Illégal, Bélgica 2010


Hay algunas películas, muy pocas en realidad, que son tan necesarias como el aire que respiramos. Es el tipo de cine que se pega a la piel, al cuerpo y a la mente al mismo tiempo y, muchas horas después de haberlo visto, aún piensas en él. Un ejemplo perfecto de este tipo de magia es Illégal, escrito y dirigido por el belga Olivier Masset-Depasse, que obtuvo el premio SACD en la Quincena de Realizadores de la última edición del Festival de Cannes.

Si fuese una película de ciencia ficción el argumento podría ser el siguiente: Eva vive con su hijo Abel en Saturno. Este planeta ha llegado a tal nivel de corrupción y violencia que le resulta un lugar intolerable para educar a su hijo. Por ello decide viajar a Marte, habitado por su misma especie, donde encuentra trabajo, convive pacíficamente con sus vecinos y saca adelante a su hijo en la tranquilidad de su nuevo hogar. Pero por una absurda casualidad, en su nuevo destino descubren que Eva no posee la ficha del código genético del planeta y deciden separarla de su hijo, aislarla del resto del planeta y torturarla hasta que no resista más y pida que le envíen de vuelta a su planeta de origen. 

Ante este situación todos estaríamos de acuerdo ante la injusticia y falta de humanidad de los marcianos pero esta película, por desgracia, no es de ciencia ficción, es prácticamente un documental: el vía crucis de una inmigrante rusa en Bélgica, sin historia ni problemas, y que de la noche a la mañana se ve tratada como una criminal. Anne Coesens interpreta de manera magistral a Tania, la protagonista, en un delicado equilibrio entre la sensibilidad frente a su hijo y la dureza que la situación requiere.

En estos tiempos en que las políticas de inmigración de todos los países se han endurecido por el miedo generado por la crisis económica, el film muestra lo surrealista de la situación. Las autoridades deben expulsar a los inmigrantes pero sólo si éstos están de acuerdo. Y para ello se han creado unos nuevos espacios que recuerdan por su nombre y funcionamiento, otros no muy lejanos en el pasado, llenos de infamia y de triste memoria, los centros de detención, de internamiento…

La cámara al hombro en Illégal comienza a filmar muy inquieta, los planos se cuadran tras cortinas o paredes y asistimos a la primera parte, la correspondiente al año 2000, como vigilantes más que espectadores. Luego se va calmando, al llegar a la historia que se desarrolla en 2008, con planos más fijos y como si hubiese perdido su fuerza frente a las absurdidades del sistema. Por cierto hay un detalle del film que no debemos olvidar , Illégal en su idioma original es masculino y la protagonista es femenina. Les dejo a ustedes pensar sobre quién o qué es ilegal.

Hay películas que deberían ser de obligada exhibición, para recordarnos que lo que nos diferencia de otros seres vivos es la humanidad que llevamos dentro. Esta característica nos ha hecho avanzar y sobrevivir frente al resto de los animales, más fuertes y poderosos que nosotros, pero cada día envolvemos nuestra humanidad con más y más capas: económicas, sociales, jurídicas, de nacionalidades, de religiones… hasta un instante en que por tanto protegerla, acabamos asfixiándola. Esta película que te obliga a contener el aliento desde la primera escena también representa una gran bocanada de aire fresco. Un cine invisible que hace visible lo que queda de nuestra humanidad.

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