The town. Ciudad de ladrones, EE.UU. 2010


En 1997 dos jovenzuelos revolucionaron el panorama del cine comercial con el guión (Premio Óscar incluido) y la interpretación de la película dirigida por Gus Van Sant, El indomable Will Hunting. Matt Damon y Ben Affleck se comieron toda la tarta cinematográfica de ese año con nueve nominaciones. Y al ser dos, las apuestas comenzaron sobre las posibilidades de las nuevas estrellas: la inmensa mayoría escogió a Ben Affleck como la futura promesa del cine. Transcurridos los años quien ha alcanzado el estrellato ha sido Matt Damon con su rigor y profesionalidad mientras que su amigo Ben Affleck, tras múltiples errores de elección en su carrera, había desaparecido casi por completo. 

 

Pero así como el fénix puede renacer de sus cenizas, Ben Affleck lo hizo en 2007 dirigiendo una excelente adaptación de Adiós pequeña, adiós, novela del genio actual de la novela negra americana, Dennis Lehane, que ya ha visto en la gran pantalla otras dos obras suyas, Mystic River y Shutter Island. Esta vez ha optado por adaptar otro gran éxito editorial de Chuck Hogan, que acaba de publicar una novela a cuatro manos con Guillermo del Toro, pero la localización sigue siendo la misma, Boston, ciudad donde pasó gran parte de su infancia y adolescencia.

 

Charlestown, un barrio de Boston, es conocido por lucir el récord mundial de robos de bancos y furgones por kilómetro cuadrado. Y por supuesto Doug, protagonista encarnado por el actor y director, es uno de los que mantiene en vigor el citado récord. En uno de sus asaltos se ven obligados a secuestrar a la directora del establecimiento y, aunque la dejan en libertad más tarde, Doug se aproxima a ella para saber si les ha reconocido. A partir de sus encuentros se inicio un síndrome de Estocolmo inverso y el ladrón acaba enamorándose. Rebecca Hall, que ya vimos en Vicky Cristina Barcelona de Woody Allen, borda su papel. 

 

Si bien el argumento no es lo más interesante ni novedoso de la historia del cine, The Town tiene la virtud de poseer un ritmo perfecto, unas interpretaciones ajustadas, una cámara que se adapta tanto a las escenas de acción como a las más intimistas y una parte final que convence por su equilibrio y lógica. Uno de los aspectos más trabajados de la película es los acentos que los interpretes han utilizado, por lo que su visión en versión original aumenta el placer de este buen trabajo cinematográfico. Ben Affleck seguirá dando que hablar. 

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