Baciami Ancora (Kiss Me Again), Italia 2009


Excelente título para hoy, 14 de febrero. Hace diez años el realizador italiano Gabriele Muccino obtuvo el mayor éxito de su carrera con El último beso (2001), que llegó a tener su propio remake americano contando con Paul Higgis como guionista , y ahora presenta su continuación en Baciami Ancora (2009). Si la primera parte se centraba en los problemas y aventuras de un grupo de treintañeros, el director retoma a los mismos personajes sin perdonarles los 10 años que han transcurrido. Los cuarentones de la película (qué injusta es la lengua española con esta edad) ya no son tan dichosos, han pagado pago sus errores y siguen teniendo las mismas dudas o, quizás, alguna más.

En todo caso, parece que los cuarentones tienen su público. La película ha sido un éxito en Italia, recaudando más de 9 millones de euros, y en Francia ha ocurrido lo mismo con otro film de temática similar, Les petits mouchoirs (Pequeñas mentiras sin importancia) de Guillaume Canet. Este film  ha superado los 5 millones, en este caso, de espectadores y ha permanecido 4 meses en cartelera. Dos obras sobre las posibilidades que ofrece la vida y las mentiras inventadas para protegernos de los demás o de nosotros mismos.

Llegado el momento de hacer un balance vital, el grupo de amigos italianos se enfrenta a un resultado no muy positivo. Los sueños,  que 10 años atrás, parecían realizables se han vuelto imposibles, y la vida se ha complicado en extremo. Frente a un presente no deseado y un futuro incierto, cada uno de los cinco componentes va a optar por una solución distinta: reparar los errores, optar por un cambio radical, luchar para mantener un statu quo (probablemente no el mejor pero, por lo menos, ya conocido), curarse las heridas e intentar sobrevivir o rendirse definitivamente y bajar los brazos.  

Una película que reúne a los mejores actores de la joven generación de actores italianos (léase, cuarentones casi todos) Stefano Accorsi, Vittoria Puccini, Claudio Santamaria, Pierfrancesco Favino, Sabrina Impacciatore o Primo Reggiani en el espléndido decorado de la Ciudad Eterna. Una interesante propuesta, si bien con una duración demasiado extensa (es curioso que también ocurre lo mismo con Les petits mouchoirs).

Algunos de los protagonistas conseguirán su objetivo, otros no. Pese a todo, llegarán a creer en la innegable certeza de que mientras haya vida, la esperanza no desaparece. Sin embargo para alguno de los personajes la cobardía, en alguna ocasión, puede que represente la única defensa con la que cuentan los valientes.

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