The housemaid, Corea del Sur 2010


Adaptación de un clásico del cine coreano de 1960 de Kim Ki-young, la nueva versión escrita y dirigida por Im Sang-soo participa en la selección oficial del Festival de Sitges 2010, tras pasar por el Festival de Cannes 2010. The housemaid nos cuenta una historia sobre el mantenimiento y obtención del poder, en sus diversas variantes, por el sexo, por el dinero, por la posición social, por el reconocimiento externo, o simplemente, por el poder en sí mismo.

Una joven empleada, Euny, en unos de los infinitos puestos de venta callejera de comida de Seúl asciende de categoría social al ser contratada como sirvienta de una rica familia de la ciudad. Su nuevo empleo le saca de la calle para vivir en un chalet, aislado y protegido del resto de los mortales, donde dependerá de una inquietante y ambiciosa gobernanta (que recuerda por momentos a la mítica e inolvidable ama de llaves de Manderley de Rebeca).

En The housemaid la dueña de la casa,  una joven belleza embarazada, pasa el día esperando el regreso de su marido, adinerado hombre de negocios, para compartir con él las escasas horas del día que le dejan libre sus ocupaciones. Euny se ocupa de la niña de los señores (perfectamente adiestrada para mostrarse afable con el servicio y así mostrar su superioridad), sirve la comida, limpia la inmensa casa y ejecuta el resto de sus labores.

Pero lo inevitable se produce y Hoon, el dueño y señor de todo lo que contiene la mansión, acaba seduciéndola. A partir de ese momento la verticalidad de las relaciones señores-criada se tuerce (magnífico plano inclinado desde el salón de música para mostrar que la relación sexual se ha convertido en una simple transacción comercial) y Euny entra en una espiral de la que, le dejamos adivinarlo, saldrá mal parada.

Sin duda alguna, la gobernanta es lo más interesante del quinteto protagonista, puesto que en la mitad de la película aparece la nuera, personaje con menos escrúpulos que Cruela de Vil. Esta moderna ama de llaves duda entre aprovecharse de la situación y obtener una posible ascensión social y ayudar a la inocente sirvienta.

Este drama psicológico, espléndidamente rodado, avanza hasta el terreno fantástico según la historia se acerca al final. En una de las últimas escenas, en el jardín de la mansión se celebra un extraño rito a lo David Lynch, en el que la joven protagonista se transformará en una versión coreana de Marilyn Monroe. Una frágil, triste y rota muñeca de porcelana.

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