Chloe, Canadá 2009


Por fin se estrena en España la última obra de director armenio-canadiense, Atom Egoyan. Chloe, presentada en la edición 2009 del Festival Internacional de San Sebastián, cuenta con un reparto de lujo: Julianne Moore, sin duda una de las mejores actrices de los últimos tiempos, Liam Nelson, actor polifacético, y la sorpresa de la película, Amanda Seyfried, conocida por los seguidores de la serie Big love y de la película Mamma mia!

 

El director realiza, por primera vez una adaptación, su versión de un thriller francés de 2003, Natalie (protagonizado en su día por Gérad Depardieu, Fanny Ardant y Emmanuelle Beart). Si la trama no tiene nada de original, una esposa pone a prueba la fidelidad de su marido contratando los servicios de una “acompañante de caballeros”, el tratamiento es inquietante, mórbido y repleto de ecos hitchcockianos.

 

Atom Egoyan lleva una carrera llena de éxitos desde Exótica, El viaje de Felicia o El dulce porvenir, pero desde su película anterior, Adoración, parece que el tema de la falsa apariencia, de la verdad oculta y de la realidad de lo imaginado le obsesiona. Y sus fantasmas se pasean por la película para plantearnos sus cuestiones preferidas, ¿hasta dónde puede llegar una mentira?, ¿hasta dónde nos puede llevar la duda? En esta particular caza al ratón, el autor no duda en mezclar diferentes géneros para añadir picante a la historia y dar relieve a sus personajes.

 

Los actrices han logrado crear una complicidad especial en su interpretación. Amanda Seyfried, lejos de su registro habitual, juega con su ingenuidad y perversión, sin que el espectador logre conocer su verdadero carácter, mientras la cámara de Egoyan persigue a los personajes para convirtiéndonos en espías de este drama burgués con toques de cine negro. El guión, entre reconstitución de la realidad y de lo imaginado por los protagonistas, deja al espectador la libertad de acabar la historia y decidir su verdadero desenlace.    

 

Erotismo filmado con un gusto exquisito, relaciones inesperadas y una sexualidad desinhibida completan un film que no será del gusto de todo el público. No es película para ver en familia pero si en pareja, o mejor solo, porque si comenzamos a dudar de los demás, ¿acabaremos dudando de nosotros mismos? La escena final puede que le dé la respuesta o le haga plantearse la gran pregunta que nos lanza su director, ¿hasta dónde estaría dispuesto a llegar para comprobar la fidelidad de su pareja?

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