Homme au bain, Francia 2010


Esta película levantó pasiones, nunca mejor dicho, en la última edición del Festival de Locarno. Muchos la calificaron como “porno gay amateur” y en los próximos días se presentará en el 15º Festival Internacional de cine lésbico, gay y transexual de Madrid. Todos los ingredientes necesarios para una sana polémica se reunían en el film: Christophe Honoré, cineasta reconocido y con una prometedora carrera, Chiara Mastroianni, excelente actriz de famoso apellido, Dennis Cooper, uno de los más transgresores escritores americanos y François Sagat, mítico actor porno gay.

El realizador recibió una solicitud de la ciudad de las afueras de París, Gennevilliers, para realizar una película cuando estaba en plena promoción en Nueva York de su última trabajo, Non ma fille, tu n’iras pas danser, junto a una de sus actrices fetiches, Chiara Mastroianni e imaginó un relato en forma de cuento que hablese del amor, de la ausencia y del sexo. Por esta circunstancia la película se compone de dos partes: el protagonista, Omar, vive en una barriada de viviendas sociales, y antes de partir a Nueva York para rodar un documental sobre la promoción de una película, Emmanuel, su compañero, le hace el amor violentamente y sin su consentimiento. Asustado e inquieto, Omar le pide a Emmanuel que se vaya de su casa, antes de que él regrese de su viaje a América.

Y así seguimos las aventuras de François Sagat en París, este Homme au bain, que acumula los encuentros sexuales para olvidar la ausencia de su compañero y el fin de su relación, al mismo tiempo que intenta buscarse la vida y obtener algo de dinero protituyéndose. Dennis Cooper, inquietante en su papel de cliente, protagoniza una escena de una extrema dureza verbal. La concepción del escritor es que somos lo que son nuestros cuerpos y el sexo o la violencia es el último conocimiento posible.

Y por otro lado, Omar sigue a Chiara por las diversas presentaciones de la película en Nueva York, con su “cámara al hombre”, estableciendo una protección entre él y la vida misma. Allí encontrará a un estudiante de cine que le seguirá en sus andanzas por la gran manzana, entre hoteles, calles y cines, hasta el momento en que debe regresar a París y comprobar si Emmanuel se ha ido o no de su apartamento. 

Este cuento, increíblemente ingenuo en su presentación de un barrio en que no existe ningún tipo de homofobia (todos son super compis y se acuestan juntos), tiene el mérito de analizar la atracción masculina irremediable que desprende un hombre (lo habitual y frecuente en el cine es la bomba sexual femenina), y de ahí la referencia al cuadro Homme au bain del pintor impresionista Caillebotte (1848-1894) que, por primera vez o casi en la historia del arte, representaba el cuerpo masculino sin la excusa histórica, mitológica o religiosa.

La sorpresa de la película es François Sagat, actor porno gay, sin duda alguna muy bien dotado, también cinematográficamente hablando y que se está introduciendo en el cine de arte y ensayo poco a poco (ya ha trabajado con Bruce LaBruce). El actor compone un personaje extremo, entre dureza exterior necesaria para defenderse de la continuas proposiciones que recibe, limitado por la generosidad de la naturaleza, introvertido en medio de la euforia sexual (en un momento de la película dice que no está cómodo rodeado de actores) y que, al final, muestra su verdadera cara: un hombre profundamente enamorado. Un hombre al agua más que un Homme au bain.

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