La mirada invisible, Argentina 2010


No se puede desear mejor inicio para el Cine Invisible, en la nueva sección de Cine Latino, que con una película titulada La mirada invisible. El argentino Diego Lerman presenta su tercer largometraje, tras su paso por la Quincena de los Realizadores de Cannes, basado en la novela Ciencias Morales de Martín Kohan, autor que aparece citado en el film, en el personaje de un alumno descubierto besando a su novia en el recreo de un singular colegio.

 

La historia no tiene desperdicio. Tras seis años de dictadura argentina, en marzo de 1982, el país comienza a percibir los primeros síntomas de la decadencia del sistema, pero nada de esto traspasa los muros del inamovible Colegio Nacional Buenos Aires, lugar destinado a adoctrinar a los futuros dirigentes del país. En él trabaja María Teresa como responsable del orden y las reglas y con un puesto, que su sólo nombre ya provoca escalofríos, preceptora dependiente del prefecto de disciplina y con una divisa transmitida por su superior, la base de la disciplina es la vigilancia total, el control sin fin del mínimo detalle, en resumen, la mirada invisible.

 

La proeza de La mirada invisible es mostrar, a la perfección, los inflexibles mecanismos de cualquier sistema de represión sin necesidad de salir del recinto del colegio. Analizar brillantemente las desviaciones que el abuso de la autoridad, el supuesto cumplimiento de la obediencia debida o el anhelo de ejecutar las erróneas instrucciones, aún con conocimiento de causa de su inutilidad, basándose sólo en un microcosmos reducido, espacial y temporalmente, al patio y los pasillos del establecimiento de enseñanza durante los recreos.

 

La película se cuenta desde el punto de vista de la protagonista, la excelente Julieta Zylberberg, personaje reprimido y represor al mismo tiempo, que inventará una pesquisa sin base, el hecho de que algunos alumnos puede que fumen en el colegio, creando así la vía de escape a su represión, lo que abrirá la puerta a males peores. El profundo malestar se palpa en todo el film, la inquietud se masca en el ambiente entre alumnos y prefectos y la violencia exterior, que sólo se percibe por los ruidos que llegan de la calle, es tan intensa como la que se sufre en el interior del colegio. María Teresa, sumida a la represión exterior sin cuestionarla, sufrirá las consecuencias de los efectos colaterales que también la represión interna produce en el comportamiento normal de un individuo.

 

Un año después de la historia que cuenta la película, en 1983, y tras el breve hervor nacionalista derivado de la guerra de las Malvinas, el país consiguió acabar con una de las dictaduras más sangrientas y represivas de la historia latinoamericana. Diego Lerman solicitó una autorización para filmar en el Colegio Nacional Buenos Aires, escenario habitual de varios rodajes, tras un año de papeleo y solicitudes, no se lo permitieron.

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