poder cambiar este destino, escrito de antemano desde su nacimiento. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan feliz de salir tan triste del cine.

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