The Joneses, EE.UU. 2009


Derrick Borte, el director de esta singular película, trabajó durante años en el sector de la publicidad y observó que muchas modelos ganaban sueldos increíbles por consumir o utilizar ciertas marcas en público. Lo que en principio parecía una opción personal se trataba, en realidad, de una serie de contratos que les aportaban en muchas ocasiones más que su verdadero trabajo en la pasarela. Al observar las posibilidades dramáticas de esta circunstancia, decidió llevar al extremo el concepto y escribió el guión de su primera película, que presentó en el Festival de Cine Americano de Deauville.

 

La familia Jones al completo se traslada a un elegante barrio residencial de una pequeña ciudad norteamericana, estilo Wisteria Lane pero más ricos aún, para instalarse, integrarse en la comunidad y disfrutar de su tiempo libre en compañía de sus nuevos amigos. Los vecinos descubren en los Jones a la familia impecable, el sueño americano transformado en realidad, una matrimonio perfecto con una pareja de hijos ideales. Divertidos, inteligentes, sociables, atractivos y, además, equipados con el último grito en todo tipo de productos de consumo: las mejores cremas y joyas en la esposa, el modelo más reciente de coche deportivo en el marido, la ropa y complementos más fashion en la hija y los equipamientos de deporte más novedosos en el hijo.

 

Derrick Borte, primerizo en la industria del cine, consiguió interesar a dos estrellas internacionales del cine, de la talla de Demi Moore y David Duchovny, con este guión tan políticamente incorrecto. La química entre los dos actores funciona a la perfección y sus hijos, Amber Heard (que veremos próximamente en lo último de John Carpenter, The Ward) y Ben Hollingsworth (actor de la serie The beautiful life) no se quedan a la zaga.

 

Pero nada es perfecto y esta familia tampoco. En los primeros minutos de la película se descubre que son un producto de marketing más, no existe ni el matrimonio ni sus hijos, en realidad son simples empleados de una sociedad que les contrata para que sus vecinos compren los productos que ellos utilizan. El sueño americano se ha quedado en lo que es, humo consumista sin un ideal que lo sostenga.

 

Esta primera película de Derrick Borte tiene la virtud de plantear una interesante reflexión sobre los límites del consumo, la deontología de la publicidad y las actuales técnicas de marketing. Tras una excelente primera parte parece que el director se asustó ante los derroteros a los que le llevaba su guión, y decidió introducir y aligerar la segunda parte, con la típica historia de amor entre los protagonistas. Un verdadera pena porque podría haber convertido este interesante film en el Apocalipsis now del mundo del consumo.

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