Humaznyj soldat, Rusia 2008


¿La vida de un hombre es más importante que el progreso que puede aportar a la humanidad? ¿La conquista del espacio es un verdadero progreso para el hombre? Estas dos preguntas persiguen, día y noche, a los actores de esta película rusa, Soldado de papel, que arrasó en la edición de 2008 del Festival de Venecia llevándose dos premios, el León de Plata a su director, Alexei Guerman Jr, y el Osella a la mejor dirección de fotografía.

La acción se centra en las estepas de Kazajstán seis semanas antes del lanzamiento, el 12 de abril de 1961, de la primera patrulla espacial pilotada por un hombre. Hasta entonces los únicos seres vivos en los ensayos eran animales y, de ahí, el apodo de los astronautas, Laika, que era el nombre de un perro enviado al espacio años antes. Pero la película no tiene como protagonista al héroe histórico, Yuri Gagarin, sino a un miembro del equipo médico del ejercito, Daniel Pokrovsky, que controlaba la salud y el entrenamiento de los astronautas.

La película transcurre en tres localizaciones bien diferentes: la capital del país donde el doctor comparte sus inquietudes con su mujer, Vera, positivista convencida de la labor y del éxito de la misión y en lucha constante contra la locura en la que su marido va adentrándose. La dacha donde se reunen con sus amigos, la “intelligentsia” del país sumida en constantes discursiones, en el más puro estilo de “Los veraneantes” de Máximo Gorki o Chéjov. Y el lugar de lanzamiento de la nave, una tierra de nadie que acabe de finalizar la época staliniana y aún conserva sus cicatrices. Una estepa espléndidamente fotografiada, y con mérito premiada en el Festival de Venecia, en la que no existe diferencia entre el blanco del cielo y del suelo, un terreno con tanta concentración salina que los coches sólo funcionaban durante tres o cuatro días.

Esta cuenta atrás de seis semanas comienza con un fracaso, la nave que regresa se ha incendiado. Menos mal que en su interior no viajaba ningún astronauta, pero sólo el hecho de esta posibilidad desencadena la duda y la frustración del protagonista. Si la misión finaliza por un éxito significará la gloria del país y un avance importante para la ciencia o servirá para otros fines. Quizás,  como alguno de sus allegados asegura, se utilizará para lanzar bombas en el futuro, en lugar de astronautas. Si resulta un fracaso, representa la aniquilación instantánea de un hombre, un ser humano que él ha condenado y enviado a la muerte.

La realización adopta una manera original de filmar estos espacios infinitos, la cámara prácticamente no se mueve pero los personajes giran en torno a ella, se agitan, se esconde, reaparecen, bailan en el encuadre al mismo tiempo que discuten, beben y aman. Un vértigo, una danza macabra por momentos, un movimiento sin fin.

Todos conocemos el final de la historia oficial, el éxito de la misión y Gagarin convertido en héroe nacional, pero aquí lo importante es la versión no oficial, la vida o la muerte de este doctor desconocido.

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