Vivir para siempre (Ways to live forever), España 2010


Gustavo Ron ha decidido llevarle la contrario al gran maestro del cine de suspense y lograr salir airoso. Hitchcock afirmaba que “para un director es un infierno trabajar con niños, con perros y con  Charles Laughton (no todos opinan lo mismo sobre este actor, Billy Wilder lo adoraba hasta el punto de ponerle por las nubes en su libro de entrevistas con Cameron Crowe). Pero como Gustavo Ron no podía rodar, por razones obvias, con Charles Laughton, en la coproducción hispano-británica y segunda película del director, Vivir para siempre, ha trabajado con adolescentes de 12 y 13 años y, por si ésto no fuese suficiente, ha añadido varios animales de cartón.

Hace falta mucho valor y talento para adaptar a la gran pantalla el libro de Sally Nichols, Esto no es justo, (Ways to live forever es su título original), la historia de un niño de 12 años llamado Sam, enfermo de leucemia, que desea realizar sus sueños antes de morir: beber alcohol, fumar un cigarrillo, volar al espacio y ver las estrellas, besar a una chica, ver una película para mayores… antes de morir. Este tema, en manos de muchos, podría haberse convertido en un dramón y una penitencia para el espectador. La sensibilidad y la inteligencia de Gustavo Ron han optado por otro camino, transformar la película en una defensa de la dignidad del enfermo, una bofetada de humor a la ridícula fatalidad y un maravilloso himno a la vida, en la misma línea que Tom Ford en A single man (título difícilmente traducible al español por el juego de palabras entre “soltero” y “singular”).

El director ha creado un universo especial mezclando tres métodos que equilibran el resultado final y aportan frescura a un asunto muy delicado. En primer lugar, la utilización de palabras o frases impresas sobre la película que nos muestra la caligrafía de Sam (su creación artística y, al mismo tiempo, la referencia al universo literario del que proviene la historia) y que se materializan, al final de la historia, sobre un muro real con un grafiti de la frase “Esto no es justo”. Por otra parte, el mundo imaginario del protagonista, cobra vida a través del teatro de cartón que tiene en su dormitorio, por medio de secuencias de animación perfectamente conseguidas y llenas de imaginación. Y sobre todo por una contenida dirección de los actores adultos que expresan sus sentimientos siempre al filo de la navaja, por lo dramática de la situación, pero sin pasarse y los jóvenes protagonistas, en especial Robbie Kay y Ella Purnell, que están perfectos.

Gustavo Ron ha conseguido demostrar que la verdadera muerte es el olvido y que, ademas, se puede llevar la contraria a Hitchcock. Muy pocos cineastas se han atrevido a tanto con únicamente dos películas en su haber y, aunque sólo sea por este motivo, todos los amantes del cine deberíamos ir a ver Vivir para siempre.

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