Les femmes du 6 étage, Francia 2010


Las actrices españolas se han lanzado a la conquista del cine francés. Tras una primera oleada con Victoria Abril y Carmen Maura, como vanguardia de una lucha ganada de antemano por un sobrado talento, llega el segundo ataque. En los últimos años, Paz de la Huerta ha trabajado con Gaspar Noé en Enter the void (2009) y Elena Anaya apareció en Mesrine (2008) y A bout portant (2010). Su compañero de reparto, Gilles Lellouche, que veremos próximamente junto a Jude Law, Robert Downey Jr. y Noomi Rapace en la continuación de Sherlock Holmes: A game of shadows (2011), me comentó que Elena Anaya “es una de las mejores actrices de su generación y, es sólo el principio porque vamos a escuchar hablar de ella durante mucho tiempo, es muy inteligente y dotada de un gran talento”.

Pero la cosa no acaba ahí y en la última película de Philippe Le Guay se han introducido en esta particular conquista dos excelentes actrices más, Lola Dueñas, que ya había interpretado un pequeño papel en la magnífica Angèle et Tony (2010) y, sobre todo, Natalia Verbeke, que ha encandilado al público francés con una composición sutil, retenida y generosa al mismo tiempo. Una excelente entrada que augura una prometedora continuación.

El realizador cuenta una historia basada en su propia experiencia personal. En los años 60 obligadas por el régimen franquista miles de mujeres se ven en la necesidad de abandonar su país y refugiarse en Francia. Allí encontrarán trabajo como criadas o sirvientas. La categoría de empleada del hogar todavía no se había creado. Estas mujeres vivían normalmente en el 6º piso de los inmuebles burgueses, las buhardillas, sin agua caliente y con un baño común en el mejor de los casos, que se utilizaban como habitaciones para el servicio.

Natalia Verbeke, excelente desde el principio hasta la última escena, es acogida por su tía, Carmen Maura, y rápidamente entra al servicio de una familia estricta y burguesa. Dos clases sociales radicalmente opuestas, los patrones y las criadas, que empezarán a mezclarse y, como siempre, con el conocimiento llegará la comprensión y hasta el amor. Berta Ojea también interpreta a otra de las criadas de este folclórico inmueble con una gran inspiración.

Aunque la película, presentada fuera de concurso en la Berlinale 2011, está llena de los tópicos que acompañaban la imagen de los españoles de esa época (ruido, tortilla, misa, alegría, paella y todo el resto) el guión transmite una tremenda ternura hacia los personajes, casi como en un cuento en que todo es posible, y las situaciones se desarrollan sin caer en el ridículo. Una comedia con buenos momentos, excelentes reparto y un buen medio para dar a conocer el talento de nuestras excelentes actrices. Olé.

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