Libre échange, Bélgica 2010


Aunque los tiempos que corren no están para muchas bromas, algunos cineastas conservan aún su sentido del humor y se atreven a exprimir el lado absurdo de nuestra existencia. Es más difícil conseguir una buena comedia que un drama convencional. El escritor Mark Twain estaba convencido de que el arma más eficaz de la raza humana era la risa y la sabiduría popular afirma, creo que en un proverbio escocés, que la sonrisa cuesta menos que la electricidad e ilumina mejor. Por eso una comedia sin pretensiones siempre es el ingrediente perfecto de un día nublado.

Serge Gisquière, tras escribir y realizar un cortometraje, ha retomado la escritura y la realización de su primer largometraje, Libre échange. Rodeado de un equipo entusiasta y de un par de actrices excelentes. Carole Bouquet, que arrastra todavía la imagen de mujer fría y distante de su trabajo con Buñuel de hace 30 años, se ha lanzado de inmediato sobre este papel, hambrienta de poder demostrar su vis cómica. A Julie Depardieu, acostumbrada a interpretar ambos registros, su personaje le sienta como un guante y, por el resultado del film, se adivina lo bien que lo han debido pasar todos durante el rodaje. Esta actriz llego a proponer para una escena, especialmente divertida, un micro disfraz de enfermera que ella misma había comprado en Nueva York tiempo atrás. ¿El espectador se preguntará con qué intención Julie Depardieu habría adquirido este vestido en la Gran Manzana?

El estilo de vida de Jocelyne y Marthe es radicalmente distinto y todo en ellas les separa. La primera sueña con tener un marido y un hogar estable, en lugar de su trabajo de acompañante de lujo de los innumerables políticos de Bruselas, que nos aburren con sus discursos vacíos y sus interminables reuniones y que se aburren, ellos mismos, cuando finalizan de aburrir a los demás. Marthe es una maruja que no puede imaginar la existencia de una vida más allá del felpudo de su casa y de los bonos de reducción del supermercado de la esquina. El destino se encargará de reunirlas. Qué tiemble la Comisión Europea.

El realizador parte de un acontecimiento, tristemente conocido, para crear una historia con tintes de crítica socio-política , “el día en que el vestido azul de Monica Lewinski fue presentado ante la Corte Suprema , la bolsa de New York se hundió… Unos intereses económicos colosales se encontraban suspendidos de los labios de una estudiante en prácticas con un encanto aproximativo… ¿Una peripecia a considerar como uno de los hechos más objetivamente ridículos de la Historia? 

Libre échange parte de una premisa sencilla y sin pretensiones. Con unos fabulosos títulos de crédito en animación para abrir el apetito, la película cumple la misión de un trabajo bien realizado para una primera comedia, divertir. Qué ya es mucho, hoy en día. 

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